ética, confianza, reputación, riesgos, rsc, sostenibilidad, transparencia

Dos herramientas para luchar contra la corrupción empresarial.

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El último caso sonado de corrupción empresarial en Samsung pone de nuevo sobre la mesa un grave problema que hay que atajar, para el que existen herramientas y ante el cual se necesita determinación.

El arresto de Lee Jae-yong, heredero de Samsung y líder del mayor grupo empresarial de Corea del Sur, acusado de prácticas de soborno, malversación de fondos y cometer perjurio ha sido el mayor escándalo de lo que llevamos de año en esta clase de delitos.

La corrupción es un problema universal difícil de cuantificar económicamente con cifras exactas, pero para hacernos una idea de lo que representa nos pueden servir de ejemplo los datos del Informe sobre la lucha contra la corrupción en la Unión Europea de 2014, según el cual se calculaba que sólo en la U.E. el coste de la corrupción para la economía ascendía a 120.000 millones de euros al año, un poco menos que el presupuesto anual de la Unión.

También, hace unas semanas, analizábamos la edición 2015 del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional en el cual se corrobora que la corrupción es un asunto mayoritariamente grave a nivel global, y que España estaba destacando negativamente en una evolución para nada deseable.

Ante la existencia de esta lacra, existen muchas guías para implantar prácticas anti-corrupción tanto dirigidas a instituciones públicas como a organizaciones privadas.

Hoy vamos a analizar dos de las herramientas disponibles para gestionar y reducir el riesgo de corrupción, sin olvidar que son poco menos que inútiles si la organización en la que se utilizan no tiene una Dirección comprometida totalmente con ese propósito.

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cambio climático, confianza, riesgos, sostenibilidad, tendencias

Trumpeando como se pueda.

Trampear es lo que le va a tocar a la acción contra el cambio climático a raíz de la decisión de abandonar el Acuerdo de París tomada por Donald Trump.

Los peores augurios que señalaba en mi otro artículo de opinión sobre este tema (Trumpazo a la sostenibilidad) se han cumplido tristemente al cabo de poco más de seis meses.

El país más poderoso de la Tierra, responsable del 16% de las emisiones mundiales de CO2 se ha retirado del Acuerdo alegando que éste tenía como objetivo agobiar, poner en desventaja y empobrecer a Estados Unidos, y que representaría una pérdida de 6,5 millones de empleos en el país y una importante reducción del PIB.

Unos argumentos que el Ministerio de Asuntos Exteriores francés se dedicó a desmontar (curiosamente, no lo vamos a negar, porque no parece la mejor manera de relacionarse con otras naciones) en un vídeo.

Sólo Siria y Nicaragua no participaban en el Acuerdo de 195 naciones. Siria no pudo enviar a un funcionario para firmar el Acuerdo debido a la guerra civil desatada en ese país y Nicaragua optó por no firmar porque pensó que no era suficientemente ambicioso.

Trump ha justificado el abandono con frases pueriles como “fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh y no a los de París”, lo cual no sé si es un juego de palabras (aunque lo espero) o si realmente dentro de su cabeza piensa que el acuerdo contra el cambio climático beneficia sólo a los parisinos (lo cual tampoco me extrañaría viniendo de él).

Sea como fuere, la decisión parece no estar respaldada por los ciudadanos ya no de Pittsburgh sino de Estados Unidos. Así lo indican investigadores en cambio climático y otros estudios como el del Yale Program on Climate Communication en los que se afirma que la gente apoya más al Acuerdo que a Donald Trump.

Y seguro que hay más encuestas y estudios todavía por venir que señalen la misma tendencia.

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Cómo no gestionar una crisis en el siglo XXI: United Airlines.

El tamaño de las empresas parece que no es directamente proporcional a su habilidad para no meterse en líos ni tampoco para salir de ellos.

El último ejemplo lo hemos visto últimamente con el penoso incidente en un avión de United Airlines que ha dado la vuelta al mundo al haber sido incluso grabado en vídeo por diversos pasajeros.

Como resumen del incidente podemos decir que línea aérea necesitaba asignar asientos a cuatro miembros de su personal en un vuelo que estaba lleno, se buscaron voluntarios para abandonar sus asientos pero nadie quiso irse, se tuvieron que escoger cuatro pasajeros al azar y uno de ellos, el doctor David Dao, se negó a hacerlo por lo que finalmente fue sacado arrastrado por el pasillo del avión por parte de la policía del aeropuerto, en unas imágenes deplorables y ante los gritos del resto del pasaje.

