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Los millennials y la sostenibilidad: no todos dentro del mismo saco.

millennial

El término millennial (o también generación Y) está siendo repetido hasta la saciedad generalmente tratando de homogeneizar un conjunto de población que aunque comparte ciertos rasgos o características comunes están lejos de ser heterogéneas.

A partir de esa supuesta homogeneidad se dan todo tipo de consejos en toda clase de publicaciones.

Estamos acostumbrados a leer a diario artículos sobre cómo atraer el “talento millennial”, cómo afrontar una entrevista de trabajo o de negocios si se hace con un millennial, cómo trabajan, cómo compran, cómo llegarles desde el punto de vista del marketing, etc., etc..

Pero pocos de esos artículos hacen distinciones dentro del grupo de los millennials, y consideran a los individuos dentro de él como de iguales características de comportamiento, independientemente de variables económicas, geográficas, formativas, etc.

 

¿Están todos los millennials cortados por el mismo patrón?

Para empezar, una rápida visita a la definición de Generación Y en la Wikipedia nos da una pista al respecto cuando nos dice “No hay precisión respecto de las fechas de inicio y fin de esta generación. Los comentaristas utilizan las fechas de nacimiento comprendidas desde 1980 hasta 1999”.

Es decir, que ni para otorgar un rango de edad al grupo de millennials hay establecido un consenso. Pero eso no es algo nuevo, puesto que si echamos un vistazo en la misma fuente vemos que para la generación anterior (la llamada X) como para la posterior (la Z) tampoco hay un consenso.

Desde la lógica, ¿podemos pensar que una persona nacida en 1980 (y que en la actualidad tiene 36 años) se comporta igual o tiene los mismos anhelos y necesidades que alguien nacido en 1999 (con 17 años en la actualidad)?

Creo que está claro que no y, aunque he ido a coger los dos extremos en cuanto a las supuestas edades de esa generación, lo mismo pasará si contemplamos ejemplos menos extremos.

Por tanto, toda generalización de cualquier tipo basada en la pertenencia a ese grupo creo que queda lejos de ser verídica si el grupo no se segmenta según comportamientos, actitudes, aptitudes y necesidades reales de sus miembros. Se podrán dar unos rasgos muy genéricos pero de poco servirán si no se profundiza más.

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cambio climático, innovación, riesgos, sostenibilidad, tendencias

Riesgos y oportunidades globales 2017.

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Como ocurrió el pasado año por estas fechas, ya disponemos de las nuevas ediciones de dos informes “clásicos” sobre riesgos y oportunidades.

Me refiero concretamente a “The Global Risks Report 2017 12th Edition” del World Economic Forum (WEF) y a “Global Opportunity Report 2017” cuya publicación coincide con el Forum de Davos y que en su pasada edición comentamos en el blog en los artículos “¿Cuáles son los riesgos globales a los que nos enfrentamos?” y ”Convirtamos los riesgos en oportunidades”.

 

Riesgos globales: cambio climático y violencia en diversas variantes.

Según el informe del World Economic Forum la evolución de los riesgos en los últimos 10 años es la siguiente:

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Vemos que, en cuanto a ranking de riesgos según su probabilidad de ocurrencia (cuadros superiores), la probabilidad de eventos climatológicos extremos ha subido hasta la primera posición, seguida por las inmigraciones involuntarias a gran escala y los grandes desastres naturales. Aparecen por primera vez en 10 años, en el cuarto y quinto lugar, la probabilidad de ataques terroristas a gran escala y los incidentes masivos relacionados con el fraude y el robo de información.

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Edelman Trust Barometer 2017: La implosión de la confianza.

edelman-trust-barometer-2017

La implosión de la confianza. Así denomina Richard Edelman el estado de la confianza a la vista del último informe Edelman Trust Barometer, que se puede consultar y descargar en este enlace.

En este último año han ocurrido bastantes hechos, quizá a priori un tanto improbables o impensables, que han provocado cambios a peor en la confianza que las personas tenemos ante gobiernos, instituciones, líderes, medios informativos, empresas, etc.

Esos eventos han generado unos resultados bastante más malos que los de la edición 2016 del barómetro que analizamos hace unos meses.

 

Cambios políticos, globalización y automatización: fuentes de desconfianza.

Estamos ante una profunda crisis de confianza que tiene sus orígenes en la Gran Recesión de 2008 y la crisis económica mundial, cuyas réplicas, como si de un terremoto se tratara, se siguen sintiendo hoy con consecuencias finales aún desconocidas.

