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Empresas y resiliencia climática: claves para afrontar el futuro.

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En los últimos cinco años, las empresas han intensificado los esfuerzos para abordar el desafío climático, dando pasos firmes para reducir las emisiones y limitar el calentamiento de acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París, pero como se está viendo, no es suficiente.

Si bien debemos continuar implementando todos los esfuerzos posibles para limitar el calentamiento global y reducir las emisiones a la velocidad y escala adecuadas, también debemos centrarnos en adaptarnos a los cambios que ya están aquí, mientras nos preparamos simultáneamente para los cambios ambientales, regulatorios y económicos significativos que es probable que surjan en el futuro cercano.

Así de contundente es el informe “Thriving through the transformation” publicado por el World Business Council for Sustainable Development, ydiseñado para proporcionar una visión y un lenguaje comunes sobre lo que significa “resiliencia climática” para las empresas y el papel que debe desempeñar el sector privado.

Un documento que pretende ser una llamada a la acción para que la comunidad empresarial duplique sus esfuerzos en conseguir esa resiliencia, y también para que el sector público fortalezca las colaboraciones de beneficio mutuo con el sector privado.

Solo trabajando juntos podremos adaptarnos y aumentar nuestra capacidad de recuperación al cambio climático.

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Índice de Competitividad Global: Una brújula económica para tiempos inciertos.

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La globalización y la Cuarta Revolución Industrial han creado nuevas oportunidades, pero también trastornos y polarización dentro de las economías y sociedades y entre ellas.

En este contexto, el Foro Económico Mundial acaba de presentar el estudio “The Global Competitiveness Report 2019”, una nueva edición del Índice de Competitividad Mundial 4.0 basado en 40 años de experiencia en la evaluación comparativa de los factores que impulsan la competitividad a largo plazo.

Este índice es una vara de medir anual para que los encargados de la formulación de políticas miren más allá de las medidas a corto plazo y reaccionarias y evalúen, en cambio, sus progresos en relación con el conjunto de factores que determinan la productividad.

Estos factores se organizan en 12 pilares: Instituciones; Infraestructura; Adopción de las TIC; Estabilidad macroeconómica; Salud; Habilidades; Mercado de productos; Mercado laboral; Sistema financiero; Tamaño del mercado; Dinamismo empresarial; y Capacidad de innovación.

Los resultados del informe revelan que, en promedio, la mayoría de las economías siguen estando muy lejos de la “frontera” de la competitividad, es decir, del ideal agregado de todos los factores de competitividad.

El rendimiento también es desigual en los 12 pilares del índice. El informe demuestra que 10 años después de la crisis financiera y aunque los bancos centrales han inyectado casi 10 billones de dólares en la economía mundial, las inversiones para aumentar la productividad, como nuevas infraestructuras, I+D y desarrollo de aptitudes en la fuerza de trabajo actual y futura han sido subóptimas.

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La llamada a la acción de los CEO para conseguir los ODS.

CEO

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A medida que nos acercamos a 2030, con ya solo diez años para alcanzar los objetivos globales establecidos por los gobiernos con empresas y otras partes interesadas, está cada vez más claro que no estamos correctamente encaminados para lograr su cumplimiento.

Para los CEO los retos y desafíos generados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son una oportunidad para generar ventajas competitivas en sus organizaciones, pero reconocen que la comunidad empresarial podría, y debería, estar haciendo una contribución mucho mayor para lograr una economía global sostenible.

Así lo señala el estudio más completo realizado hasta la fecha sobre la contribución empresarial a los ODS, realizado por el Pacto Mundial de las Naciones Unidas y Accenture Strategy, con la participación de más de 1.000 altos ejecutivos de 21 industrias y 99 países.

El “CEO Study on Sustainability 2019”, es el quinto estudio de una serie que se realiza cada tres años y que se remonta a 2007.

En el penúltimo estudio de 2016, el 70% de los de los CEO declaró que los ODS y su marco para 2030, ayudarían a estructurar los esfuerzos de sostenibilidad para el sector privado en asociación con otras partes interesadas, y casi el 50% dijo que las empresas serían el actor más importante en el cumplimiento de los Objetivos.

En 2019 los CEO señalan que están avanzando para impulsar los resultados a través del negocio principal y aprovechar las oportunidades de mercado para obtener ventajas comerciales. De hecho, solo el 26% de los CEO en 2019 mencionó que “no hay un vínculo claro con el valor comercial” como una barrera para la sostenibilidad en comparación con el 31% en 2016 y el 37% en 2013.