El resultado del incidente para Dao fue la nariz y alguna pieza dental rota, y para United una demanda por parte de Dao, las críticas cosechadas a nivel mundial por el mal trato al pasajero, otras acusándolos de racistas por ser el pasajero de origen chino, y una  gigantesca crisis de reputación que le llevó a perder a pocas horas del incidente nada menos que mil millones de dólares en cotización bursátil.

En todas esas consecuencias tuvo que ver la torpe (porque hay que ser realmente torpe, no nos engañemos) reacción del CEO de United, Óscar Muñoz, ante el incidente. En su primer mensaje en Twitter sobre el suceso simplemente pidió perdón por tener que reacomodar algunos pasajeros y dijo que investigarían el hecho y contactarían con el pasajero afectado en concreto.

No fue hasta el día siguiente, cuando el vídeo ya era viral y estaba causando una buena tormenta sobre la compañía, que volvió a pronunciarse públicamente pidiendo disculpas por la expulsión por la fuerza de un pasajero y calificando el episodio como de “verdaderamente horrible“.

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comunicación, confianza, reporting, rsc, sostenibilidad, transparencia

El diálogo con los grupos de interés: espacio para la mejora.

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Una de las principales dificultades y fallos a la hora de implantar la RSC en algunas organizaciones se encuentra en la casi inexistente o deficiente relación con sus grupos de interés.

Se entiende por grupo de interés (stakeholder en inglés) cualquier grupo o individuo que puede afectar a una organización o sus actividades o verse afectado por ellas.

La relación con los grupos de interés (el stakeholder engagement) es todavía a día de hoy una asignatura pendiente en muchísimas organizaciones. Y esto no sólo pasa en aquellas que acaban de empezar a andar el camino de la responsabilidad social corporativa sino que es algo que también ocurre en muchas que no son “primerizas”.

En las “primerizas” se tiende en muchas ocasiones a tratar de manera totalmente interna y unilateral tanto la definición del mapa de grupos de interés como la selección de qué temas son relevantes para estos.

Es decir, en el mejor de los casos se reúnen los responsables de diversos departamentos, hacen un listado de cuáles creen que son los grupos a los que afectan las actividades de la organización (muchas veces la afectación en sentido contrario no suele contemplarse), sin preguntarles nada se decide cuáles son supuestamente los temas relevantes para ellos y de esos se escogen los que están más en la línea con los asuntos relevantes para la organización con el fin de construir alrededor de ellos las prácticas de RSC de la organización.

En el caso de organizaciones ya más curtidas en RSC, el stakeholder engagement muchas veces se reduce simplemente al envío de encuestas a los grupos de interés a través de las cuáles conocer sus preocupaciones más relevantes en cuanto a su relación con la organización.

A esas encuestas les seguiría la adopción unilateral de actividades y medidas relacionadas con esos temas propuestos y con suerte a posteriori, una vez se han llevado a cabo y/o se ha publicado la memoria de RSC correspondiente, se les vuelve a preguntar sobre si están de acuerdo con lo realizado y qué temas les gustaría añadir para el año siguiente.

Existen diferentes enfoques en la relación con los grupos de interés, desde casi la mera ignorancia de su existencia, pasando por las relaciones basadas simplemente en el suministro de información,otras en la que además del traspaso de información también existe la consulta a las partes, las que han avanzado otro paso más y que tienen el diálogo como herramienta principal, para acabar en aquellas relaciones completas basadas en todo lo anterior más el establecimiento de alianzas y proyectos conjuntos.

 

Beneficios de la relación con los grupos de interés.

Las organizaciones y sus grupos de interés reconocen que los problemas complejos de hoy no pueden ser resueltos por un solo actor, sino que requieren un esfuerzo coordinado de las partes que contribuya a encontrar soluciones innovadoras y sostenibles.

A través de la participación efectiva de las partes interesadas se pueden manejar esos desafíos y crear valor para todos los involucrados.

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Edelman Trust Barometer 2017: La implosión de la confianza.

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La implosión de la confianza. Así denomina Richard Edelman el estado de la confianza a la vista del último informe Edelman Trust Barometer, que se puede consultar y descargar en este enlace.

En este último año han ocurrido bastantes hechos, quizá a priori un tanto improbables o impensables, que han provocado cambios a peor en la confianza que las personas tenemos ante gobiernos, instituciones, líderes, medios informativos, empresas, etc.

