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Es totalmente necesario el encontrar fórmulas que permitan en un futuro próximo la subsistencia de aquellas personas que no volverán a trabajar debido a la automatización de sus tareas.
Hace unas semanas planteaba en este medio algunos de los riesgos que las nuevas tecnologías están ya introduciendo en nuestro día a día en el artículo “Inteligencia artificial y responsabilidad social corporativa”.
Hoy voy a dedicar este espacio a otro de esos dilemas que vienen derivados de esas tecnologías que en un futuro próximo van a causar que muchísimos millones de personas en todo el planeta se vean obligados a caer en las garras del desempleo quizá por el resto de sus vidas.
Un desempleo en el que pocos piensan porque realmente no se han dado cuenta aún de la amenaza que supone para sus oficios el desarrollo e implantación de nuevas soluciones que barrerán del mapa la necesidad de que un humano esté al mando de una máquina que funcionará por sí sola.
Sin ir más lejos, y con todo el respeto para este colectivo de trabajadores que defienden sus lícitos intereses, me sorprende ver las manifestaciones de taxistas en muchas ciudades de España y el resto del mundo en contra de la intromisión en su sector de empresas como Uber o Cabify (léase “De la innovación a la precariedad laboral del transporte privado”).







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