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Riesgos y responsabilidad social en tiempos de guerra

Foto de Kevin Kandlbinder en Unsplash

Cuando parecía que ya habíamos pasado lo peor de la pandemia y se percibía una cierta tranquilidad no sólo en la sociedad sino a nivel empresarial, la guerra en Ucrania nos ha dado otra nueva ración de realidad y nuevos motivos de preocupación para todos.

Recuerdo haber escrito hace dos años sobre si la pandemia era un cisne negro y el porqué de serlo. Ahora nos encontramos con otro acontecimiento, una guerra que no se puede calificar como de cisne negro (ya que desgraciadamente conflictos militares ha habido y sigue habiendo muchos en muchos lugares del mundo de manera continua),  pero que muy poca gente esperaba y que, si las negociaciones no llegan a buen puerto, podría convertirse en una tercera guerra mundial.

Dejando de lado el plano humano, terrible como no puede ser de otra manera en una guerra, a nivel económico estamos notando en Europa y en otras partes del mundo las consecuencias de la dependencia de Rusia sobre todo en el ámbito energético. Además, un conflicto tan desestabilizador provoca tensiones de todo tipo en la actividad empresarial y por ende en todas las bolsas y foros económicos.

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Los bonos verdes como herramienta contra el cambio climático

Photo by Marjan Blan | @marjanblan on Unsplash

Aunque la escala de las futuras necesidades de adaptación dependerá del éxito de los actuales esfuerzos de mitigación, nos encontramos en la actualidad ante un enorme déficit de inversión para hacer frente a los impactos climáticos que ya se han producido, por lo que es necesaria la utilización de instrumentos que cambien esa situación.

Se estima que los costes anuales de adaptación para los países en desarrollo estarán en una horquilla que va entre los 140.000 y los 300.000 millones de dólares anuales de aquí a 2030, y entre los 280.000 y los 500.000 millones de dólares anuales para 2050, todo ello para adaptarse a un futuro con un aumento de 2 °C sobre niveles preindustriales. 

Sin embargo, estas estimaciones probablemente subestiman la necesidad real si se tienen en cuenta las necesidades de capital para realizar las inversiones en infraestructuras existentes y futuras que sean resilientes al cambio climático. 

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Mira arriba, o a donde quieras, pero actúa 

Photo by Tasos Mansour on Unsplash

La película “Don’t look up”, disponible en una conocida plataforma online, nos presenta un retrato de cómo funciona la sociedad actual y de cómo esta trata, o mejor dicho no lo hace, de solucionar acuciantes retos en el horizonte. 

Sin desvelar el final de la película, voy a hablar en este artículo sobre cuál es su argumento, cómo el reto al que se enfrentan en la película es de alguna manera asimilable al cambio climático, qué grupos (políticos, empresariales y sociales) salen representados y cómo sus acciones impactan en la sociedad en general.

El punto de partida de la película es sencillo. Una doctoranda estadounidense en astronomía descubre que un cometa se aproxima directamente hacia la Tierra. Su impacto generaría una destrucción total de la humanidad, por lo que, junto a un profesor de la misma materia y un equipo de comunicación, intentan por todos los medios dar a conocer el hecho a políticos, medios de comunicación y sociedad, para que se trate de hacer lo posible para que el impacto no suceda.

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Bienvenidos a la republica independiente del metaverso

Photo by julien Tromeur on Unsplash

Ya no es cuestión de si va a llegar, sino de cuándo. Esa expresión, que últimamente se está utilizando para advertir de un posible apagón eléctrico a gran escala, es también aplicable a la llegada del llamado metaverso.

En los próximos años, se creará un universo en internet, accesible mediante realidad virtual, que cubrirá todas las áreas de la vida: entretenimiento, interacción social y vida laboral, y que traerá una serie de retos más allá de su propia complejidad técnica, que no son otros que los relacionados con las reglas que regulen su funcionamiento.

Se estima que para que sea posible una adopción masiva del metaverso por parte de sus, llamémosles, ciudadanos o usuarios, será necesario que exista solo un metaverso estandarizado y no diversos metaversos no conectados entre ellos o con funcionamientos diferentes.

Por esa razón, empresas como Facebook, Microsoft y otras de origen chino se han puesto en marcha para ganar la carrera por conseguir ser los primeros en crear algo con cara y ojos al que las demás deban adaptarse. Es decir, el primero que llegue a obtener el producto podría convertirse en el único propietario del mismo, con las consecuencias que una implementación de ese puede tener a nivel económico y de poder. 

