COVID19, gestión de crisis, reputación, rsc, sostenibilidad, tendencias, transparencia

Las empresas utilizan su RSE para aplacar los impactos de la Covid-19.

Photo by Evgeni Tcherkasski on Unsplash

La respuesta a la crisis provocada por el coronavirus ha puesto de nuevo de manifiesto la gran relevancia que las empresas tienen en la sociedad y su papel fundamental a la hora de dar respuestas rápidas a las situaciones más críticas, globales e inesperadas.

Muchas organizaciones han impulsado la RSE en diferentes ámbitos y han demostrado un comportamiento ejemplar poniendo sus recursos a disposición de la comunidad, dando respuesta a necesidades productivas, sanitarias, económicas, materiales y sociales.

La situación actual representa una gran oportunidad para la construcción de un mundo más sostenible, equitativo y que ponga el foco en las personas, así como para el asentamiento de los cimientos de un nuevo orden económico y social que tenga la aceleración digital como uno de los elementos clave.

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¿Aprovecharemos este momento de cambios?

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Photo by Markus Spiske on Unsplash

El coronavirus ha copado casi toda la atención mediática, y temas y problemáticas que estaban en el candelero hace escasas semanas han desaparecido de los medios especializados, incluyendo este.

Asuntos que parecían (y son) muy importantes ahora parecen nimios, desplazados totalmente de la actualidad por el tsunami del COVID-19.

Y esto es algo totalmente normal ante el bofetón de realidad que hemos sufrido.

Nos hemos dado cuenta de que en el fondo nuestra manera de vivir es muy frágil y vulnerable ante una enfermedad con la que no contábamos. Estamos encerrados y nos hemos quedado como un ciervo en medio de la carretera, sorprendido, paralizado y mirando fijamente a las luces de un coche que amenaza con pasarle por encima, sin saber qué hacer.

Leemos en muchísimos sitios que estamos ante un momento clave para cambiar. Cambiar hacia un nuevo paradigma, una nueva sociedad, un nuevo modelo económico, un modo de funcionamiento sostenible, respetuoso, circular y dirigido a no colapsar nuestro planeta y a minimizar el cambio climático.

No seré yo quien dude que quizá es “el momento” pero, desde mi punto de vista y pidiendo perdón de antemano por ser un poco agorero, me parece que va a ser imposible que suceda, y firmaría ahora mismo con que llegáramos a lograr el 50% de todos esos deseos en un futuro a medio o largo plazo.

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Los ODS, amenazados por el coronavirus, pero salvables con colaboración.

Photo by Perry Grone on Unsplash

Es probable que la crisis de COVID-19 tenga un efecto profundo y negativo en los esfuerzos de desarrollo sostenible. Una prolongada desaceleración económica mundial tendrá un efecto negativo en la aplicación del Programa de Desarrollo Sostenible de 2030 y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Pero una colaboración global y coordinada puede paliar sus daños.

Nos enfrentamos a una crisis sanitaria mundial como ninguna otra en los últimos tiempos que está matando a personas y propagando el sufrimiento humano, por lo que es mucho más que una crisis de salud. Es una crisis humana porque la enfermedad está atacando a las sociedades en su núcleo.

Así de contundente se muestra las ONU en su recién publicado informe “Shared responsibility, global solidarity: Responding to the socio-economics impacts of COVID-19”, que pretende ser una llamada a la acción para que se dé la necesaria e inmediata respuesta sanitaria para eliminar la transmisión del virus y poner fin a la pandemia, pero sobretodo para que se aborden las numerosas dimensiones sociales y económicas de esta crisis.

La ONU destaca la necesidad de centrarse en las personas y organizaciones cuya situación sea más delicada y que se vean más impactadas por la situación, como mujeres, jóvenes, trabajadores con salarios bajos, pequeñas y medianas empresas, el sector no estructurado y los grupos vulnerables que ya estaban en situación de riesgo con anterioridad.

El impacto en el medio ambiente, por otra parte, probablemente sea positivo a corto plazo, ya que la drástica reducción de la actividad económica provocada por la crisis ha reducido las emisiones de CO2 y la contaminación en muchas áreas. Pero estas mejoras serán de corta duración, a menos que los países cumplan con su compromiso con el desarrollo sostenible una vez que la crisis haya terminado y la economía mundial se reinicie.

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El propósito corporativo en tiempos de coronavirus.

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Photo by Adli Wahid on Unsplash

La actual crisis del coronavirus va a traer grandes cambios tanto a nuestra sociedad como a las empresas. La adaptación de éstas últimas a esos cambios se va a tener que hacer no solo pensando en la empresa como un ente sino también en las interrelaciones que ésta tiene con su entorno.