Los CEO están haciendo un progreso real e impulsando tanto el impacto comercial como el de sostenibilidad, pero opinan que sus industrias y negocios en general no están haciendo lo suficiente.

Esos mismos líderes están de acuerdo en que para la mayoría de las empresas, la conciencia y el compromiso no se están impulsando con el nivel de urgencia y la acción concreta requerida y que se necesitan cambios que vayan más allá de lo meramente incremental, materializados en tres llamadas concretas a la acción que comentaremos a continuación.

 

Aumentar la ambición para cambiar los sistemas.

Para alcanzar los Objetivos Globales, los CEO dicen que los líderes empresariales deben intensificar la acción no solo para sus propias empresas, sino también, de manera crítica, impulsar la disrupción de los sistemas de mercado.

En el estudio se analizaron los indicadores de la ONU, los hallazgos del informe de progreso del Pacto Mundial de las Naciones Unidas 2019 y las recomendaciones de las conversaciones con los CEO, y se identificaron acciones de “umbral” a través de los Objetivos que las empresas pueden implementar con el fin de tener un impacto sustancial en el progreso hacia la Agenda 2030.

Por ejemplo, una empresa que imponga un salario digno a lo largo de su cadena de suministro a nivel mundial no solo avanzaría el Objetivo 8 sobre trabajo decente sino que también tendría un efecto indirecto en el Objetivo 1 para terminar con la pobreza, el Objetivo 2 para reducir el hambre, el Objetivo 3 para mejorar la salud y bienestar, y el Objetivo 4 sobre educación de calidad para los trabajadores y sus familias.

Las acciones se deben centrar primero en el impacto que las empresas pueden tener a través de sus negocios directos. Cuando las acciones avanzadas abarcan las operaciones globales, las empresas pueden hacer avances significativos para ayudar a cumplir los Objetivos.

Ampliar aún más las acciones, más allá de las operaciones directas hasta un ecosistema más amplio al de la empresa, también podría generar impacto.

Las compañías multinacionales con huellas globales y manufactura global pueden hacer avanzar la Agenda en países que pueden no tener la misma capacidad para realizar las inversiones.

El Pacto Mundial de las Naciones Unidas ha identificado el impacto empresarial sobre el clima y el género como “puntos de inflexión” para que las empresas avancen los Objetivos Globales.

Como ejemplos de lo anterior se citan en el informe las acciones de algunas empresas como Coca-Cola o Novo Nordisk.

 

Colaborar, colaborar y seguir colaborando.

Los CEO ponen énfasis en que estos desafíos de desarrollo global son más grandes que la más grande de las empresas y que para resolver verdaderamente los problemas, la colaboración es una necesidad ineludible.

Industrias y sectores enteros necesitarán impulsar la transición a nivel de sistemas: desde combustibles fósiles a energías renovables, dietas de origen animal a vegetal, o plástico de un solo uso a reciclable, como solo algunos ejemplos.

Los CEO dicen que las partes interesadas que colaboran a lo largo de la cadena de valor son cruciales para alcanzar los ODS y que todos los actores de la industria deberán ajustarse y trabajar juntos.

Más allá de sus industrias, los directivos ponen en relieve las dependencias del ecosistema, y reconocen que, en ausencia de incentivos regulatorios globales que forzarían la transición, el esfuerzo coordinado en todas las industrias y sectores será un factor clave para construir las bases económicas que creen “puntos de inflexión” para las transiciones a nivel de sistemas.

Sin embargo, para eliminar las barreras a la acción e impulsar un cambio efectivo, advierten que se debe alterar fundamentalmente la forma en que se colabora en tres áreas clave: repensar cómo abordamos estos desafíos, de dónde proviene el liderazgo y cómo se implementan las soluciones.

 

En búsqueda del liderazgo responsable.

En el estudio de este año se ha identificado en los directivos un imperativo creciente de mirar más allá de las ganancias a corto plazo y adoptar su papel como agentes de cambio para impulsar significativamente los Objetivos Globales.

El 95% de los CEO dice que están personalmente comprometidos a garantizar que sus empresas lideren la agenda del desarrollo sostenible.

Lograr la transformación de los sistemas y la colaboración en línea con la ambición de 2030 solo se puede lograr con una nueva lente para un liderazgo responsable, en el que los líderes impulsen un cambio disruptivo dentro y más allá de sus propios ecosistemas.

