ética, sostenibilidad, tendencias

Homeless Entrepreneur o cómo salir de la calle aprovechando el talento.

Photo by Tomas Anton Escobar on Unsplash

Están ahí, pasamos por su lado en la calle, pero muchas veces no los vemos o quizá no los queremos ver. Son los invisibles, las personas sin techo, los sin hogar, los que viven en la calle, en los cajeros y en los bancos de los parques.

Personas con historias únicas e intransferibles que normalmente y como mucho son destinatarios de ayudas asistenciales pero en pocas ocasiones reciben oportunidades para salir de la calle a través de su reinserción en el mercado laboral.

Homeless Entrepreneur (emprendedores sin techo en español), el proyecto creado en junio de 2015 e impulsado por el norteamericano Andrew Funk, pretende acabar con el llamado sin hogarismo en nuestra sociedad tras haberlo vivido en primera persona durante más de un año.

 

Emprendedores sin techo en busca de su oportunidad.

Este proyecto no pretende hacer caridad sino que quiere ofrecer oportunidades reales para que los sin hogar logren un trabajo y vuelvan a tener un techo y un futuro ilusionante por el que luchar a diario.

Tal y como el fundador del proyecto describe “no se trata simplemente de ponerles un techo a los sin hogar, sino de darles una oportunidad de ser ciudadanos participativos, convirtiendo pasivos en activos, y donaciones en depósitos que los beneficiarios del proyecto deberán reponer cuando salgan de él para ayudar a otros sin techo. No somos creadores de empleo o proveedores de techo, sino que facilitamos el desarrollo profesional y ofrecemos soluciones sostenibles de vivienda”.

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ética, comunicación, confianza, gestión de crisis, reputación, riesgos, rsc, transparencia

Facebook no ha hecho sus deberes.

Photo by William Iven on Unsplash

Por casi todos es conocida ya la frase referida a los servicios gratuitos en internet de “si aquello que recibes es gratis, es que realmente el producto eres tú”. Esa afirmación no es sólo cierta sino que ha quedado realmente patente en el escándalo en el que se ha visto implicado Facebook.

El viernes 16 de febrero, Facebook anunció la cancelación de la cuenta en la red social de la empresa británica de explotación de datos Cambridge Analytica por usar datos recopilados de manera inapropiada de los usuarios de dicha red.

Cambridge Analytica utilizó información proveniente de entre 30 y 50 millones de ciudadanos de Estados Unidos que habían sido inicialmente recopilados por el académico de la Universidad de Cambridge, Aleksandr Kogan.

Los datos se recolectaban a través de la contestación a una encuesta (gratificada con unos 2$) que tenía como únicos requerimientos ser estadounidense y descargar una app de Facebook que obtendría información sobre el encuestado y su red (p.e. datos demográficos básicos y “me gusta” de categorías, lugares, personas famosas, etc.).

Ese conjunto de datos iba a ser utilizado sólo para fines de investigación académica de manera agregada y sin posibilidad de identificar a sujetos individuales, pero no fue así.

Facebook fue conocedora de estos hechos y pidió a la empresa que destruyera estos datos en 2015, lo cual no sucedió realmente.

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Cuando lo humanitario se convierte en perverso.

Photo by Hanna Morris on Unsplash

El acoso y los abusos sexuales de todo tipo a personas de cualquier edad se ha convertido en una repugnante lacra de la cual cada día tenemos nuevas y preocupantes noticias.

Basta con ver los informativos televisivos o leer cualquier periódico para darnos cuenta de que apenas no hay día en el que no se mencione el tema, ya sea en casos sucedidos en empresas como, en el colmo de lo abominable, dentro de familias y entidades deportivas, sociales, etc.

Unas entidades sociales que, justamente por su finalidad, deberían estar libres de cualquier mácula en el trato a las personas a las cuales deben ayudar.

El último caso relativo a la organización Oxfam ha sido un auténtico escándalo del que continúa saliendo nueva información a diario.

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Cerremos la brecha de género.


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Karl Magnuson on Unsplash

 

La brecha de género es una de las mayores muestras de desigualdad en el mundo empresarial. Una desigualdad que, si bien poco a poco se va cerrando, necesita todavía de muchos cambios para que sea algo del pasado.

Seguramente todos a estas alturas conocemos el dato de que los sueldos de las mujeres en España son entre un 23,25% (según U.G.T.)  y un 35% (según Eurostat) más bajos que los de los hombres, y que a nivel mundial se calcula que la equiparación salarial entre hombres y mujeres llegará en aproximadamente 170 años.