Mantenerse firmes y guiarse en el propósito y los valores empresariales es la mejor manera para afrontar esta nueva situación. A esa conclusión llegaron los participantes en el webinar “El propósito corporativo: clave para la salida de la crisis del COVID 19” que organizó Señor Lobo & Friends con la participación de tres ponentes de diferentes sectores que aportaron sus ideas y visión de cómo han de comportarse las organizaciones durante la crisis.

Para los ponentes, el propósito corporativo ha de ser algo más que unas letras en un papel. En momentos de cambios transcendentales como el que estamos viviendo es esencial que las empresas expliquen tanto a la sociedad como a sus empleados cuál es ese propósito y transmitan sus valores en cada acción que realicen, contribuyendo con esos gestos al bienestar social.

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COVID-19 ¿cisne negro o se podía predecir?

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Photo by Qurratul Ayin Sadia on Unsplash

La crisis mundial que ha creado la pandemia del coronavirus o COVID-19 se ha convertido desde hace unas semanas en casi la única noticia de la que se habla y se ha puesto como ejemplo de la teoría del cisne negro.

Dicha teoría, postulada por el filósofo e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb, se utiliza para describir el impacto que los eventos que ocurren por sorpresa tienen en los aspectos sociales. Estos eventos no tienen precedentes en un momento determinado hasta que ocurren, tienen un gran impacto y pueden  tener una previsibilidad retrospectiva, es decir, aunque son casi imposibles de predecir y, por lo tanto, casi imposibles de mitigar, en retrospectiva parecen como si fueran obvios e inevitables.

Dentro de los eventos calificados como cisnes negros podemos contar con ejemplos como la burbuja de las punto com de 2001, el colapso financiero del mercado inmobiliario de los Estados Unidos durante la crisis de 2008, o el caso de  hiperinflación del siglo XXI en Zimbabue también en 2008, entre otros.

De alguna manera conectado con el hecho de que estos eventos vistos en retrospectiva sean aparentemente evitables, está otro de los términos que se vienen usando últimamente, sobre todo en redes sociales, para referirse a las personas que se dedican criticar muy ferozmente las previsiones de expertos, gobiernos y demás cuando éstas no se han cumplido. A estas personas se les ha bautizado con el término, un tanto jocoso, de “capitán a posteriori”.

Estos días las redes se han acabado convirtiendo en un cúmulo de discusiones baldías entre los capitanes a posteriori, los que habían hecho las previsiones no acertadas, y los defensores de unos y otros.

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Los deepfakes y la reputación empresarial.

Photo by Avel Chuklanov on Unsplash

El pasado 10 de noviembre se publicó en El Confidencial un artículo titulado “Primero los políticos, ahora las empresas: los ‘deepfakes’ supondrán pérdidas millonarias” en el que participo dando mi opinión a solicitud de uno de sus redactores, Álvaro Moreno.

El extenso artículo tiene también tiene en cuenta la opinión de otros expertos en reputación corporativa  así como en inteligencia artificial. Es este un ámbito que genera retos y dificultades como ya mencioné en el artículo de opinión “Deepfakes, ¿la próxima herramienta de manipulación?”.

Dado que, como es lógico, en el artículo de El Confidencial mis comentarios están muy resumidos en comparación con la información pasada al redactor, procedo a continuación a exponer en toda su extensión mis respuestas a sus tres preguntas para dotar de más contexto sus entrecomillados.

 

1) Como experto en Comunicación y Reputación Corporativa me gustaría saber qué riesgos cree que entrañan los deepfakes. Desde Moody´s creen que van a facilitar un daño tremendo a la reputación de las empresas ¿cree que es así?

Sí, en un futuro muy cercano los deepfakes pueden crear auténticos problemas reputacionales y económicos a las empresas.

Un ejemplo del primer caso puede ser un video falso de un alto directivo de una empresa importante en el que se hagan declaraciones que puedan ponerle a él en serios aprietos como profesional y a su empresa como responsable, o afectada directa, de lo dicho.

Otro ejemplo de impacto meramente económico es que se puede utilizar un deepfake para extorsionar a una empresa, amenazando con publicar un video falso si no se atienden a las pretensiones económicas del extorsionador.

También se han utilizado ya este tipo de artimañas (en este caso en lo que sería un deepfake de audio) para falsear una interacción entre un directivo y un empleado al que se le pide que haga una transferencia a un supuesto proveedor, o que envíe una información sensible de la empresa al falso directivo.

Las posibilidades de pérdidas económicas, de know-how y de daño a la reputación son muy grandes con el uso de este tipo de tecnología.