Los altos ejecutivos identifican diversas cualidades emergentes en los que  deben convertirse en los líderes que consigan los retos de 2030. Entre estas cualidades están las siguientes:

  • Los líderes empresariales están asumiendo cada vez más riesgos comerciales, incluida la aceptación de las opciones menos económicas a corto plazo para impulsar la economía de la sostenibilidad a través de la escala.
  • Ya no es suficiente liderar dentro de la empresa y los CEO ven una necesidad creciente de ser “responsables finales”, extender la responsabilidad a los proveedores y ecosistemas más allá de su control directo y elevar sus industrias mediante el intercambio de mejores prácticas.
  • Los líderes de la industria deben impulsar proactivamente los comportamientos y la demanda sostenibles, haciendo que la sostenibilidad sea accesible para todos.
  • La motivación personal sigue aumentando como impulsor de la sostenibilidad, y los líderes que son genuinos en sus preocupaciones por la sociedad y el planeta son más efectivos para impulsar la sostenibilidad y el rendimiento empresarial.
  • Los líderes deben actuar como catalizadores para establecer expectativas e incorporar mentalidades orientadas a un propósito a través de su estrategia, organización y personas.
  • Para tener éxito, los líderes empresariales deberán participar en asociaciones no competitivas y alianzas estratégicas, cambiando la mentalidad para tener una colaboración “ganar-ganar” dentro y fuera de sus industrias.
  • Los líderes empresariales necesitarán cada vez más “entender los problemas” y comprometerse con las partes interesadas más amplias para configurar e impulsar la adopción de soluciones basadas en la ciencia.

En definitiva, nos encontramos ante un interesante y extenso estudio que nos indica lo que los líderes corporativos creen que debe cambiar para poder conseguir la Agenda 2030, con múltiples ejemplos de lo que están haciendo las empresas en un entorno empresarial cada vez más competitivo y desafiante tanto en lo geopolítico como en lo socioeconómico y tecnológico.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 10-12-19 en Compromiso Empresarial.

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¿Cómo deben supervisar las empresas los riesgos relacionados con la sostenibilidad?

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A medida que los riesgos asociados a los problemas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), como el cambio climático, la escasez de agua y los derechos humanos se vuelven más evidentes, es cada vez más importante que las Juntas Directivas comprendan cómo estos problemas afectan a la estrategia comercial y el desempeño.

Estos riesgos podrían tener no solo impactos negativos en los objetivos comerciales, como una reducción en los objetivos de ingresos o daños a la reputación, sino que también podrían incluir oportunidades perdidas, como mercados emergentes para nuevos productos o iniciativas de ahorro de costos.

Por tanto, los impactos pueden ser financieros y materiales, y pueden extenderse a través de múltiples áreas de un negocio, a la vez que amenazan y dañan los mercados de capitales, nuestras comunidades y nuestro planeta.

Y no en un futuro o simplemente de manera hipotética, ya que muchos de estos impactos se perciben en la actualidad en casi todos los sectores de la economía.

Además, los inversores están impulsando la acción sobre la ASG pidiendo a sus compañías de cartera que demuestren el progreso en temas relevantes de ASG,  aumentando significativamente su compromiso con las empresas expuestas a los riesgos ASG, y pidiendo una mayor divulgación de estos riesgos para evaluar mejor los impactos en sus carteras y también una mayor supervisión de ellos por parte de las Juntas Directivas.

Para dar orientación a las Juntas sobre cómo pueden supervisar de manera efectiva los riesgos planteados por los problemas ASG, CERES ha publicado el informe “Running the Risk. How corporate boards can oversee environmental, social and governance  ESG issues”, en el que también se ofrecen recomendaciones concretas para las Juntas que buscan mejorar la resiliencia de sus empresas frente a estos riesgos.

 

Los riesgos ASG no están en la agenda de muchas Juntas de Dirección.

Como parte de su papel como administradores del desempeño corporativo a largo plazo, las Juntas tienen un rol fundamental que desempeñar para garantizar que las empresas conozcan y puedan navegar en un panorama de riesgos en constante evolución.

Cuando un problema ASG impacta, o tiene el potencial de afectar, al negocio, es tarea del Director ejercer una supervisión relacionada con el riesgo.

En general, los directores no priorizan los riesgos ASG porque estos riesgos no se discuten en gran medida en las salas de juntas.

