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Las mujeres en el centro de la economía para que la pandemia no aumente la brecha.

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El año 2020, que marca el vigésimo quinto aniversario de la Plataforma de Acción de Beijing, tenía como objetivo ser pionero en materia de igualdad de género.

En cambio, con la propagación del COVID-19, incluso los limitados logros alcanzados en las últimas décadas corren el riesgo de retroceder.

Debido a la pandemia se están profundizando las desigualdades que ya existían, exponiendo las vulnerabilidades de los sistemas sociales, políticos y económicos que, a su vez, amplifican los impactos de la pandemia.

En todas las esferas, desde la salud a la economía, pasando por la seguridad, los impactos de COVID-19 se agravan para las mujeres y las niñas simplemente en virtud de su sexo.

Así de claro se muestra el informe “The Impact of COVID-19 on Women” realizado por las Naciones Unidas, y en el que se subraya que la actual crisis no sólo es un desafío para los sistemas de salud mundiales sino también una prueba de nuestro espíritu humano, y también que la recuperación debe conducir a un mundo más equitativo y más resistente a las crisis futuras.

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SASB: el estándar de reporte dirigido a los inversores.

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Tal y como comenté hace unas semanas en el blog (véase “SASB y TFCD y su importancia en el reporte de sostenibilidad”), dedicaré un artículo a cada uno de esos dos esquemas de reporte, empezando por éste dedicado al Sustainability Accounting Standards Board (SASB).

El pasado 1 de junio se llevó a cabo un interesante webinar promocionado por la Asociación Española para las Relaciones con Inversores (AERI)titulado “SASB and ESG Disclosure. Why is BlackRock actively recommending to use it?”. En él, por parte de AERI participaron Manuel Enrich, Presidente, y Tomás Conde, Asesor, participaron un peso pesado de BlackRock, Michelle Edkins, Jefa de Administración de Inversiones, y el Director de Extensión Corporativa de SASB, Neil Stewart.

La administración de inversiones es uno de los componentes esenciales de la responsabilidad fiduciaria de BlackRock con sus clientes. Los clientes que invierten en estrategias de índices son esencialmente accionistas permanentes y proporcionan capital a largo plazo a las empresas.

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¿Aprovecharemos este momento de cambios?

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Photo by Markus Spiske on Unsplash

El coronavirus ha copado casi toda la atención mediática, y temas y problemáticas que estaban en el candelero hace escasas semanas han desaparecido de los medios especializados, incluyendo este.

Asuntos que parecían (y son) muy importantes ahora parecen nimios, desplazados totalmente de la actualidad por el tsunami del COVID-19.

Y esto es algo totalmente normal ante el bofetón de realidad que hemos sufrido.

Nos hemos dado cuenta de que en el fondo nuestra manera de vivir es muy frágil y vulnerable ante una enfermedad con la que no contábamos. Estamos encerrados y nos hemos quedado como un ciervo en medio de la carretera, sorprendido, paralizado y mirando fijamente a las luces de un coche que amenaza con pasarle por encima, sin saber qué hacer.

Leemos en muchísimos sitios que estamos ante un momento clave para cambiar. Cambiar hacia un nuevo paradigma, una nueva sociedad, un nuevo modelo económico, un modo de funcionamiento sostenible, respetuoso, circular y dirigido a no colapsar nuestro planeta y a minimizar el cambio climático.

No seré yo quien dude que quizá es “el momento” pero, desde mi punto de vista y pidiendo perdón de antemano por ser un poco agorero, me parece que va a ser imposible que suceda, y firmaría ahora mismo con que llegáramos a lograr el 50% de todos esos deseos en un futuro a medio o largo plazo.

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Los ODS, amenazados por el coronavirus, pero salvables con colaboración.

Photo by Perry Grone on Unsplash

Es probable que la crisis de COVID-19 tenga un efecto profundo y negativo en los esfuerzos de desarrollo sostenible. Una prolongada desaceleración económica mundial tendrá un efecto negativo en la aplicación del Programa de Desarrollo Sostenible de 2030 y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Pero una colaboración global y coordinada puede paliar sus daños.

