sostenibilidad, tendencias, urbanismo

Asfixia por turismo.

Photo by Federico Giampieri on Unsplash

Diferentes enclaves turísticos de todo el mundo se encuentran con múltiples problemas derivados del gran número de visitantes que reciben, y no parece que la cosa vaya a ir a menos.

Muchas ciudades y lugares de especial interés vienen padeciendo un turismo excesivo desde hace varios años, pero es en 2017, año declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, cuando se están oyendo más y más voces a favor de su regulación, para favorecer la vida de los autóctonos, la convivencia con los visitantes y el respeto por los lugares visitados.

Según el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai, con la celebración de este Año Internacional dedicado al turismo nos encontramos ante “una oportunidad única para ampliar la contribución del sector del turismo a los tres pilares de la sostenibilidad (económico, social y del medio ambiente), así como para aumentar la concienciación sobre las verdaderas dimensiones de un sector que se suele infravalorar”.

 

Sostenibilidad, ¿dónde estás?

Muchas veces hablamos o pensamos sobre el turismo sostenible y lo que nos viene a la cabeza es realizar viajes a lugares lejanos respetando su naturaleza y a sus gentes, hospedándonos en hoteles sostenibles, haciendo el mínimo consumo necesario de sus recursos, conociendo en profundidad sus culturas, comprando productos y excursiones a los lugareños en lugar de a empresas fomentando el desarrollo local, y todas esas cosas.

Pero cada vez más, a muchos lo de turismo sostenible está dejando de hacernos soñar y  transportarnos a lugares lejanos e idílicos, y nos está haciendo poner los pies en la tierra y pensar en lo que tenemos a escasos metros de donde estamos viviendo.

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¿Urbanismo sostenible? La superisla de la discordia.

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La ciudad de Barcelona ha dado un paso más en la implantación del urbanismo sostenible, no exento de problemas y polémicas.

El pasado 5 de septiembre se puso en funcionamiento la primera superilla (en castellano superisla o también supermanzana, urbanísticamente hablando) en el barrio de Poble Nou, un hecho que no ha dejado indiferente prácticamente a nadie.

Su creación prácticamente ha polarizado a los habitantes y usuarios y prestadores de servicios de la zona en dos bandos. Hay unos que están encantados con la medida y la disfrutan y hay quienes padecen sus consecuencias y demandan que la superisla sea reconsiderada o directamente se anule y se vuelva a dejar la zona tal y como estaba.

Qué bando es mayoritario lo desconozco, pero al menos, como pasa casi siempre, los que están en contra son los que más se dejan oír y así se ha podido corroborar en los medios informativos de la ciudad.

Y este es un debate que en un futuro tendrá aún más relevancia a medida que se extiendan esas superislas a otras partes de la ciudad tal y como está programado, comenzando esa expansión en 2017. La de Poble Nou no deja de ser un “proyecto piloto” según el Ayuntamiento.

 

Pero… ¿qué es una superisla?

Según la web del Ayuntamiento de Barcelona dedicada a las Smart Cities, una superisla es “una unidad territorial más pequeña que un barrio pero mayor que una isla o manzana de casas, con calles pacificadas donde se están haciendo actuaciones urbanísticas y medioambientales”.

Se trata de acotar una serie de calles, dentro de las cuales reducir el paso de vehículos a la vez que se transforma la configuración de las mismas, consiguiendo unas zonas más sostenibles desde el punto de vista ambiental y que generen espacios para el disfrute de la ciudadanía y el establecimiento de lo que podríamos llamar “sinergias sociales”.

El Ayuntamiento dice que los objetivos principales de estas transformaciones urbanísticas son, sobre el papel:

  • Conseguir una movilidad más sostenible.
  • Revitalizar el espacio público.
  • Fomentar la biodiversidad y el verde urbano.
  • Fomentar el tejido social y la cohesión.
  • Impulsar la autosuficiencia en el uso de recursos.
  • Integrar los procesos de gobernanza.

Todos estos objetivos son muy loables y deseables, ¿pero se cumplen realmente en la definición y el funcionamiento de la superisla de Poble Nou a día de hoy?

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