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¿Qué es la Taxonomía financiera? Todo lo que debes saber para hablar de sostenibilidad en Europa

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La Comisión Europea dio a conocer el pasado 21 de abril una primera tanda de normas de aplicación de la Taxonomía financiera sostenible de la UE, en la que se detallan los criterios técnicos que deben cumplir las empresas para obtener una etiqueta de inversión verde en Europa.

El objetivo de la Taxonomía es proporcionar definiciones adecuadas a las empresas, los inversores y los responsables políticos sobre las actividades económicas que pueden considerarse ambientalmente sostenibles, o en otras palabras, ofrecer un sistema de criba para que las empresas y los inversores determinen si una actividad económica es “verde” o no.

Mediante su implementación se espera crear seguridad para los inversores, proteger a los inversores privados del greenwashing, ayudar a las empresas a planificar la transición hacia una economía baja en carbono, mitigar la fragmentación del mercado y, finalmente, ayudar a desplazar las inversiones hacia donde más se necesitan. En resumen, la Taxonomía es una pieza clave para para aumentar las inversiones sostenibles y aplicar el Pacto Verde Europeo

Tras varios años en desarrollo, la Taxonomía es bastante extensa y compleja, y todavía no está finalizada en su totalidad. Aún así, ya se han establecido claramente  sus bases y funcionamiento, y las empresas y organizaciones están mostrando interés y atención de cara a su próxima entrada en vigor.   

¿Quiénes y cuándo deben informar en base a la Taxonomía?

El Reglamento de la Taxonomía establece tres grupos de usuarios de la misma:

  • Los participantes en el mercado financiero que ofrecen productos financieros en la UE, incluidos los proveedores de pensiones de jubilación.
  • Las grandes empresas que ya están obligadas a presentar una declaración no financiera en virtud de la Directiva sobre información no financiera.
  • La UE y los Estados miembros, al establecer medidas, normas o etiquetas públicas para los productos financieros verdes o los bonos (corporativos) verdes.

En el caso de los participantes en los mercados financieros, estos tendrán que completar sus primeros informes con respecto a la Taxonomía, cubriendo las actividades que contribuyen sustancialmente dos de sus objetivos medioambientales, como son la mitigación y/o adaptación al cambio climático, antes del 31 de diciembre de 2021. 

Por su parte, las empresas deberán informar en el primer trimestre de 2022 sobre sus actividades relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, y a finales de ese año se exigirá un conjunto ampliado de información que cubra las actividades que contribuyen sustancialmente a los seis objetivos medioambientales

Los criterios técnicos de selección para las actividades que contribuyen sustancialmente al agua, la economía circular, la prevención y el control de la contaminación y la protección de los ecosistemas se publicarán a finales de 2021, y se sumarán a los criterios relativos a mitigación y/o adaptación al cambio climático ya mencionados.

Objetivos medioambientales establecidos en el Reglamento sobre Taxonomía.

Para ser incluida en la Taxonomía, una actividad económica debe contribuir sustancialmente al menos a uno de los seis objetivos ambientales y no causar daños significativos a los otros cinco, además de cumplir con unas garantías sociales mínimas (p.ej. las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales y los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las empresas y los derechos humanos).

Criterios para incluir una actividad económica en la Taxonomía.

Por lo que respecta a la evaluación de la adecuación a la Taxonomía, esta  deberá realizarse por actividad económica y no por sector o industria. Las recomendaciones del Grupo de Expertos Técnicos en Financiación Sostenible (TEG) se estructuran en torno al sistema de clasificación industrial de la NACE (Nomenclatura de Actividades Económicas en la Comunidad Europea) de la UE, y el TEG ha establecido criterios técnicos de selección para las actividades económicas dentro de macro sectores prioritarios. 

Este sistema de clasificación fue seleccionado por su compatibilidad con los marcos estadísticos internacionales y de los Estados miembros de la UE, así como por su amplia cobertura de la economía.

¿Qué es lo que hay que reportar?

Los requisitos en cuanto a información que se debe proporcionar difieren entre las empresas financieras y las no financieras. 

Algunas empresas financieras estarán sujetas al requisito de divulgación de los participantes en el mercado financiero. Todas las empresas sujetas a este requisito deberán incluir una descripción de cómo, y en qué medida, sus actividades están asociadas a las actividades alineadas con la Taxonomía. 