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¿Cómo integrar los factores ESG en las estrategias de inversión responsable?

Photo by Maarten van den Heuvel on Unsplash

La integración de los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en el análisis de las inversiones en acciones cotizadas es la práctica de inversión responsable más extendida en el mercado actual. 

Varios factores, entre ellos la afluencia de capital a los fondos que integran factores ASG y el creciente conocimiento de las investigaciones académicas que respaldan los beneficios, están animando a cada vez más inversores a practicar la integración de los ASG.

La inversión socialmente responsable (ISR) surgió en la década de 1970, principalmente debido a que las organizaciones religiosas creían que sus actividades de inversión debían reflejar sus valores y que su presencia como inversores podía cambiar las prácticas de las empresas. 

La ISR se consideraba en gran medida una actividad marginal, pero a medida que los inversores han explorado los beneficios financieros de los enfoques de inversión responsable y los gestores de inversiones han ido respondiendo a las demandas de los propietarios de activos, la cantidad de activos gestionados por la ISR y las estrategias ESG ha crecido drásticamente.

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La acción colectiva como herramienta contra la corrupción

Photo by Sasun Bughdaryan on Unsplash

La corrupción sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el desarrollo económico y social que, además de socavar la agenda 2030 para el desarrollo sostenible, distorsiona los mercados y afecta de forma desproporcionada a los más vulnerables. 

Delitos como el soborno, el cohecho, la connivencia, el fraude, los pagos de facilitación, o la manipulación de licitaciones son un problema global que no puede ser abordado por un solo país o un solo actor y requiere una respuesta multilateral que adopte la forma de un enfoque de toda la sociedad. 

Todas las partes interesadas deben actuar colectivamente para hacer frente a la corrupción con eficacia, avanzar en la integridad de las empresas y lograr una economía mundial más transparente tal y como resalta el informe “Uniting against corruption: A Playbook on Anti-Corruption Collective Action” realizado por el Global Compact de las Naciones Unidas.

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Objetivos basados en la ciencia para luchar contra el cambio climático

Photo by NASA on Unsplash

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha sido demoledor en cuanto a sus resultados. Por si quedaba alguna duda, el estudio deja claro que el papel dominante del ser humano en el cambio climático reciente es evidente. 

Esta conclusión se basa en una síntesis de la información procedente de múltiples líneas de evidencia, incluidas las observaciones directas de los cambios recientes en el clima de la Tierra, los análisis de los anillos de los árboles, los núcleos de hielo y otros registros a largo plazo que documentan cómo ha cambiado el clima en el pasado, así como las simulaciones por ordenador basadas en la física fundamental que rige el sistema climático.

El cambio climático ya ha aumentado la magnitud y la frecuencia de los eventos extremos de calor y ha disminuido la magnitud y la frecuencia de los eventos extremos de frío y, en algunas regiones, ha intensificado los eventos extremos de precipitación. 

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Olas de calor e incendios: una amenaza cada vez más frecuente

Photo by Joanne Francis on Unsplash

Para los científicos, la mortífera ola de calor que batió récords hace unos días en algunas zonas del oeste de Estados Unidos y Canadá habría sido prácticamente imposible sin la influencia del cambio climático que ha hecho que las temperaturas extremas sean al menos 150 veces más probables.

Según la agencia estadounidense NOAA Climate.gov, siempre es difícil cuantificar de inmediato el impacto del cambio climático en un los eventos climático extremos, pero hay muchas pruebas que demuestran que las altas temperaturas y las olas de calor han empeorado debido al cambio climático

De hecho, las olas de calor en los Estados Unidos se han producido con más frecuencia y han durado más tiempo desde la década de 1960, lo que es coherente con un calentamiento del clima debido al cambio climático. Y según el Índice de Extremos Climáticos de la NOAA, el suroeste de ese país ha experimentado un agrandamiento de la zona que sufre temperaturas altas extremas en verano durante los últimos veinte años, con muy poco alivio en los últimos seis años.

Y no sólo han aumentado las temperaturas en el pasado, sino que se prevé que sigan aumentandodebido a la liberación de gases de efecto invernadero. Concretamente, como se señala en el Informe Especial sobre la Ciencia del Clima, se espera que las temperaturas extremas aumenten aún más que las temperaturas medias en los Estados Unidos continentales. Eventos como esta ola de calor pueden ser raros todavía, pero serán más comunes a finales de siglo.