 

2) En segundo lugar, ¿hace realmente tanto daño el hecho de que, por ejemplo, la gente pueda ver a un CEO falso hecho por un deepfake diciendo comentarios racistas o haciendo actos de corrupción? ¿la gente no se dará cuenta pronto de que se trata de una manipulación? ¿o por el contrario es algo que quedará ahí? Desde Moody´s temen que esto pueda provocar grandes daños por ejemplo en bolsa en un momento determinado y esa volatilidad puede ser muy nociva, además del daño a la reputación.

Como comentaba antes, un deepfake de un CEO puede afectar rápida y gravemente a su reputación y a la de su empresa. A la reputación de la empresa le afectará en mayor o menor medida dependiendo de si lo que se dice en el video está más o menos relacionado con ella. Pero, aún en el caso de que el video falso tenga declaraciones personales del CEO, la reputación de la empresa siempre sufrirá porque se tiende a asimilar las actitudes y valores de los CEO con los de las empresas en las que trabajan.

Con el avance de la tecnología, a las personas nos será muy difícil de distinguir si un video es o no verídico, si existe o no alguna manipulación.

Vivimos en la era de la rapidez, la bolsa sube o baja en cuestión de minutos por cualquier razón, tanto real y demostrada como por suposiciones o sospechas de que algo ha sucedido o va a suceder. Los deepfakes, bien trabajados y viralizados y hasta que se demostrara su falsedad, se encuadrarían en el ámbito de las razones “reales” por las que podría resentirse la reputación de una empresa y bajar su cotización bursátil.

Después, los afectados tendrían que demostrar que el video es falso, pero el daño ya estaría hecho y no sería tan fácil de reparar, aunque no es algo imposible ya que las empresas se acaban recuperando de grandes batacazos reputacionales y bursátiles con el tiempo.

Esto último es así ya que, a medio y largo plazo, los grupos de interés se suelen olvidar de los escándalos porque su foco se acaba fijando en otros temas y en otras empresas por el constante bombardeo de noticias y asuntos que ocurren a diario.

El problema principal para el directivo y su empresa sería demostrar que el video era falso y poder además comunicarlo de la manera más rápida y amplia posible para mitigar sus efectos dentro de lo posible.

 

3) ¿Qué cosas se pueden hacer para prevenir esta posible situación o hacer que los daños sean menores por parte de la empresa? ¿y en general qué se tendría que hacer para que esto no fuera un riesgo? (educación digital, mayor legislación…etc).

Creo que las decisiones se deben tomar en cuatro campos primordiales: el empresarial, el de los medios informativos, el educacional y el político.

Empezando por el último, se debería crear prontamente legislación en todos los países que penalice la creación y distribución de este tipo de videos, ya que si no hay una amenaza judicial el fenómeno crecerá todavía más, aún con finalidades en principio no delictivas.

Por su parte,  las empresas deben incluir este nuevo fenómeno en sus sistemas de gestión de amenazas y crisis. Aunque a día de hoy no existen métodos probados para proteger una empresa o una persona, se debe empezar a trabajar en ellos y tener clara cuál es la amenaza, sus consecuencias potenciales y cómo intentar al menos mitigarlas.

Los medios informativos y también las empresas tecnológicas que viven de la publicación de información deben desarrollar procedimientos y tecnologías que permitan detectar las falsificaciones y por supuesto deben comprometerse a no divulgarlas.

Por último, pero no menos importante, es primordial concienciar a la población para que sea crítica con todo lo que ve y lee publicado en redes y medios informativos, para que busque otras fuentes de información si algo le parece sospechoso, y para que si no está seguro de algo no ayude a viralizarlo compartiéndolo de nuevo.

Si no se desarrolla rápidamente una tecnología anti falsificaciones y la población no es crítica puede suceder que a la larga no sepamos qué es cierto y qué no, se resienta nuestra confianza en lo que nos rodea, nos cuestionemos todo, y acabemos no sabiendo tomar decisiones porque no sabremos qué es real.

 

Sin duda, nos movemos hacia unos tiempos que pueden ser bastante complicados si nos atenemos al párrafo anterior. Esperemos no tener que llegar hasta ese punto por el bien de nuestra sociedad.

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Boeing: la seguridad debe ser lo primero.

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Photo by Dan Lohmar on Unsplash.

Boeing, el mayor fabricante de aviones del mundo, se enfrenta a una crisis de grandes dimensiones tras los accidentes de su modelo 737 Max.

El reciente accidente del mes de marzo de uno de los modelos de ese avión, operado por la compañía Ethiopian Airlines, se añade al ocurrido el año pasado a uno de los aparatos de la aerolinea indonesia Lion Air.

Aunque aún se están estudiando exactamente las razones de los accidentes, ambos ocurrieron en circunstancias parecidas, poco después del despegue y por causa de pérdidas de sustentación al parecer inducidas por los propios sistemas automáticos del avión.