Para las empresas no financieras, la divulgación a proporcionar deberá incluir:

  • La proporción del volumen de negocio alineado con la Taxonomía y que permite a los inversores informar del porcentaje de su fondo invertido en actividades alineadas con la Taxonomía.
  • Las inversiones y, en su caso, los gastos generales alineados con la Taxonomía que dan a los inversores una idea muy clara de la dirección de la empresa, siendo una variable clave para evaluar la credibilidad de su estrategia y ayuda a los inversores a decidir si están de acuerdo con ese enfoque estratégico.

Esta divulgación deberá hacerse como parte de la declaración no financiera, que puede estar ubicada en el informe anual o en un informe de sostenibilidad específico.

El Reglamento sobre la Taxonomía exige a las empresas que faciliten información a nivel de empresa, aunque se pueden hacer otras divulgaciones voluntarias, incluyendo las divulgaciones a nivel de proyecto.

La implementación de la Taxonomía ha de servir como facilitadora del reporting, es decir, debe ayudar a medir el grado de adecuación ambiental futuro de un producto de inversión y a comunicarlo claramente, permitiendo conocer el porcentaje de actividades de una empresas que están alineadas con los objetivos medioambientales de la UE.

Además, también se convierte en una herramienta para la transición hacía una economía baja en carbono al ayudar a los inversores y empresas a planificar e informar sobre su modelo energético y productivo, estableciendo objetivos y hojas de ruta para diferentes actividades económicas.

Una metodología sólida y en evolución

La Taxonomía está basada en un marco conceptual y una metodología sólidos, aunque ha recibido algunas críticas.

Concretamente, aunque la Comisión Europea, con el apoyo del TEG y de la Plataforma de Finanzas Sostenibles, logró un enfoque científico y basado en pruebas para algunos criterios económicos, la propuesta final realizada va en contra, según voces críticas, de las recomendaciones basadas en la ciencia del TEG para las actividades relacionadas con la bioenergía y la silvicultura.

Ante esas críticas, en la presentación en público de la Taxonomía, la Comisaria de Servicios Financieros de la UE, Mairead McGuiness, defendió el enfoque científico de la Comisión sobre la taxonomía, y también insistió en la necesidad de llegar a algunos compromisos al respecto, admitiendo que el diálogo con los Estados miembros de la UE, el Parlamento Europeo y las partes interesadas del sector había sido intenso en relación a esas cuestiones.

Para McGuiness, la taxonomía “es un documento vivo” que “evolucionará con la ciencia y la tecnología”, y señaló que se llevarán a cabo actualizaciones en el reglamento cuando se hagan cambios en las leyes de la UE sobre el clima, la energía y la agricultura.

La Comisión está preparando actualmente una herramienta informática que facilitará el uso de la taxonomía permitiendo a los usuarios navegar de forma sencilla por ella.

Nota: este artículo fue publicado el 24-5-21 en Compromiso Empresarial.

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Se avecinan cambios en el reporte de sostenibilidad

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En el campo de la sostenibilidad vivimos en un continuo cambio, se proponen nuevas iniciativas y en poco tiempo se van cambiando y transformando para que se adapten mejor a la realidad en la que vivimos.

Un ejemplo de ello es la propuesta de Directiva sobre la presentación de informes de sostenibilidad de las empresas (CSRD), que modificaría los actuales requisitos de información en virtud de la Directiva sobre información no financiera (NFRD) y trataría de garantizar que las empresas proporcionen información coherente y comparable sobre sostenibilidad.

Otros ejemplos muy recientes de cambios e iniciativas han sido el Acto Delegado de la UE sobre la taxonomía del clima, cuyo objetivo es identificar las actividades económicas que mejor contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático, y los seis actos delegados sobre deberes fiduciarios, inversiones y asesoramiento en materia de seguros, que persiguen garantizar que las empresas financieras incluyan la sostenibilidad en sus procedimientos y en el asesoramiento sobre inversiones a sus clientes

La taxonomía climática tiene por objeto apoyar las inversiones sostenibles mediante la definición de criterios técnicos de selección para la información exigida por el Reglamento sobre la taxonomía de la UE y, a día de hoy, todavía supone una gran confusión para muchas empresas, pero en este artículo no vamos a entrar en ella y nos vamos a centrar en la Directiva sobre informes de sostenibilidad.