Las tres barreras principales que lo impiden son el mal entendimiento de cómo los problemas ASG conllevan riesgos comerciales, la percepción errónea de que estos riesgos solo se materializarán a largo plazo, y la falta de claridad sobre cómo la función tradicional de supervisión de riesgos de la Junta puede evolucionar para incluir los riesgos planteados por los problemas ASG.

 

El papel de las Juntas en la identificación de riesgos ASG.

Entra dentro de la misión de las Juntas considerar cómo los riesgos ASG podrían afectar a la empresa, qué tipo de riesgos se pueden presentar, cómo pueden estar interrelacionados y cómo pueden manifestarse.

Históricamente, los problemas ASG han sido vistos como diferentes de otras categorías principales de riesgo, como los riesgos empresariales, de gestión empresarial y emergentes y/o no tradicionales.

Dentro de algunas empresas, la sabiduría predominante es que los riesgos ASG plantean principalmente impactos reputacionales pero, realmente, los riesgos pueden manifestarse en una amplia variedad de formas, que incluyen, entre otras, sanciones regulatorias, litigios, complicaciones laborales y pérdida de competitividad, acceso al capital y al crédito.

También es responsabilidad de la Junta el evaluar si los procesos existentes permiten el descubrimiento de riesgos ASG, preguntándose cuál es el proceso de la compañía para identificar los riesgos de los factores ASG y cuáles son los factores de riesgo que se están rastreando.

Es importante tener en cuenta que estos riesgos pueden no ser rastreados como riesgos “ASG” o de “sostenibilidad”, sino más bien como riesgos operativos, de cadena de suministro o regulatorios.

Cuando los problemas ASG aún no están identificados, las Juntas deben trabajar con la gerencia para examinar cómo se podrían fortalecer los procesos de identificación de riesgos existentes.

Idealmente, la gerencia debería recopilar información sobre los riesgos ASG de una gran variedad de fuentes. Contar con un equipo de sostenibilidad corporativa interfuncional con representación de funciones que incluyen operaciones, cadena de suministro, asuntos legales, comunicaciones y relaciones con los inversores puede ayudar a identificar el rango de estos riesgos.

 

Los grupos de interés pueden ayudar a identificar riesgos.

Otras oportunidades para conocer los riesgos ASG que enfrenta una empresa también pueden provenir de encuestas de empleados y comentarios de clientes.

Diversas empresas cuentan con procesos sistemáticos para comprometerse con las partes interesadas externas, ya sea como parte de grupos de asesoramiento externos formales o mediante diálogos regulares con las partes interesadas, que pueden ser fuentes valiosas de identificación de riesgos.

Las juntas deben revisar los riesgos que compañías similares están priorizando y abordando en sus estrategias y divulgaciones, y prestar atención a los problemas ASG que sus principales inversores consideran más relevantes para su empresa.

Como ejemplo de lo anterior, el Sustainability Accounting Standards Board (SASB) trabajó con inversores, empresas y otros para identificar los riesgos y oportunidades ESG más relevantes para las empresas en 77 sectores de la industria.

También se pueden examinar las colaboraciones entre empresas, expertos de la industria, organizaciones sin fines de lucro y agencias gubernamentales en sus respectivos sectores para gestionar el riesgo de la industria.

Sobre este punto, el informe cita como ejemplo el caso de la Alianza para la Seguridad de los Trabajadores de Bangladesh que estableció un compromiso de cinco años legalmente vinculante entre las empresas de la industria de la confección, los gobiernos de EE. UU. y Bangladesh, los formuladores de políticas, las ONG, los miembros de grupos de la sociedad civil y los trabajadores organizados para mejorar la seguridad de la fuerza laboral en las fábricas de prendas de vestir de Bangladesh después del colapso en 2013 de una fábrica de ropa en Rana Plaza.

 

Los riesgos ASG deben formar parte del sistema de gestión de riesgos de las empresas.

Los procesos de identificación de riesgos no están exentos de suposiciones y asunciones ya que están fuertemente influenciados por la cultura de riesgo de una organización.

Por esa razón, las Juntas Directivas tienen un papel importante para detectar sesgos o puntos ciegos durante todo el proceso, y  deben hacer preguntas sobre la cultura corporativa y el grado de apertura de la gerencia para compartir inquietudes, problemas y respuestas a los errores.

La gerencia también debe contestar al respecto de si el proceso de identificación de riesgos supera los riesgos ASG a corto, mediano y largo plazo, y cómo estos podrían afectar la estrategia corporativa en cada período de tiempo.

