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¿Cómo demostrar el valor de los negocios sostenibles a los inversores?

Photo by Chris Liverani on Unsplash

El interés de los accionistas por los impactos sociales, ambientales y económicos de las empresas se ha incrementado a medida que la RSC se ha ido haciendo su hueco en los métodos modernos de gestión empresarial.

Pero las empresas en general desconocen exactamente cómo es usada la información de sostenibilidad que proporcionan a los inversores, si les es interesante y fácil de interpretar, y por último qué parte de la información es la que tienen en cuenta en sus procesos de toma de decisiones.

Ese desconocimiento hace que sea más difícil la participación de los inversores en la integración de los problemas de sostenibilidad en la estrategia empresarial y también, por tanto, que se cree valor a largo plazo.

Para abordar los desafíos relacionados con la creación de valor a largo plazo y las brechas en la cadena de valor corporativa y de inversión, Corporate Citizenship lanzó un proyecto que sigue a otras iniciativas anteriores como ‘Focusing Capital on the Long Term’ (FCLT), que fue realizada por el Consejo de Inversiones del Plan de Pensiones de Canadá (CPPIB) y McKinsey & Company en 2013.

Un proyecto llevado a cabo a través de la revisión detallada de estudios existentes y realizando su propia investigación que ha incluido entrevistas con los principales líderes de opinión en el tema y también con inversores interesados.

El informe ‘Getting on the right track: How to demonstrate the value of sustainable business to investors‘ fue el resultado de su investigación y trata de explicar las razones por las que el modelo actual no está funcionando, y realiza recomendaciones encaminadas a proporcionar una guía práctica para los equipos de RSC y de Relaciones con los Inversores sobre cómo demostrar mejor el rendimiento real de las acciones de RSC a ese tipo de audiencia.

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cambio climático, economía circular, rsc, sostenibilidad

La epidemia del envasado inútil y el desperdicio de comida.

Photo by Hermes Rivera on Unsplash

Los niveles de, permítame el lector la expresión, tontería a la hora de vender y comprar comida llegan ya hasta límites insospechados.

Bueno, quizá no tan insospechados si detrás de ellos está el ser humano, capaz casi de cualquier cosa.

Una simple visita a la sección de frutas y hortalizas de una gran superficie comercial me confirmó la semana pasada que queda mucho por hacer en la lucha por la racionalidad a la hora de vender algunos productos que no deberían ir acompañados de ningún tipo de envoltorio, bolsa, plástico o bandeja o caja de porexpan.

Algo ridículo a todas luces y que parece que no decae sino que va en aumento en cuanto a su adopción, no sólo en número de productos sino de comercios en los que se perpetran estos atentados contra la sostenibilidad.

Tomates, plátanos, lechugas, naranjas, manzanas, zanahorias, cebollas, pepinos, etc. envueltos de alguna manera y en algunos casos sin ninguna posibilidad de ser comprados por unidades. Es decir, o te llevas la bandeja con su plástico y los seis tomates  que van en ella o no te llevas ninguno.

Se ha perdido la racionalidad que citaba antes, la de toda la vida, la que siempre ha existido al comprar en el típico colmado o tienda en el que se puede adquirir todo a granel por peso o unidades y sin necesidad de usar ningún recipiente más allá del que se utilice para llevar lo comprado hasta la cocina de cada casa.

Y para qué hablar ya de esas otras aberraciones como vender kiwis o naranjas peladas y desgajadas, o tomates en lonchas en su correspondiente bandejita y cubrimiento plástico.

Si consultamos algunas etiquetas utilizadas en Google o cualquier red social como #DesnudaLaFruta, #BreakFreeFromPlastic o #RidiculousPlastic, podremos ver diversos ejemplos de estas cosas a las que me estoy refiriendo.

Hasta he llegado a ver fotos de fruta “ecológica” envuelta de esa manera, algo que debería de hacernos crujir las neuronas de solo verlo.

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