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Gestionar riesgos no financieros sigue siendo una asignatura pendiente.

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La gestión de riesgos es quizá una de las facetas de la responsabilidad social corporativa menos desarrolladas, convirtiéndose en un tema a solucionar con premura en de organizaciones de todos los sectores.

Como cada comienzo de año, el Foro Económico Mundial ha publicado su informe anual sobre riesgos a los que nos enfrentamos como sociedad. Sólo la irrupción en 2020 de la Covid-19, en el puesto nº 4, ha provocado que los riesgos relacionados con el medioambiente no copen el top 5 de riesgos por probabilidad de ocurrencia.

Concretamente, los cinco primeros riesgos a los que se otorga más probabilidad de que ocurran en 2021 son: clima extremo, fracaso de la acción climática, daño ambiental causado por los humanos, enfermedades infecciosas y pérdida de la biodiversidad.

En cuanto a riesgos por severidad de impacto, en el segundo lugar nos encontramos con el fracaso de la acción climática, en el cuarto la pérdida de biodiversidad, y en el quinto las crisis de recursos naturales.

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El reporte de sostenibilidad que marcará 2021.

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En los últimos años, el reporte de información no financiera se ha desarrollado de manera positiva y en el futuro próximo es probable que se produzca una mayor aceleración en su uso debido al surgimiento de varias iniciativas internacionales encaminadas a la convergencia de las normas de presentación de informes.

En la actual coyuntura, ha aumentado el impulso de la fusión de las principales normas de presentación de información no financiera y los inversores también han comenzado a sumarse al debate, mientras que las empresas que presentan informes están expresando su frustración por la falta de normas armonizadaspara la presentación de informes no financieros.

Además, hay otras situaciones que empujan al reporte no financiero a alcanzar mayores cotas de importancia y utilización. Por ejemplo, la Unión Europea está actualizando la Directiva de la UE sobre informes no financieros y está considerando la posibilidad de elaborar normas de información no financiera.

Por su parte, el Foro Económico Mundial ha publicado su documento sobre métricas comunes y presentación de informes coherentes para la creación de valor sostenible, en el que se definen 21 métricas básicas, y las cinco principales organizaciones de informes no financieros (GRI, SASB, IIRC, CDSB y CDP) han publicado una declaración de intenciones, comprometiéndose a trabajar conjuntamente para lograr una información corporativa completa.

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La sostenibilidad y la COVID-19 está cambiando las preferencias de los consumidores.

La creciente preocupación por el cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, la escasez de recursos y el bienestar general de la sociedad hace que los consumidores se planteen serias preguntas sobre la sostenibilidad de las organizaciones de productos de consumo y de venta al por menor. 

Esos comportamientos y valores cambiantes de los consumidores con respecto a la protección del medio ambiente, la responsabilidad social y la inclusión económica se traducen, además, en una demanda de cambio corporativo

Más allá de los consumidores, los gobiernos, los grupos de interés público, los inversores, los competidores y los empleados también están presionando a estas organizaciones para que cambien sus formas de trabajo, sus culturas y sus productos. 

Estos cambios tienen implicaciones de gran alcance para el sector de productos de consumo y de retail y exigen que los productos, servicios, operaciones y ecosistemas en los que operan estas empresas sean sostenibles.

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SASB: el estándar de reporte dirigido a los inversores.

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Tal y como comenté hace unas semanas en el blog (véase “SASB y TFCD y su importancia en el reporte de sostenibilidad”), dedicaré un artículo a cada uno de esos dos esquemas de reporte, empezando por éste dedicado al Sustainability Accounting Standards Board (SASB).

El pasado 1 de junio se llevó a cabo un interesante webinar promocionado por la Asociación Española para las Relaciones con Inversores (AERI)titulado “SASB and ESG Disclosure. Why is BlackRock actively recommending to use it?”. En él, por parte de AERI participaron Manuel Enrich, Presidente, y Tomás Conde, Asesor, participaron un peso pesado de BlackRock, Michelle Edkins, Jefa de Administración de Inversiones, y el Director de Extensión Corporativa de SASB, Neil Stewart.