Diversos han sido los aspectos que más han contribuido a la pérdida de confianza el pasado año:

  • Cinco de los diez principales países del mundo (Brasil, Italia, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos) han cambiado de gobierno.
  • El Reino Unido votó su salida de la Unión Europea.
  • Han ocurrido atentados terroristas tanto en Europa como en Estados Unidos, a los que no estábamos tan acostumbrados.
  • La publicación de los llamados “Papeles de Panamá” ha salpicado públicamente de corrupción a gobiernos, organizaciones, deportistas, artistas, etc..
  • Es cada vez más usual la publicación de noticias falsas y sin contrastar.
  • Está cambiando la percepción de la globalización y el libre comercio, desde una perspectiva “beneficiosa” (consumo masivo a bajo precio) hacia la preocupación por la subcontratación de puestos de trabajo occidentales hacia los mercados de bajo coste.
  • La automatización de trabajos y tareas empieza a verse como una amenaza real y próxima en el tiempo para muchas profesiones y puestos de trabajo.
  • La falta de salvaguardas sociales e institucionales proporciona un terreno fértil para los movimientos populistas alimentados por el miedo.

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ética, cambio climático, riesgos, sostenibilidad, tendencias

¿Trumpazo a la sostenibilidad?

 

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Foto: Michael Vadon

 

Apenas han pasado unas semanas desde que Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos y la confusión respecto a sus políticas en general y sobre sostenibilidad, medio ambiente y cambio climático en concreto continua y se hace más evidente.

Trump ha ido cambiando su discurso en muchos temas en relación a lo que había prometido en su campaña electoral, y a buen seguro que seguirá en evolución hasta la ceremonia de posesión del cargo de presidente el próximo 20 de enero y mucho más allá.

Casi no pasa un día en el que no leamos algo sobre sus dimes y diretes.

Todos sabemos que las campañas electorales son el momento ideal de hacer brindis al sol y prometer cosas que son improbables o directamente imposibles con la única intención de que el electorado menos crítico trague con ellas y se muestre partidario de dar su voto.

En un personaje populista como Trump esa peculiaridad se da todavía más, y con el paso de días, semanas y meses llega el momento de los “donde dije digo dije Diego” y todas las matizaciones o directamente los cambios de versión que hagan falta.

Lamentablemente no es nada nuevo, la política actual se basa en esta serie de cosas tanto en EE.UU. como en cualquier otro país del mundo.

 

¿Qué ha dicho Trump sobre sostenibilidad y cambio climático?

Donald Trump escribió un tuit en 2012 declarando que el concepto de cambio climático había sido “creado” por los chinos con el fin de hacer que la fabricación de bienes en Estados Unidos no fuera competitiva. Tuit al que siguieron otros tan absurdos como los que hizo diciendo que en Nueva York o Los Ángeles hacía frío y que dónde estaba entonces realmente el cambio climático.

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¿Cómo se integra la sostenibilidad en los bonus directivos?

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Dejando de lado el debate sobre si los bonus o incentivos anuales en algunas industrias y empresas son excesivos, existe otro debate sobre qué clase de objetivos deberían ponderar esos bonus.

Las malas prácticas que causaron la crisis en la década pasada deberían haber servido de toque de atención para que se implantaran los objetivos de sostenibilidad y responsabilidad social corporativa dentro de los bonus anuales de directivos y ejecutivos principalmente en grandes empresas, pero hasta la fecha parece que es un tema al que aún le queda mucho recorrido por delante y que puede tener diferentes obstáculos que superar.

 

Estado de la vinculación entre bonus de ejecutivos y sostenibilidad.

Todavía hay pocos informes (y los que hay no son del todo recientes y contemplan sobretodo el mercado norteamericano) que estudien la adopción de criterios de sostenibilidad en los bonus de los ejecutivos.

En su artículo “Linking Sustainability Performance to Compensation: A Must for Success”, Anca Novacovici pone de manifiesto que “la tendencia parece apuntar hacia una mayor vinculación entre la sostenibilidad y la compensación, al menos en el nivel ejecutivo. Sin embargo, las empresas todavía no parecen dispuestos a revelar la información completa”.

Novacovici señala que según el informe realizado por la consultora Glass Lewis en 2012 el 42% de las empresas estudiadas vinculaban la remuneración de sus ejecutivos y la sostenibilidad de la empresa, mientras que en 2010 ese porcentaje era del 29%.

Sin embargo, un informe de CERES de 2012 determinó que el 85% de las 600 empresas estudiadas que cotizaban en la bolsa norteamericana no tenían en cuenta los criterios de sostenibilidad en la compensación de sus ejecutivos.

A pesar de que un número creciente de empresas estadounidenses estaban integrando los factores medioambientales, sociales y de gobernanza en sus estructuras de gobierno, sólo el 10% de las empresas del Standard & Poor’s 100 habían incluido la sostenibilidad en sus estructuras de bonificación.

Entre las empresas norteamericanas que destacan por ser de las primeras en definir bonus vinculados al desempeño de la RSC de la empresa podemos mencionar a Intel,  Xcel Energy o Alcoa.

Por lo que respecta a Europa, aún sin informes ni datos empíricos en la mano, podemos decir que ha habido un avance desde hace años gracias a la aceptación gradual de la creciente demanda de rendición de cuentas y responsabilidad hacia el medio ambiente, la comunidad y los empleados, dejando a las empresas estadounidenses a una distancia considerable en la adopción de bonus sostenibles.