Esos eventos han generado unos resultados bastante más malos que los de la edición 2016 del barómetro que analizamos hace unos meses.

 

Cambios políticos, globalización y automatización: fuentes de desconfianza.

Estamos ante una profunda crisis de confianza que tiene sus orígenes en la Gran Recesión de 2008 y la crisis económica mundial, cuyas réplicas, como si de un terremoto se tratara, se siguen sintiendo hoy con consecuencias finales aún desconocidas.

Diversos han sido los aspectos que más han contribuido a la pérdida de confianza el pasado año:

  • Cinco de los diez principales países del mundo (Brasil, Italia, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos) han cambiado de gobierno.
  • El Reino Unido votó su salida de la Unión Europea.
  • Han ocurrido atentados terroristas tanto en Europa como en Estados Unidos, a los que no estábamos tan acostumbrados.
  • La publicación de los llamados “Papeles de Panamá” ha salpicado públicamente de corrupción a gobiernos, organizaciones, deportistas, artistas, etc..
  • Es cada vez más usual la publicación de noticias falsas y sin contrastar.
  • Está cambiando la percepción de la globalización y el libre comercio, desde una perspectiva “beneficiosa” (consumo masivo a bajo precio) hacia la preocupación por la subcontratación de puestos de trabajo occidentales hacia los mercados de bajo coste.
  • La automatización de trabajos y tareas empieza a verse como una amenaza real y próxima en el tiempo para muchas profesiones y puestos de trabajo.
  • La falta de salvaguardas sociales e institucionales proporciona un terreno fértil para los movimientos populistas alimentados por el miedo.

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España, de nuevo, desconfía de sus instituciones, según el Trust Barometer 2016

Trust

En los últimos cuatro años estamos asistiendo a un crecimiento de la desigualdad en los niveles de confianza de la población mundial, basada en si las personas pertenecen al conjunto de población considerado como “élite informada” o si no forman parte de éste.

Esa situación es la que nos describe el Edelman Trust Barometer 2016 recientemente publicado y cuyo resumen ejecutivo podemos consultar aquí en inglés.

La R.A.E nos define confianza como “esperanza firme que se tiene de alguien o algo” y Schlenker dice que “la confianza se refiere a acciones futuras de otros, que eluden el propio control y por ello implican incerteza y riesgo”. La confianza, positiva, es quizá la causa primordial que hace que las relaciones de tipo personal, empresarial, económico, laboral o de cualquier otro tipo sean exitosas.

Para analizar la confianza de la población, el barómetro de Edelman realiza una diferenciación entre la que llaman “élite informada” y el resto de los mortales o “grueso de la población”. Para pertenecer a esa élite las premisas son tener una edad entre 25 y 64 años, educación universitaria, tener un nivel de ingresos familiares dentro del 25% superior en su país, estar informado de manera significativa y demostrar interés en noticias sobre negocios y políticas públicas. También para algunos datos el informe contempla lo que llaman “población general” y que a grandes rasgos vendría a ser el total de la población sin diferenciaciones de ningún tipo.

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confianza, eventos, reputación, rsc, sostenibilidad, transparencia

Confianza, trust, confiance, konfido…

 

trust

Da igual en el idioma en que la pronunciemos, la confianza es aquello en lo que se basan las relaciones exitosas.

Durante esta pasada semana he tenido la oportunidad de acudir a dos eventos en los que la palabra y el concepto de confianza salió a la palestra, y ambos eventos trataban el tema de la RSC.

El primero de ellos fue la Jornada sobre Dilemas Éticos organizada por el Colectivo de Profesionales de Consultoría en Responsabilidad Social y Sostenibilidad (RS&S), y en la que, entre otras actividades, se debatieron casos hipotéticos que se podía encontrar un consultor de RSC en el ejercicio de su actividad y que podrían chocar con el Código Deontológico que se promueve desde ese colectivo. En el grupo en el que me tuve el placer de debatir se nos asignó el dilema que puede existir para un consultor cuando un cliente con el que trabaja a menudo y que confía en él, le solicita un nuevo servicio que el consultor no domina. Después de debatir sobre el caso, llegamos a la conclusión que la mejor opción para solucionar el dilema (por encima de otras basadas por ejemplo en ofrecer un servicio no excelente con tal de no perder el cliente) era aquella que establecía una relación de confianza con una empresa que era competencia del consultor y que para este caso colaboraría con él, y que hacía además que la confianza que la empresa cliente tenía puesta en este consultor se viera reforzada. Era una solución con la que todos los actores implicados salían ganando.

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