El proceso corporativo de gestión de riesgos es el conducto a través del cual se deben procesar todos los riesgos, incluidos los riesgos ASG.

Por lo general, en el pasado ese proceso de gestión no ha incluido en gran medida los riesgos ASG, pero esto está cambiando a medida que los inversores y otras partes interesadas exigen que las empresas identifiquen cómo los riesgos ASG representan una amenaza.

En 2018, COSO y WBCSD publicaron una guía sobre cómo aplicar el proceso de gestión de riesgos empresariales a los riesgos ASG, y en la que también se ofrecen recomendaciones concretas sobre cómo incorporar cuidadosamente los problemas ASG dentro del proceso de identificación de riesgos corporativos.

El informe continua con otros apartados en los que se explica cómo deben actuar las Juntas en la revisión de los riesgos ASG (a través de mapas de riesgos, bajo el prisma de la materialidad y a intervalos marcados), cuál es su papel en la toma de decisiones relacionadas con los riesgos ASG (mediante la priorización, la mitigación o adaptación a los riesgos, y la compensación a los ejecutivos en base a métricas priorizadas de ASG), y cómo se deben divulgar los riesgos materiales ASG que enfrenta una empresa y los procesos utilizados para identificarlos y abordarlos.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 7-1-20 en Compromiso Empresarial.

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Ecoansiedad: otra de las consecuencias del cambio climático.

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Año tras año, vemos que las famosas conferencias de las partes, o COP según sus siglas, no dan los resultados que todos los que nos dedicamos a estos temas esperamos.

Falta de compromisos, falta de acuerdos o acuerdos de mínimos, dificultades en las negociaciones, poca ambición, medidas superficiales, países responsables de las mayores emisiones de CO2 que no participan,  son algunas de las razones por las que los resultados de la COP son tan paupérrimos si se comparan con lo que podrían llegar a ser.

Como sociedad y teniendo en cuenta todos sus agentes, tenemos un montón de tareas y compromisos a cumplir, que están siendo incumplidos, y que terminarán probablemente lejos de los objetivos marcados.

Entre estos están la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los acuerdos de la cumbre de París, los 1,5 grados centígrados, etcétera, etcétera.

Leemos (y también escribimos y hacemos de promotores) sobre cómo mejorar en muchos aspectos, como cumplir con los ODS a niveles empresariales, educativos, en organizaciones públicas y privadas, cómo integrar la Agenda en esos niveles, etc., pero seguimos constatando que los objetivos no se cumplen y que nos quedaremos con suerte a medio camino de su cumplimiento.

En el fondo, podemos poner casi cualquier acuerdo o compromiso en temas de sostenibilidad que se nos ocurra y casi seguro que acabará incumplido.

 

¿Qué nos queda ante este panorama de incumplimientos?

Estamos todavía despertándonos de la resaca de la COP de Chile realizada en Madrid, con el sabor agridulce que suelen dejar estos eventos.

Nuestro corazón nos dice que todavía hay esperanza, que no ha sido todo tan malo como podía haber sido, que entre todos podemos, que aún queda algo de tiempo, que alguna tecnología o un cambio de gobierno en algún país poderoso hará que la cosa se arregle, que hay que tener paciencia y a la vez confianza.

Pero, cuando se nos pasa un poco ese estado tan agradable pero a la vez tan efímero y vaporoso, nuestro cerebro nos despierta rápidamente con un aldabonazo de realidad, que sigue resonando durante mucho tiempo dentro de nuestra cabeza, y que podría resumirse en palabras como decepción, resignación o angustia.

Decepción, porque parece que no aprendemos, que tanto a los poderosos como a los políticos y a una parte de la sociedad (no sé qué porcentaje) lo de la sostenibilidad del planeta, y por ende la nuestra como civilización, les importa más bien poco y anteponen toda una serie de intereses tanto económicos, como de poder o simplemente de bienestar personal a procurar que tanto nuestra generación como otras futuras puedan vivir en un mundo ya no digo mejor (que quizá sería hasta mucho pedir), sino al menos igual al que tenemos ahora.

Resignación, porque muchísimas personas ya van pensando en que poco vamos a poder hacer, en intentar capear el temporal de la mejor manera que se pueda, y sin poner grandes esperanzas en que haya mejoras a la vuelta de la esquina que nos hagan ser un poco más optimistas. Ya no digo poner pocas esperanzas en los acuerdos, las COP, los ODS, etc. puesto que poco a poco creo que se han ido perdiendo ya.

