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¿Cómo se integra la sostenibilidad en los bonus directivos?

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Dejando de lado el debate sobre si los bonus o incentivos anuales en algunas industrias y empresas son excesivos, existe otro debate sobre qué clase de objetivos deberían ponderar esos bonus.

Las malas prácticas que causaron la crisis en la década pasada deberían haber servido de toque de atención para que se implantaran los objetivos de sostenibilidad y responsabilidad social corporativa dentro de los bonus anuales de directivos y ejecutivos principalmente en grandes empresas, pero hasta la fecha parece que es un tema al que aún le queda mucho recorrido por delante y que puede tener diferentes obstáculos que superar.

 

Estado de la vinculación entre bonus de ejecutivos y sostenibilidad.

Todavía hay pocos informes (y los que hay no son del todo recientes y contemplan sobretodo el mercado norteamericano) que estudien la adopción de criterios de sostenibilidad en los bonus de los ejecutivos.

En su artículo “Linking Sustainability Performance to Compensation: A Must for Success”, Anca Novacovici pone de manifiesto que “la tendencia parece apuntar hacia una mayor vinculación entre la sostenibilidad y la compensación, al menos en el nivel ejecutivo. Sin embargo, las empresas todavía no parecen dispuestos a revelar la información completa”.

Novacovici señala que según el informe realizado por la consultora Glass Lewis en 2012 el 42% de las empresas estudiadas vinculaban la remuneración de sus ejecutivos y la sostenibilidad de la empresa, mientras que en 2010 ese porcentaje era del 29%.

Sin embargo, un informe de CERES de 2012 determinó que el 85% de las 600 empresas estudiadas que cotizaban en la bolsa norteamericana no tenían en cuenta los criterios de sostenibilidad en la compensación de sus ejecutivos.

A pesar de que un número creciente de empresas estadounidenses estaban integrando los factores medioambientales, sociales y de gobernanza en sus estructuras de gobierno, sólo el 10% de las empresas del Standard & Poor’s 100 habían incluido la sostenibilidad en sus estructuras de bonificación.

Entre las empresas norteamericanas que destacan por ser de las primeras en definir bonus vinculados al desempeño de la RSC de la empresa podemos mencionar a Intel,  Xcel Energy o Alcoa.

Por lo que respecta a Europa, aún sin informes ni datos empíricos en la mano, podemos decir que ha habido un avance desde hace años gracias a la aceptación gradual de la creciente demanda de rendición de cuentas y responsabilidad hacia el medio ambiente, la comunidad y los empleados, dejando a las empresas estadounidenses a una distancia considerable en la adopción de bonus sostenibles.

No en vano se suele citar a AkzoNobel, DSM, Shell, TNT (empresas europeas y concretamente  holandesas para más señas) como las pioneras mundiales en contemplar la sostenibilidad en los incentivos de sus ejecutivos.

Otros ejemplos de empresas europeas enroladas desde hace tiempo en este tema son Danone y Heineken.

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¿Urbanismo sostenible? La superisla de la discordia.

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La ciudad de Barcelona ha dado un paso más en la implantación del urbanismo sostenible, no exento de problemas y polémicas.

El pasado 5 de septiembre se puso en funcionamiento la primera superilla (en castellano superisla o también supermanzana, urbanísticamente hablando) en el barrio de Poble Nou, un hecho que no ha dejado indiferente prácticamente a nadie.

Su creación prácticamente ha polarizado a los habitantes y usuarios y prestadores de servicios de la zona en dos bandos. Hay unos que están encantados con la medida y la disfrutan y hay quienes padecen sus consecuencias y demandan que la superisla sea reconsiderada o directamente se anule y se vuelva a dejar la zona tal y como estaba.

Qué bando es mayoritario lo desconozco, pero al menos, como pasa casi siempre, los que están en contra son los que más se dejan oír y así se ha podido corroborar en los medios informativos de la ciudad.

Y este es un debate que en un futuro tendrá aún más relevancia a medida que se extiendan esas superislas a otras partes de la ciudad tal y como está programado, comenzando esa expansión en 2017. La de Poble Nou no deja de ser un “proyecto piloto” según el Ayuntamiento.

 

Pero… ¿qué es una superisla?

Según la web del Ayuntamiento de Barcelona dedicada a las Smart Cities, una superisla es “una unidad territorial más pequeña que un barrio pero mayor que una isla o manzana de casas, con calles pacificadas donde se están haciendo actuaciones urbanísticas y medioambientales”.

Se trata de acotar una serie de calles, dentro de las cuales reducir el paso de vehículos a la vez que se transforma la configuración de las mismas, consiguiendo unas zonas más sostenibles desde el punto de vista ambiental y que generen espacios para el disfrute de la ciudadanía y el establecimiento de lo que podríamos llamar “sinergias sociales”.

El Ayuntamiento dice que los objetivos principales de estas transformaciones urbanísticas son, sobre el papel:

  • Conseguir una movilidad más sostenible.
  • Revitalizar el espacio público.
  • Fomentar la biodiversidad y el verde urbano.
  • Fomentar el tejido social y la cohesión.
  • Impulsar la autosuficiencia en el uso de recursos.
  • Integrar los procesos de gobernanza.

Todos estos objetivos son muy loables y deseables, ¿pero se cumplen realmente en la definición y el funcionamiento de la superisla de Poble Nou a día de hoy?

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