No sólo se trata de desigualdad en cuanto a salarios, sino que también existe la desigualdad a la hora de acceder a puestos de trabajo o de recibir promociones dentro de las organizaciones.

Cómo se perciben estas brechas de género es también objeto de desigualdad si quien opina es un hombre o una mujer. Una muestra de esto se deduce del estudio “Women in the Workplace 2017” realizado por McKinsey & Co. y LeanIn.org, según el cual la mayoría de los hombres cree que el sesgo de género en el lugar de trabajo es menos frecuente e importante de lo que realmente es.

El informe muestra que casi la mitad de los hombres piensa que las mujeres están bien representadas entre las categorías laborales superiores de las empresas, aunque en promedio, solo uno de cada diez líderes sénior es mujer. Mientras, sólo un tercio de las mujeres coincide con esa manera de ver la situación.

Como vemos, diferentes visiones y sensibilidades ante una única realidad.

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Empresas, trabajadores y valores.

Photo by Helloquence on Unsplash

La no concordancia entre los valores requeridos por las empresas y los que los trabajadores ofrecen es una fuente de ineficiencias y problemas tanto internos como externos para las empresas.

Algunos expertos dicen que nuestra sociedad está inmersa en una crisis de valores. Una crisis de valores que no significa forzosamente que éstos hayan desaparecido sino que se han transformado y mutado en otros con los consiguientes cambios en cómo nos relacionamos las personas y por ende la sociedad.

Se ha pasado de unos valores más bien tradicionales a otros a los que nos ha arrastrado la sociedad actual, basados sobretodo en el individualismo, el hedonismo y el consumismo.

Lamentablemente, a otro nivel las empresas no se quedan al margen de esa crisis y parece que sus valores no están en consonancia con los que piden a sus trabajadores, ni con lo que los potenciales trabajadores que aspiran a integrarse en sus plantillas pueden ofrecer, ni con lo que éstos últimos querrían ver dentro de las empresas en las que entran a trabajar.

Hasta no hace mucho pensaba que lo anterior era meramente una especie de sensación personal, fruto de pensamientos y de comentarlo con otras personas, pero la lectura de un informe publicado recientemente con una búsqueda básica en internet ha servido para que pase de ser una sensación a una realidad.

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La responsabilidad social rinde o penaliza en términos de reputación.

 

Un año más, se ha publicado recientemente el CSR Reptrak 100 del Reputation Institute, un ranking (sobre 100 puntos) que mide la percepción que tiene el público sobre la responsabilidad social corporativa de las 100 empresas globales más reconocidas en los 15 países más importantes del mundo económicamente hablando.

Según los datos del Reputation Institute, aquellas empresas que son percibidas como socialmente responsables gozan de un mayor apoyo por parte del público en lo que respecta a comprar y recomendar sus productos y servicios, a respaldar sus comportamientos, a trabajar o invertir en ellas, o a la hora de recuperar la confianza después de las crisis que éstas puedan padecer.

 

¿Cómo mide el modelo la percepción de la RSC?

Los datos para generar el CSR Reptrak proceden del análisis de tres de los siete pilares que mide el Reptrak Pulse, concretamente los denominados ciudadanía, gobernanza y lugar de trabajo.

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Centros Especiales de Empleo éticos y profesionales: una guía para conseguirlo.

Photo by Bethany Legg on Unsplash

Hace tiempo que en el blog no hablamos de discapacidad y temas relacionados y creo que es un buen momento para hablar de la profesionalización de los Centros Especiales de Empleo (C.E.E de ahora en adelante).

Para aquellos lectores que no los conozcan, son aquellas empresas en las que su plantilla está compuesto por al menos un 70% de personas con discapacidad (PcD de ahora en adelante) reconocida por el correspondiente certificado de reconocimiento de discapacidad.

Su función general es la de servir de puente en la inserción socio-laboral de las PcD, desde el desempleo a su contratación en empresas ordinarias, aunque no siempre se acaba cumpliendo ese hecho y algunos C.E.E. son más empresas finalistas que un lugar en el que la PcD está un tiempo prudencial.

 

Derechos, obligaciones y profesionalidad de los C.E.E..

Por el hecho de ser C.E.E., las empresas tienen derechos y obligaciones en parte diferentes al de las empresas ordinarias.

Entre los derechos los más importantes son aquellos referentes a la posibilidad de obtener subvenciones tanto por creación y mantenimiento de empleo de PcD como por otros motivos. También se pueden beneficiar de cuotas de contratación específicas reservadas en algunas Administraciones, así como de más puntuación en concursos públicos. Sigue leyendo

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