Nos enfrentamos a una crisis sanitaria mundial como ninguna otra en los últimos tiempos que está matando a personas y propagando el sufrimiento humano, por lo que es mucho más que una crisis de salud. Es una crisis humana porque la enfermedad está atacando a las sociedades en su núcleo.

Así de contundente se muestra las ONU en su recién publicado informe “Shared responsibility, global solidarity: Responding to the socio-economics impacts of COVID-19”, que pretende ser una llamada a la acción para que se dé la necesaria e inmediata respuesta sanitaria para eliminar la transmisión del virus y poner fin a la pandemia, pero sobretodo para que se aborden las numerosas dimensiones sociales y económicas de esta crisis.

La ONU destaca la necesidad de centrarse en las personas y organizaciones cuya situación sea más delicada y que se vean más impactadas por la situación, como mujeres, jóvenes, trabajadores con salarios bajos, pequeñas y medianas empresas, el sector no estructurado y los grupos vulnerables que ya estaban en situación de riesgo con anterioridad.

El impacto en el medio ambiente, por otra parte, probablemente sea positivo a corto plazo, ya que la drástica reducción de la actividad económica provocada por la crisis ha reducido las emisiones de CO2 y la contaminación en muchas áreas. Pero estas mejoras serán de corta duración, a menos que los países cumplan con su compromiso con el desarrollo sostenible una vez que la crisis haya terminado y la economía mundial se reinicie.

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El propósito corporativo en tiempos de coronavirus.

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Photo by Adli Wahid on Unsplash

La actual crisis del coronavirus va a traer grandes cambios tanto a nuestra sociedad como a las empresas. La adaptación de éstas últimas a esos cambios se va a tener que hacer no solo pensando en la empresa como un ente sino también en las interrelaciones que ésta tiene con su entorno.

Mantenerse firmes y guiarse en el propósito y los valores empresariales es la mejor manera para afrontar esta nueva situación. A esa conclusión llegaron los participantes en el webinar “El propósito corporativo: clave para la salida de la crisis del COVID 19” que organizó Señor Lobo & Friends con la participación de tres ponentes de diferentes sectores que aportaron sus ideas y visión de cómo han de comportarse las organizaciones durante la crisis.

Para los ponentes, el propósito corporativo ha de ser algo más que unas letras en un papel. En momentos de cambios transcendentales como el que estamos viviendo es esencial que las empresas expliquen tanto a la sociedad como a sus empleados cuál es ese propósito y transmitan sus valores en cada acción que realicen, contribuyendo con esos gestos al bienestar social.

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COVID-19 ¿cisne negro o se podía predecir?

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Photo by Qurratul Ayin Sadia on Unsplash

La crisis mundial que ha creado la pandemia del coronavirus o COVID-19 se ha convertido desde hace unas semanas en casi la única noticia de la que se habla y se ha puesto como ejemplo de la teoría del cisne negro.

Dicha teoría, postulada por el filósofo e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb, se utiliza para describir el impacto que los eventos que ocurren por sorpresa tienen en los aspectos sociales. Estos eventos no tienen precedentes en un momento determinado hasta que ocurren, tienen un gran impacto y pueden  tener una previsibilidad retrospectiva, es decir, aunque son casi imposibles de predecir y, por lo tanto, casi imposibles de mitigar, en retrospectiva parecen como si fueran obvios e inevitables.

Dentro de los eventos calificados como cisnes negros podemos contar con ejemplos como la burbuja de las punto com de 2001, el colapso financiero del mercado inmobiliario de los Estados Unidos durante la crisis de 2008, o el caso de  hiperinflación del siglo XXI en Zimbabue también en 2008, entre otros.

De alguna manera conectado con el hecho de que estos eventos vistos en retrospectiva sean aparentemente evitables, está otro de los términos que se vienen usando últimamente, sobre todo en redes sociales, para referirse a las personas que se dedican criticar muy ferozmente las previsiones de expertos, gobiernos y demás cuando éstas no se han cumplido. A estas personas se les ha bautizado con el término, un tanto jocoso, de “capitán a posteriori”.