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Cumplimiento de los derechos humanos, ¿en qué deben fijarse los inversores?

Photo by Mathieu Stern on Unsplash

El movimiento globalizador ocurrido en las últimas décadas no ha funcionado en beneficio de todos, haciendo que algunos actores económicos hayan acumulado un gran poder y generando una desigual distribución de la riqueza que se ha visto, además, agravada por la pandemia de la Covid-19.

Algunas de las acciones de inversión llevadas a cabo por esos actores financieros se han venido relacionando con el abuso de los derechos humanos, haciéndose muy patente la necesidad de que estos actores cumplan con su responsabilidad internacional en ese ámbito.

La anterior es una de las conclusiones a la que llega la International Federation for Human Rights (FIDH) en su informe “From Policies to Impacts:Analysing Modern Slavery Risks in Portfolio Companies”, y en el que también ofrece a los inversores herramientas para identificar y abordar los riesgos de los derechos humanos, incluidos los riesgos de la esclavitud moderna en sus carteras de inversión.

Tras la progresiva legalización de las normas internacionales de «soft law» sobre empresas y derechos humanos, para la FIDH la «S» de «ESG» (siglas en inglés de Medio ambiente, Social y Gobernanza) ya no es un criterio opcional que los inversores pueden incluir en su proceso de toma de decisiones, sino que se está convirtiendo en parte de su deber normativo de respetar esos derechos.

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¿Qué es la Taxonomía financiera? Todo lo que debes saber para hablar de sostenibilidad en Europa

Photo by AbsolutVision on Unsplash

La Comisión Europea dio a conocer el pasado 21 de abril una primera tanda de normas de aplicación de la Taxonomía financiera sostenible de la UE, en la que se detallan los criterios técnicos que deben cumplir las empresas para obtener una etiqueta de inversión verde en Europa.

El objetivo de la Taxonomía es proporcionar definiciones adecuadas a las empresas, los inversores y los responsables políticos sobre las actividades económicas que pueden considerarse ambientalmente sostenibles, o en otras palabras, ofrecer un sistema de criba para que las empresas y los inversores determinen si una actividad económica es «verde» o no.

Mediante su implementación se espera crear seguridad para los inversores, proteger a los inversores privados del greenwashing, ayudar a las empresas a planificar la transición hacia una economía baja en carbono, mitigar la fragmentación del mercado y, finalmente, ayudar a desplazar las inversiones hacia donde más se necesitan. En resumen, la Taxonomía es una pieza clave para para aumentar las inversiones sostenibles y aplicar el Pacto Verde Europeo

Tras varios años en desarrollo, la Taxonomía es bastante extensa y compleja, y todavía no está finalizada en su totalidad. Aún así, ya se han establecido claramente  sus bases y funcionamiento, y las empresas y organizaciones están mostrando interés y atención de cara a su próxima entrada en vigor.   

¿Quiénes y cuándo deben informar en base a la Taxonomía?

El Reglamento de la Taxonomía establece tres grupos de usuarios de la misma:

  • Los participantes en el mercado financiero que ofrecen productos financieros en la UE, incluidos los proveedores de pensiones de jubilación.
  • Las grandes empresas que ya están obligadas a presentar una declaración no financiera en virtud de la Directiva sobre información no financiera.
  • La UE y los Estados miembros, al establecer medidas, normas o etiquetas públicas para los productos financieros verdes o los bonos (corporativos) verdes.

En el caso de los participantes en los mercados financieros, estos tendrán que completar sus primeros informes con respecto a la Taxonomía, cubriendo las actividades que contribuyen sustancialmente dos de sus objetivos medioambientales, como son la mitigación y/o adaptación al cambio climático, antes del 31 de diciembre de 2021. 

Por su parte, las empresas deberán informar en el primer trimestre de 2022 sobre sus actividades relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, y a finales de ese año se exigirá un conjunto ampliado de información que cubra las actividades que contribuyen sustancialmente a los seis objetivos medioambientales

Los criterios técnicos de selección para las actividades que contribuyen sustancialmente al agua, la economía circular, la prevención y el control de la contaminación y la protección de los ecosistemas se publicarán a finales de 2021, y se sumarán a los criterios relativos a mitigación y/o adaptación al cambio climático ya mencionados.