La administración de inversiones es uno de los componentes esenciales de la responsabilidad fiduciaria de BlackRock con sus clientes. Los clientes que invierten en estrategias de índices son esencialmente accionistas permanentes y proporcionan capital a largo plazo a las empresas.

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COVID-19 ¿cisne negro o se podía predecir?

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La crisis mundial que ha creado la pandemia del coronavirus o COVID-19 se ha convertido desde hace unas semanas en casi la única noticia de la que se habla y se ha puesto como ejemplo de la teoría del cisne negro.

Dicha teoría, postulada por el filósofo e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb, se utiliza para describir el impacto que los eventos que ocurren por sorpresa tienen en los aspectos sociales. Estos eventos no tienen precedentes en un momento determinado hasta que ocurren, tienen un gran impacto y pueden  tener una previsibilidad retrospectiva, es decir, aunque son casi imposibles de predecir y, por lo tanto, casi imposibles de mitigar, en retrospectiva parecen como si fueran obvios e inevitables.

Dentro de los eventos calificados como cisnes negros podemos contar con ejemplos como la burbuja de las punto com de 2001, el colapso financiero del mercado inmobiliario de los Estados Unidos durante la crisis de 2008, o el caso de  hiperinflación del siglo XXI en Zimbabue también en 2008, entre otros.

De alguna manera conectado con el hecho de que estos eventos vistos en retrospectiva sean aparentemente evitables, está otro de los términos que se vienen usando últimamente, sobre todo en redes sociales, para referirse a las personas que se dedican criticar muy ferozmente las previsiones de expertos, gobiernos y demás cuando éstas no se han cumplido. A estas personas se les ha bautizado con el término, un tanto jocoso, de “capitán a posteriori”.

Estos días las redes se han acabado convirtiendo en un cúmulo de discusiones baldías entre los capitanes a posteriori, los que habían hecho las previsiones no acertadas, y los defensores de unos y otros.

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SASB y TFCD y su importancia en el reporte de sostenibilidad.

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No es ningún misterio que la inversión socialmente responsable (ISR) está experimentando un importante crecimiento en los últimos años. Los llamados criterios ESG (por las siglas de Environmental, Social y Governance) están siendo tenidos en cuenta para valorar el desempeño de RSC de las empresas y su sostenibilidad presente y futura, y, por tanto, para que los inversores tomen sus decisiones sobre en qué organizaciones poner su dinero y en cuáles no.

BlackRock, la empresa de gestión de inversiones estadounidense considerada como la más grande del mundo en gestión de activos, lleve tiempo destacando que,  como inversionistas a largo plazo que son, la consideración de los riesgos ESG les ayuda a proporcionar un valor sostenible a sus clientes.

En línea con lo anterior, en su última carta abierta a los CEO publicada a inicios de año, el fundador, presidente y director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, explicaba que la concienciación de la sociedad al respecto del cambio climático está cambiando muy rápido, lo cual nos pone al borde de un cambio estructural de las finanzas, convenciendo a inversores a reevaluar los supuestos básicos sobre las finanzas actuales y haciéndoles reconocer que el riesgo climático es también un riesgo de inversión.

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Índice de Competitividad Global: Una brújula económica para tiempos inciertos.

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La globalización y la Cuarta Revolución Industrial han creado nuevas oportunidades, pero también trastornos y polarización dentro de las economías y sociedades y entre ellas.

En este contexto, el Foro Económico Mundial acaba de presentar el estudio “The Global Competitiveness Report 2019”, una nueva edición del Índice de Competitividad Mundial 4.0 basado en 40 años de experiencia en la evaluación comparativa de los factores que impulsan la competitividad a largo plazo.

Este índice es una vara de medir anual para que los encargados de la formulación de políticas miren más allá de las medidas a corto plazo y reaccionarias y evalúen, en cambio, sus progresos en relación con el conjunto de factores que determinan la productividad.

Estos factores se organizan en 12 pilares: Instituciones; Infraestructura; Adopción de las TIC; Estabilidad macroeconómica; Salud; Habilidades; Mercado de productos; Mercado laboral; Sistema financiero; Tamaño del mercado; Dinamismo empresarial; y Capacidad de innovación.