Un problema como el cambio climático, el mayor reto al que nos enfrentamos como sociedad, se ha visto hasta hace poco como algo lejano, pero estamos ya sufriendo sus consecuencias en un momento en que intentar revertir la situación es algo ya fuera de nuestro alcance, incluso si pusiéramos muchísimo esfuerzo en ello (lo cual, además, no va a suceder).

Ante lo anterior solo queda resignarnos, cruzar los dedos y esperar que el futuro sea suave dentro de lo malo.

Por último, otra posible consecuencia en la sociedad del no cumplimiento de objetivos y compromisos climáticos y medioambientales es la angustia.

Para una determinada parte de la población, dentro del sector más comprometido con la sostenibilidad, ver que no se llega a compromisos, que los pocos que hay no se cumplen, que el horizonte a medio plazo es bastante gris, y que sus esfuerzos personales en mejorar la situación se diluyen en el mar de irresponsabilidades de terceros, les provoca lo que se ha denominado como solalstalgia o eco-ansiedad.

 

Un nuevo trastorno de nuestro tiempo.

Bajo este nombre tan curioso se esconde un tipo de ansiedad que sin duda irá a más y afectará a un gran número de personas en el futuro.

La Asociación Estadounidense de Psicología define la eco-ansiedad como “un temor crónico de un cataclismo ambiental; un estrés causado por los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, y por preocuparse por el futuro de uno mismo, de los niños y las generaciones futuras”

Por tanto, en pocas palabras, es un trastorno de la ansiedad relacionado con el cambio climático y el medio ambiente.

Ante el continuo y diario goteo de noticias respecto al fracaso en contener la temperatura del planeta en unos grados determinados, las relacionadas con los fracasos en cumbres climáticas y demás, y los efectos del cambio climático que se ven día a día por televisión y en nuestro entorno más cercano, las personas más sensibles se sienten cada vez más afectadas por todo ello en una especie de pez que se muerde la cola.

Uno de los pensamientos y preocupaciones más habituales en estas personas es el escaso impacto de sus acciones en la lucha climática, mientras ven a su alrededor que no solo las organizaciones y los políticos no dan la talla sino que muchos de sus conciudadanos no están para nada concienciados.

Esta ansiedad provoca también en los afectados una necesidad de continua información sobre el cambio climático, sus impactos y cómo pueden contribuir en la lucha contra la crisis medioambiental que vivimos.

La preocupación constante en el medio ambiente y el clima hace que decisiones como qué se come, qué se compra o cómo y a dónde se viaja sean tomadas siempre bajo un prisma medioambiental.

Incluso decisiones de futuro tan relevantes e íntimas como la de decidir tener descendencia se toman en esa clave.

Incluso parejas que han tenido hijos se acaban planteando si realmente han hecho lo correcto o si han traído al mundo un ser que no sólo contribuirá a la destrucción del planeta sino que también sufrirá unas peores consecuencias durante su vida que las que les tocará vivir a sus padres.

Como es fácil de imaginar, cuando estas preocupaciones son llevadas al extremo pueden acabar en serios problemas de salud mental y desembocar en paranoias que deban ser tratadas por especialistas.

 

¿Qué se puede hacer ante este trastorno?

Las recomendaciones que los psicólogos expertos proponen para que las personas afectadas superen este trastorno se pueden resumir en una sola: ser optimista.

Continuar con las acciones positivas para el medio ambiente pero sin tomárselo como una opción de vida ni preocupándose en demasía, pero a la vez actuando como concienciadores del resto de personas, es otro de los consejos de los psicólogos para las personas eco-ansiosas.

Esa labor de concienciación es algo quizá un poco difícil de gestionar, puesto que si el mensaje que se da sobre el cambio climático es optimista, al público no le parece de suficiente importancia lo que está ocurriendo y no hacen nada para solucionarlo.

Si, por el contrario, el mensaje que se transmite es catastrofista la gente no actúa puesto que ya ve que no se va a poder hacer nada, así que para qué cambiar sus hábitos.

Sea como fuere, más allá de mensajes catastrofistas, de fracasos de cumbres y de pocos compromisos, siempre pienso que no debemos rendirnos.

Tras el inicio pesimista del inicio del artículo, no quiero finalizarlo sin dejar claro (como siempre hago) que en nuestras manos, las de todos los habitantes del planeta está el hacer que las consecuencias en el medio ambiente sean lo menos graves posibles.