Estos días las redes se han acabado convirtiendo en un cúmulo de discusiones baldías entre los capitanes a posteriori, los que habían hecho las previsiones no acertadas, y los defensores de unos y otros.

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SASB y TFCD y su importancia en el reporte de sostenibilidad.

Photo by Scott Graham on Unsplash

No es ningún misterio que la inversión socialmente responsable (ISR) está experimentando un importante crecimiento en los últimos años. Los llamados criterios ESG (por las siglas de Environmental, Social y Governance) están siendo tenidos en cuenta para valorar el desempeño de RSC de las empresas y su sostenibilidad presente y futura, y, por tanto, para que los inversores tomen sus decisiones sobre en qué organizaciones poner su dinero y en cuáles no.

BlackRock, la empresa de gestión de inversiones estadounidense considerada como la más grande del mundo en gestión de activos, lleve tiempo destacando que,  como inversionistas a largo plazo que son, la consideración de los riesgos ESG les ayuda a proporcionar un valor sostenible a sus clientes.

En línea con lo anterior, en su última carta abierta a los CEO publicada a inicios de año, el fundador, presidente y director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, explicaba que la concienciación de la sociedad al respecto del cambio climático está cambiando muy rápido, lo cual nos pone al borde de un cambio estructural de las finanzas, convenciendo a inversores a reevaluar los supuestos básicos sobre las finanzas actuales y haciéndoles reconocer que el riesgo climático es también un riesgo de inversión.

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Empresas y resiliencia climática: claves para afrontar el futuro.

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En los últimos cinco años, las empresas han intensificado los esfuerzos para abordar el desafío climático, dando pasos firmes para reducir las emisiones y limitar el calentamiento de acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París, pero como se está viendo, no es suficiente.

Si bien debemos continuar implementando todos los esfuerzos posibles para limitar el calentamiento global y reducir las emisiones a la velocidad y escala adecuadas, también debemos centrarnos en adaptarnos a los cambios que ya están aquí, mientras nos preparamos simultáneamente para los cambios ambientales, regulatorios y económicos significativos que es probable que surjan en el futuro cercano.

Así de contundente es el informe “Thriving through the transformation” publicado por el World Business Council for Sustainable Development, ydiseñado para proporcionar una visión y un lenguaje comunes sobre lo que significa “resiliencia climática” para las empresas y el papel que debe desempeñar el sector privado.

Un documento que pretende ser una llamada a la acción para que la comunidad empresarial duplique sus esfuerzos en conseguir esa resiliencia, y también para que el sector público fortalezca las colaboraciones de beneficio mutuo con el sector privado.

Solo trabajando juntos podremos adaptarnos y aumentar nuestra capacidad de recuperación al cambio climático.

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¿Cómo deben supervisar las empresas los riesgos relacionados con la sostenibilidad?

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A medida que los riesgos asociados a los problemas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), como el cambio climático, la escasez de agua y los derechos humanos se vuelven más evidentes, es cada vez más importante que las Juntas Directivas comprendan cómo estos problemas afectan a la estrategia comercial y el desempeño.

Estos riesgos podrían tener no solo impactos negativos en los objetivos comerciales, como una reducción en los objetivos de ingresos o daños a la reputación, sino que también podrían incluir oportunidades perdidas, como mercados emergentes para nuevos productos o iniciativas de ahorro de costos.

Por tanto, los impactos pueden ser financieros y materiales, y pueden extenderse a través de múltiples áreas de un negocio, a la vez que amenazan y dañan los mercados de capitales, nuestras comunidades y nuestro planeta.

Y no en un futuro o simplemente de manera hipotética, ya que muchos de estos impactos se perciben en la actualidad en casi todos los sectores de la economía.