Los resultados del informe revelan que, en promedio, la mayoría de las economías siguen estando muy lejos de la “frontera” de la competitividad, es decir, del ideal agregado de todos los factores de competitividad.

El rendimiento también es desigual en los 12 pilares del índice. El informe demuestra que 10 años después de la crisis financiera y aunque los bancos centrales han inyectado casi 10 billones de dólares en la economía mundial, las inversiones para aumentar la productividad, como nuevas infraestructuras, I+D y desarrollo de aptitudes en la fuerza de trabajo actual y futura han sido subóptimas.

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La llamada a la acción de los CEO para conseguir los ODS.

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A medida que nos acercamos a 2030, con ya solo diez años para alcanzar los objetivos globales establecidos por los gobiernos con empresas y otras partes interesadas, está cada vez más claro que no estamos correctamente encaminados para lograr su cumplimiento.

Para los CEO los retos y desafíos generados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son una oportunidad para generar ventajas competitivas en sus organizaciones, pero reconocen que la comunidad empresarial podría, y debería, estar haciendo una contribución mucho mayor para lograr una economía global sostenible.

Así lo señala el estudio más completo realizado hasta la fecha sobre la contribución empresarial a los ODS, realizado por el Pacto Mundial de las Naciones Unidas y Accenture Strategy, con la participación de más de 1.000 altos ejecutivos de 21 industrias y 99 países.

El “CEO Study on Sustainability 2019”, es el quinto estudio de una serie que se realiza cada tres años y que se remonta a 2007.

En el penúltimo estudio de 2016, el 70% de los de los CEO declaró que los ODS y su marco para 2030, ayudarían a estructurar los esfuerzos de sostenibilidad para el sector privado en asociación con otras partes interesadas, y casi el 50% dijo que las empresas serían el actor más importante en el cumplimiento de los Objetivos.

En 2019 los CEO señalan que están avanzando para impulsar los resultados a través del negocio principal y aprovechar las oportunidades de mercado para obtener ventajas comerciales. De hecho, solo el 26% de los CEO en 2019 mencionó que “no hay un vínculo claro con el valor comercial” como una barrera para la sostenibilidad en comparación con el 31% en 2016 y el 37% en 2013.

Los CEO están haciendo un progreso real e impulsando tanto el impacto comercial como el de sostenibilidad, pero opinan que sus industrias y negocios en general no están haciendo lo suficiente.

Esos mismos líderes están de acuerdo en que para la mayoría de las empresas, la conciencia y el compromiso no se están impulsando con el nivel de urgencia y la acción concreta requerida y que se necesitan cambios que vayan más allá de lo meramente incremental, materializados en tres llamadas concretas a la acción que comentaremos a continuación.

 

Aumentar la ambición para cambiar los sistemas.

Para alcanzar los Objetivos Globales, los CEO dicen que los líderes empresariales deben intensificar la acción no solo para sus propias empresas, sino también, de manera crítica, impulsar la disrupción de los sistemas de mercado.

En el estudio se analizaron los indicadores de la ONU, los hallazgos del informe de progreso del Pacto Mundial de las Naciones Unidas 2019 y las recomendaciones de las conversaciones con los CEO, y se identificaron acciones de “umbral” a través de los Objetivos que las empresas pueden implementar con el fin de tener un impacto sustancial en el progreso hacia la Agenda 2030.

Por ejemplo, una empresa que imponga un salario digno a lo largo de su cadena de suministro a nivel mundial no solo avanzaría el Objetivo 8 sobre trabajo decente sino que también tendría un efecto indirecto en el Objetivo 1 para terminar con la pobreza, el Objetivo 2 para reducir el hambre, el Objetivo 3 para mejorar la salud y bienestar, y el Objetivo 4 sobre educación de calidad para los trabajadores y sus familias.

Las acciones se deben centrar primero en el impacto que las empresas pueden tener a través de sus negocios directos. Cuando las acciones avanzadas abarcan las operaciones globales, las empresas pueden hacer avances significativos para ayudar a cumplir los Objetivos.

Ampliar aún más las acciones, más allá de las operaciones directas hasta un ecosistema más amplio al de la empresa, también podría generar impacto.

Las compañías multinacionales con huellas globales y manufactura global pueden hacer avanzar la Agenda en países que pueden no tener la misma capacidad para realizar las inversiones.