Nunca hemos de dejar de intentar mejorar, lejos de extremismos y sin causarnos trastornos psicológicos.

Cualquier mejora en un ODS, una décima parte de grado centígrado menos, un compromiso con el medio ambiente llevado a cabo con éxito, va a representar un futuro menos difícil para nosotros y para los que vengan detrás.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado el 31-12-19 en Compromiso Empresarial.

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Los riesgos climáticos, a la cabeza de las preocupaciones del planeta.

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Los riesgos derivados del cambio climático y los relacionados con la acción de la mano del hombre sobre el medio ambiente, se han convertido este año, por primera vez, en los cinco riesgos más preocupantes a los que se enfrenta la humanidad en términos de probabilidad de ocurrencia, y también se les reconoce su enorme impacto potencial.

Así se asegura en la 15ª edición del estudio “The Global Risks Report 2020” publicado por el World Economic Forum (WEF), presentado el pasado 15 de enero en Londres y basado en una encuesta anual de percepción de riesgos globales, dirigida a aproximadamente 800 miembros de las diversas comunidades del WEF.

Como organización internacional de cooperación público-privada, el WEF reúne a las comunidades empresariales, gubernamentales y sin ánimo de lucro para debatir de manera orientada a la acción, y utiliza las conclusiones del estudio para informar sobre sus iniciativas dirigidas a múltiples grupos de interés a lo largo del año.

En esta ocasión se presentan por primera vez los resultados de la encuesta de más de doscientos miembros de su Comunidad Global de Shapers, una generación de emprendedores y líderes sociales globales emergentes.

Esta joven generación está utilizando cada vez más sus conocimientos digitales y sus habilidades para poner de relieve cuestiones, en particular las relacionadas con el cambio climático, que considera riesgos existenciales no sólo para su generación sino para la comunidad mundial en general.

 

Probabilidad y severidad de los riesgos.

Por primera vez en la este ranking, los cinco principales riesgos globales en términos de probabilidad en los próximos 10 años son todos ambientales:

  1. Eventos climáticos extremos con grandes daños a la propiedad, infraestructura y pérdida de vidas humanas.
  2. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático por parte de los gobiernos y las empresas.
  3. Grandes desastres naturales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y tormentas geomagnéticas.
  4. Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas (terrestres o marinos) con consecuencias irreversibles para el medio ambiente, lo que resulta en un grave agotamiento de los recursos tanto para la humanidad como para las industrias.
  5. Daños y desastres ambientales causados por el hombre, tales como derrames de petróleo o contaminación radioactiva.

 

En cuanto a los riesgos por severidad de impacto en los próximos 10 años están:

  1. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  2. Armas de destrucción masiva,incluyendo el despliegue de sistemas nucleares, químicos, biológicos y radiológicos tecnologías y materiales, creando crisis internacionales y potencial de destrucción significativa .
  3. Pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas.
  4. Eventos climáticos.
  5. Crisis de agua incluyendo una disminución significativa de la calidad y cantidad de agua dulce disponible, que tiene efectos perjudiciales para la salud humana y/o la actividad económica.

 

Como se puede observar, en este ranking de severidad de impacto se repiten tres de los riesgos con más probabilidad de ocurrencia relacionados con el medio ambiente.

 

Interconexiones de los riesgos y diferente percepción en los jóvenes.

Como no podía ser de otra forma, el aumento de la probabilidad de ocurrencia y de impacto de los desastres ambientales y el cambio climático tienen consecuencias e interconexiones con otros riesgos que también han variado su posición en el ranking.

Los riesgos en los que existe una conexión más fuerte son:

  • Fenómenos meteorológicos extremos con el fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas con el fracaso de la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.
  • Crisis alimentarias con los fenómenos climáticos extremos.
  • Ciberataques a gran escala con las averías de las infraestructuras y redes de información críticas.
  • Elevado desempleo estructural o subempleo con las consecuencias adversas de los avances tecnológicos.

 

Por su parte, la mencionada Comunidad de Shapers está aún más preocupada que el resto de comunidades encuestadas por lo que respecta a los riesgos medioambientales, otorgándoles más probabilidad de impacto y severidad, cosa que también pasa en cierta manera y algunos casos para los riesgos sociales, económicos, tecnológicos o geopolíticos.