No en vano se suele citar a AkzoNobel, DSM, Shell, TNT (empresas europeas y concretamente  holandesas para más señas) como las pioneras mundiales en contemplar la sostenibilidad en los incentivos de sus ejecutivos.

Otros ejemplos de empresas europeas enroladas desde hace tiempo en este tema son Danone y Heineken.

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¿Urbanismo sostenible? La superisla de la discordia.

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La ciudad de Barcelona ha dado un paso más en la implantación del urbanismo sostenible, no exento de problemas y polémicas.

El pasado 5 de septiembre se puso en funcionamiento la primera superilla (en castellano superisla o también supermanzana, urbanísticamente hablando) en el barrio de Poble Nou, un hecho que no ha dejado indiferente prácticamente a nadie.

Su creación prácticamente ha polarizado a los habitantes y usuarios y prestadores de servicios de la zona en dos bandos. Hay unos que están encantados con la medida y la disfrutan y hay quienes padecen sus consecuencias y demandan que la superisla sea reconsiderada o directamente se anule y se vuelva a dejar la zona tal y como estaba.

Qué bando es mayoritario lo desconozco, pero al menos, como pasa casi siempre, los que están en contra son los que más se dejan oír y así se ha podido corroborar en los medios informativos de la ciudad.

Y este es un debate que en un futuro tendrá aún más relevancia a medida que se extiendan esas superislas a otras partes de la ciudad tal y como está programado, comenzando esa expansión en 2017. La de Poble Nou no deja de ser un “proyecto piloto” según el Ayuntamiento.

 

Pero… ¿qué es una superisla?

Según la web del Ayuntamiento de Barcelona dedicada a las Smart Cities, una superisla es “una unidad territorial más pequeña que un barrio pero mayor que una isla o manzana de casas, con calles pacificadas donde se están haciendo actuaciones urbanísticas y medioambientales”.

Se trata de acotar una serie de calles, dentro de las cuales reducir el paso de vehículos a la vez que se transforma la configuración de las mismas, consiguiendo unas zonas más sostenibles desde el punto de vista ambiental y que generen espacios para el disfrute de la ciudadanía y el establecimiento de lo que podríamos llamar “sinergias sociales”.

El Ayuntamiento dice que los objetivos principales de estas transformaciones urbanísticas son, sobre el papel:

  • Conseguir una movilidad más sostenible.
  • Revitalizar el espacio público.
  • Fomentar la biodiversidad y el verde urbano.
  • Fomentar el tejido social y la cohesión.
  • Impulsar la autosuficiencia en el uso de recursos.
  • Integrar los procesos de gobernanza.

Todos estos objetivos son muy loables y deseables, ¿pero se cumplen realmente en la definición y el funcionamiento de la superisla de Poble Nou a día de hoy?

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Reporting de sostenibilidad: los nuevos GRI Standards.

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Acaba de ser publicada la última versión de los estándares de reporte de sostenibilidad del Global Reporting Initiative (GRI). Esta versión, que suplirán a la anterior G4, ha sido bautizada simplemente como GRI Standards.

Las nuevas normas GRI son dictadas por el Global Sustainability Standards Board (GSSB), organismo emisor de normas independiente del GRI, e incorporan los conceptos clave y las revelaciones de contempladas en las Directrices y el Manual de Aplicación G4, pero con una nueva y mejorada estructura y formato.

Por ahora toda la documentación relativa al nuevo estándar está en inglés.

Comentaremos ahora las nuevas normas, como una primera aproximación general para el lector, basándonos en la presentación en inglés que la misma GRI hace de ellas y que está disponible en su web.

 

¿Qué características tienen estas nuevas normas?

Presentan una estructura más flexible y preparada para el futuro, asegurando que los estándares GRI permanecen actualizados y adecuados, y sus referencias tienen una mayor adecuación a las iniciativas políticas para permitir una mayor integración en los gobiernos y la legislación de los mercados en todo el mundo.

Han sido desarrolladas con múltiples contribuciones de las partes interesadas teniendo siempre en mente el interés público.

 

¿En qué cambian respecto a G4?

Los nuevos estándares tienen:

  • Nueva estructura modular: las normas ahora están organizadas como un conjunto modular de normas interrelacionadas.
  • Nuevo formato con requisitos más claros: el nuevo formato tiene claras distinciones entre Requisitos (indicados por “deberá”), Recomendaciones (“debería”) y Orientación.
  • Contenidos más claros: conceptos clave de G4 se han aclarado para mejorar la comprensión y la aplicación de las Normas. Por ejemplo ahora los contenidos de G4 (incluyendo indicadores) tienen identificadores únicos basados en el número de la guía (ej. el contenido G4-10 es ahora el 102-8, localizado en GRI 102: Contenidos Generales).
  • Mayor flexibilidad y transparencia en el uso de las normas: tanto para las organizaciones que preparan un informe de conformidad con las normas, como para las que los que utilizan guías concretas para reportar información específica.
  • Reedición general: el contenido de G4 ha sido editado para mayor claridad y se ha utilizado un lenguaje más sencillo.

 

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Fuente: Global Reporting Initiative (GRI).

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