Todo esto ha llevado a Boeing a tener que afrontar una crisis de la que es culpable no sólo por la razón primera de la misma sino también por cómo está gestionando toda la situación.

 

Un negocio en el que la confianza es crucial.

En aviación comercial existen muchas variables para que las empresas tanto fabricantes como prestadoras de servicios sean exitosas o no, y entre ellas la más importante es, sin ningún género de dudas, la confianza y la seguridad.

Los accidentes ocurridos han hecho que esa confianza se haya reducido tanto entre las aerolineas usuarias del modelo como entre los pasajeros.

Y no solo las aerolineas que operan el 737 Max se plantean pedir indemnizaciones por todas las pérdidas que están sufriendo al tener que dejar de operar rutas con ese avión, sino que también tanto actuales usuarias de este modelo como otras potenciales están pensando seriamente anular o dejar de realizar pedidos en firme por nuevas unidades.

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¿Le ha salido gratis el dieselgate a Volkswagen?

Photo by Hannes Egler on Unsplash

Tal y como comentaba hace ya bastantes meses en el artículo de resumen del año 2017 en el blog, tenía desde hace tiempo pendiente escribir sobre en qué “ha quedado” el escándalo del dieselgate de Volkswagen mediante noticias que he ido recopilando durante los últimos dos años.

Un tema que ya había sido abordado anteriormente aquí (véase El escándalo Volkswagen y sus repercusiones, El dieselgate de Volkswagen, medio año después, y  Los fabricantes aceleran el coche eléctrico con el dieselgate en el retrovisor), pero al que todavía había que dejar madurar más tiempo para poder hacer una especie de resumen de consecuencias, aunque el caso dista de haber quedado cerrado.

Principalmente las razones que me llevan a revisar el asunto son las de sopesar si este escándalo tan sonado ha conllevado tras un periodo de 3 años graves consecuencias para esa empresa, o si por el contrario las que pueda haber tenido ya han sido superadas, y en el fondo tratar de contestar (como si eso fuera tan sencillo) si realmente “sale gratis” a medio o largo plazo hacer trampas de ese calibre.

Antes de llegar a la parte más de opinión sobre el tema al final del artículo, haré un resumen de situaciones acontecidas desde diversas perspectivas al respecto del escándalo, y posteriores a la publicación de mis artículos mencionados más arriba, todo ello a modo de actualización y a la vez para conocer la situación general, en un artículo que, aviso al lector, preveo que será largo hasta llegar a las conclusiones finales.

Empezaré eso sí, por una pregunta muy genérica, que nos puede hacer pensar bastante…

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Facebook no ha hecho sus deberes.

Photo by William Iven on Unsplash

Por casi todos es conocida ya la frase referida a los servicios gratuitos en internet de “si aquello que recibes es gratis, es que realmente el producto eres tú”. Esa afirmación no es sólo cierta sino que ha quedado realmente patente en el escándalo en el que se ha visto implicado Facebook.

El viernes 16 de febrero, Facebook anunció la cancelación de la cuenta en la red social de la empresa británica de explotación de datos Cambridge Analytica por usar datos recopilados de manera inapropiada de los usuarios de dicha red.

Cambridge Analytica utilizó información proveniente de entre 30 y 50 millones de ciudadanos de Estados Unidos que habían sido inicialmente recopilados por el académico de la Universidad de Cambridge, Aleksandr Kogan.

Los datos se recolectaban a través de la contestación a una encuesta (gratificada con unos 2$) que tenía como únicos requerimientos ser estadounidense y descargar una app de Facebook que obtendría información sobre el encuestado y su red (p.e. datos demográficos básicos y “me gusta” de categorías, lugares, personas famosas, etc.).

Ese conjunto de datos iba a ser utilizado sólo para fines de investigación académica de manera agregada y sin posibilidad de identificar a sujetos individuales, pero no fue así.

Facebook fue conocedora de estos hechos y pidió a la empresa que destruyera estos datos en 2015, lo cual no sucedió realmente.

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Cuando lo humanitario se convierte en perverso.

Photo by Hanna Morris on Unsplash

El acoso y los abusos sexuales de todo tipo a personas de cualquier edad se ha convertido en una repugnante lacra de la cual cada día tenemos nuevas y preocupantes noticias.

Basta con ver los informativos televisivos o leer cualquier periódico para darnos cuenta de que apenas no hay día en el que no se mencione el tema, ya sea en casos sucedidos en empresas como, en el colmo de lo abominable, dentro de familias y entidades deportivas, sociales, etc.

Unas entidades sociales que, justamente por su finalidad, deberían estar libres de cualquier mácula en el trato a las personas a las cuales deben ayudar.

El último caso relativo a la organización Oxfam ha sido un auténtico escándalo del que continúa saliendo nueva información a diario.

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