Objetivos medioambientales establecidos en el Reglamento sobre Taxonomía.

Para ser incluida en la Taxonomía, una actividad económica debe contribuir sustancialmente al menos a uno de los seis objetivos ambientales y no causar daños significativos a los otros cinco, además de cumplir con unas garantías sociales mínimas (p.ej. las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales y los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las empresas y los derechos humanos).

Criterios para incluir una actividad económica en la Taxonomía.

Por lo que respecta a la evaluación de la adecuación a la Taxonomía, esta  deberá realizarse por actividad económica y no por sector o industria. Las recomendaciones del Grupo de Expertos Técnicos en Financiación Sostenible (TEG) se estructuran en torno al sistema de clasificación industrial de la NACE (Nomenclatura de Actividades Económicas en la Comunidad Europea) de la UE, y el TEG ha establecido criterios técnicos de selección para las actividades económicas dentro de macro sectores prioritarios. 

Este sistema de clasificación fue seleccionado por su compatibilidad con los marcos estadísticos internacionales y de los Estados miembros de la UE, así como por su amplia cobertura de la economía.

¿Qué es lo que hay que reportar?

Los requisitos en cuanto a información que se debe proporcionar difieren entre las empresas financieras y las no financieras. 

Algunas empresas financieras estarán sujetas al requisito de divulgación de los participantes en el mercado financiero. Todas las empresas sujetas a este requisito deberán incluir una descripción de cómo, y en qué medida, sus actividades están asociadas a las actividades alineadas con la Taxonomía. 

Para las empresas no financieras, la divulgación a proporcionar deberá incluir:

  • La proporción del volumen de negocio alineado con la Taxonomía y que permite a los inversores informar del porcentaje de su fondo invertido en actividades alineadas con la Taxonomía.
  • Las inversiones y, en su caso, los gastos generales alineados con la Taxonomía que dan a los inversores una idea muy clara de la dirección de la empresa, siendo una variable clave para evaluar la credibilidad de su estrategia y ayuda a los inversores a decidir si están de acuerdo con ese enfoque estratégico.

Esta divulgación deberá hacerse como parte de la declaración no financiera, que puede estar ubicada en el informe anual o en un informe de sostenibilidad específico.

El Reglamento sobre la Taxonomía exige a las empresas que faciliten información a nivel de empresa, aunque se pueden hacer otras divulgaciones voluntarias, incluyendo las divulgaciones a nivel de proyecto.

La implementación de la Taxonomía ha de servir como facilitadora del reporting, es decir, debe ayudar a medir el grado de adecuación ambiental futuro de un producto de inversión y a comunicarlo claramente, permitiendo conocer el porcentaje de actividades de una empresas que están alineadas con los objetivos medioambientales de la UE.

Además, también se convierte en una herramienta para la transición hacía una economía baja en carbono al ayudar a los inversores y empresas a planificar e informar sobre su modelo energético y productivo, estableciendo objetivos y hojas de ruta para diferentes actividades económicas.

Una metodología sólida y en evolución

La Taxonomía está basada en un marco conceptual y una metodología sólidos, aunque ha recibido algunas críticas.

Concretamente, aunque la Comisión Europea, con el apoyo del TEG y de la Plataforma de Finanzas Sostenibles, logró un enfoque científico y basado en pruebas para algunos criterios económicos, la propuesta final realizada va en contra, según voces críticas, de las recomendaciones basadas en la ciencia del TEG para las actividades relacionadas con la bioenergía y la silvicultura.

Ante esas críticas, en la presentación en público de la Taxonomía, la Comisaria de Servicios Financieros de la UE, Mairead McGuiness, defendió el enfoque científico de la Comisión sobre la taxonomía, y también insistió en la necesidad de llegar a algunos compromisos al respecto, admitiendo que el diálogo con los Estados miembros de la UE, el Parlamento Europeo y las partes interesadas del sector había sido intenso en relación a esas cuestiones.

Para McGuiness, la taxonomía «es un documento vivo» que «evolucionará con la ciencia y la tecnología», y señaló que se llevarán a cabo actualizaciones en el reglamento cuando se hagan cambios en las leyes de la UE sobre el clima, la energía y la agricultura.

La Comisión está preparando actualmente una herramienta informática que facilitará el uso de la taxonomía permitiendo a los usuarios navegar de forma sencilla por ella.

Nota: este artículo fue publicado el 24-5-21 en Compromiso Empresarial.

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