El Pacto Mundial de las Naciones Unidas ha identificado el impacto empresarial sobre el clima y el género como “puntos de inflexión” para que las empresas avancen los Objetivos Globales.

Como ejemplos de lo anterior se citan en el informe las acciones de algunas empresas como Coca-Cola o Novo Nordisk.

 

Colaborar, colaborar y seguir colaborando.

Los CEO ponen énfasis en que estos desafíos de desarrollo global son más grandes que la más grande de las empresas y que para resolver verdaderamente los problemas, la colaboración es una necesidad ineludible.

Industrias y sectores enteros necesitarán impulsar la transición a nivel de sistemas: desde combustibles fósiles a energías renovables, dietas de origen animal a vegetal, o plástico de un solo uso a reciclable, como solo algunos ejemplos.

Los CEO dicen que las partes interesadas que colaboran a lo largo de la cadena de valor son cruciales para alcanzar los ODS y que todos los actores de la industria deberán ajustarse y trabajar juntos.

Más allá de sus industrias, los directivos ponen en relieve las dependencias del ecosistema, y reconocen que, en ausencia de incentivos regulatorios globales que forzarían la transición, el esfuerzo coordinado en todas las industrias y sectores será un factor clave para construir las bases económicas que creen “puntos de inflexión” para las transiciones a nivel de sistemas.

Sin embargo, para eliminar las barreras a la acción e impulsar un cambio efectivo, advierten que se debe alterar fundamentalmente la forma en que se colabora en tres áreas clave: repensar cómo abordamos estos desafíos, de dónde proviene el liderazgo y cómo se implementan las soluciones.

 

En búsqueda del liderazgo responsable.

En el estudio de este año se ha identificado en los directivos un imperativo creciente de mirar más allá de las ganancias a corto plazo y adoptar su papel como agentes de cambio para impulsar significativamente los Objetivos Globales.

El 95% de los CEO dice que están personalmente comprometidos a garantizar que sus empresas lideren la agenda del desarrollo sostenible.

Lograr la transformación de los sistemas y la colaboración en línea con la ambición de 2030 solo se puede lograr con una nueva lente para un liderazgo responsable, en el que los líderes impulsen un cambio disruptivo dentro y más allá de sus propios ecosistemas.

Los altos ejecutivos identifican diversas cualidades emergentes en los que  deben convertirse en los líderes que consigan los retos de 2030. Entre estas cualidades están las siguientes:

  • Los líderes empresariales están asumiendo cada vez más riesgos comerciales, incluida la aceptación de las opciones menos económicas a corto plazo para impulsar la economía de la sostenibilidad a través de la escala.
  • Ya no es suficiente liderar dentro de la empresa y los CEO ven una necesidad creciente de ser “responsables finales”, extender la responsabilidad a los proveedores y ecosistemas más allá de su control directo y elevar sus industrias mediante el intercambio de mejores prácticas.
  • Los líderes de la industria deben impulsar proactivamente los comportamientos y la demanda sostenibles, haciendo que la sostenibilidad sea accesible para todos.
  • La motivación personal sigue aumentando como impulsor de la sostenibilidad, y los líderes que son genuinos en sus preocupaciones por la sociedad y el planeta son más efectivos para impulsar la sostenibilidad y el rendimiento empresarial.
  • Los líderes deben actuar como catalizadores para establecer expectativas e incorporar mentalidades orientadas a un propósito a través de su estrategia, organización y personas.
  • Para tener éxito, los líderes empresariales deberán participar en asociaciones no competitivas y alianzas estratégicas, cambiando la mentalidad para tener una colaboración “ganar-ganar” dentro y fuera de sus industrias.
  • Los líderes empresariales necesitarán cada vez más “entender los problemas” y comprometerse con las partes interesadas más amplias para configurar e impulsar la adopción de soluciones basadas en la ciencia.

En definitiva, nos encontramos ante un interesante y extenso estudio que nos indica lo que los líderes corporativos creen que debe cambiar para poder conseguir la Agenda 2030, con múltiples ejemplos de lo que están haciendo las empresas en un entorno empresarial cada vez más competitivo y desafiante tanto en lo geopolítico como en lo socioeconómico y tecnológico.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 10-12-19 en Compromiso Empresarial.

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