Además, sus perspectivas de riesgo a corto plazo son diferentes del resto de la comunidad de encuestados, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.

Fuente: Traducción de World Economic Forum Global Risks Perception Survey 2019-2020.

 

2020, el año de la encrucijada climática.

Según señala en informe, para el futuro de la mitigación del cambio climático, el año 2020 es un año crítico, ya que presenta la primera oportunidad para que las naciones revisen sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático según lo establecido en el Plan de Acción de París de 2015, y para cerrar la brecha entre lo que han prometido y lo que se necesita.

No obstante, lograr un cambio significativo a corto plazo dependerá de un mayor compromiso de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Si no se aprovecha la oportunidad que ofrece el año 2020 para mitigar el cambio climático, habrá tres consecuencias principales.

En primer lugar, los riesgos de la transición aumentarán. Un mayor retraso en la reducción de las emisiones hará que es más difícil lograr los objetivos del presupuesto de carbono: las empresas y los mercados se verán en última instancia forzados a ajustarse más rápidamente, lo que podría conducir a mayores costos, a mayores interrupciones o intervenciones draconianas de políticos que pongan en peligro la estabilidad macroeconómica y financiera.

En segundo lugar, si se fracasa en implementar políticas climáticas eficaces a nivel regional o mundial se aumentará el riesgo de que los países pueden decidir unilateralmente implementar proyectos de geoingeniería como como la fertilización del océano o la inyección de aerosoles en la estratosfera.

Esto pondría aún más en riesgo a los ecosistemas. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró que los aerosoles de sulfato estratosférico podrían dañar la producción agrícola y anular los beneficios de la reducción del calentamiento.

Y por último, y quizás el más vital, es el riesgo de que el proceso específico y multilateral destinado a abordar el cambio climático pierda impulso y la acción a favor del clima se detenga.

Por ejemplo, el reciente fracaso en la COP25 para desarrollar un libro de reglas para un nuevo mercado de carbono significa que todavía no hay un sistema creíble que permita a los países pagarse mutuamente por los proyectos que reducen  las emisiones de gases de efecto invernadero.

El riesgo aquí no es simplemente que perdemos unos preciosos cinco años, sino que la percepción de fracaso drena aún más apoyo político en este proceso multilateral y socava las perspectivas de un futuro progreso.

Sin embargo, como nota positiva, se han dado ya pasos alentadores por parte de varios gobiernos, empresas, inversionistas, entidades subnacionales y la sociedad civil, trabajando juntos en áreas clave de acción climática, como la energía, la transición de la industria, la movilización de las finanzas y la agricultura, y las soluciones basadas en la naturaleza.

Estos esfuerzos de múltiples grupos de interés para avanzar en la acción climática, como se destacó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, se están convirtiendo en una componente cada vez más importante de la respuesta internacional, y también sirven como mecanismos de ayuda para reforzar la confianza de los políticos en que el cambio climático puede ser abordado con éxito.

En ese sentido, y tal y como expresó Borge Brende, Presidente del World Economic Forum en la presentación del informe, “este es el año en que los líderes mundiales deben trabajar con todos los sectores de la sociedad para reparar y revitalizar nuestros sistemas de cooperación, no sólo para obtener beneficios a corto plazo sino para hacer frente a nuestros riesgos más arraigados”.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 20-1-20 en Compromiso Empresarial.

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La importancia de la diversidad en las empresas.

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Aquellas organizaciones que no dispongan de una plantilla diversa se están perdiendo una larga serie de ventajas respecto a aquellas que sí la tienen.

Y lo anterior es así porque la diversidad y la inclusión generan productividad a medida que la capacidad de aprender y crecer unos de otros se expande exponencialmente.

El intercambio diverso de ideas impulsa una generación de ideas más rica, que a su vez conduce a mayor innovación y la creatividad.

Cuando hablo aquí de diversidad no me quedo en el ámbito quizá más utilizado en general y que suele ser el de sexo, sino que voy más allá y me refiero a otros muchos como la edad, raza, género, orientación sexual, discapacidad, religión, procedencia, o composición familiar, aunque si nos ponemos más profundos seguro que podemos sacar alguno más.

Diferentes tipos de personas están ingresando constantemente en las plantillas de las empresas. Cada una de esas personas tiene un conjunto de conocimientos, habilidades, atributos y capacidades para contribuir a un lugar de trabajo y, lo más importante, una perspectiva diversa para sugerir tanto en proyectos grupales como en discusiones.

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