Además, los inversores están impulsando la acción sobre la ASG pidiendo a sus compañías de cartera que demuestren el progreso en temas relevantes de ASG,  aumentando significativamente su compromiso con las empresas expuestas a los riesgos ASG, y pidiendo una mayor divulgación de estos riesgos para evaluar mejor los impactos en sus carteras y también una mayor supervisión de ellos por parte de las Juntas Directivas.

Para dar orientación a las Juntas sobre cómo pueden supervisar de manera efectiva los riesgos planteados por los problemas ASG, CERES ha publicado el informe “Running the Risk. How corporate boards can oversee environmental, social and governance  ESG issues”, en el que también se ofrecen recomendaciones concretas para las Juntas que buscan mejorar la resiliencia de sus empresas frente a estos riesgos.

 

Los riesgos ASG no están en la agenda de muchas Juntas de Dirección.

Como parte de su papel como administradores del desempeño corporativo a largo plazo, las Juntas tienen un rol fundamental que desempeñar para garantizar que las empresas conozcan y puedan navegar en un panorama de riesgos en constante evolución.

Cuando un problema ASG impacta, o tiene el potencial de afectar, al negocio, es tarea del Director ejercer una supervisión relacionada con el riesgo.

En general, los directores no priorizan los riesgos ASG porque estos riesgos no se discuten en gran medida en las salas de juntas.

Las tres barreras principales que lo impiden son el mal entendimiento de cómo los problemas ASG conllevan riesgos comerciales, la percepción errónea de que estos riesgos solo se materializarán a largo plazo, y la falta de claridad sobre cómo la función tradicional de supervisión de riesgos de la Junta puede evolucionar para incluir los riesgos planteados por los problemas ASG.

 

El papel de las Juntas en la identificación de riesgos ASG.

Entra dentro de la misión de las Juntas considerar cómo los riesgos ASG podrían afectar a la empresa, qué tipo de riesgos se pueden presentar, cómo pueden estar interrelacionados y cómo pueden manifestarse.

Históricamente, los problemas ASG han sido vistos como diferentes de otras categorías principales de riesgo, como los riesgos empresariales, de gestión empresarial y emergentes y/o no tradicionales.

Dentro de algunas empresas, la sabiduría predominante es que los riesgos ASG plantean principalmente impactos reputacionales pero, realmente, los riesgos pueden manifestarse en una amplia variedad de formas, que incluyen, entre otras, sanciones regulatorias, litigios, complicaciones laborales y pérdida de competitividad, acceso al capital y al crédito.

También es responsabilidad de la Junta el evaluar si los procesos existentes permiten el descubrimiento de riesgos ASG, preguntándose cuál es el proceso de la compañía para identificar los riesgos de los factores ASG y cuáles son los factores de riesgo que se están rastreando.

Es importante tener en cuenta que estos riesgos pueden no ser rastreados como riesgos “ASG” o de “sostenibilidad”, sino más bien como riesgos operativos, de cadena de suministro o regulatorios.

Cuando los problemas ASG aún no están identificados, las Juntas deben trabajar con la gerencia para examinar cómo se podrían fortalecer los procesos de identificación de riesgos existentes.

Idealmente, la gerencia debería recopilar información sobre los riesgos ASG de una gran variedad de fuentes. Contar con un equipo de sostenibilidad corporativa interfuncional con representación de funciones que incluyen operaciones, cadena de suministro, asuntos legales, comunicaciones y relaciones con los inversores puede ayudar a identificar el rango de estos riesgos.

 

Los grupos de interés pueden ayudar a identificar riesgos.

Otras oportunidades para conocer los riesgos ASG que enfrenta una empresa también pueden provenir de encuestas de empleados y comentarios de clientes.

Diversas empresas cuentan con procesos sistemáticos para comprometerse con las partes interesadas externas, ya sea como parte de grupos de asesoramiento externos formales o mediante diálogos regulares con las partes interesadas, que pueden ser fuentes valiosas de identificación de riesgos.

Las juntas deben revisar los riesgos que compañías similares están priorizando y abordando en sus estrategias y divulgaciones, y prestar atención a los problemas ASG que sus principales inversores consideran más relevantes para su empresa.

Como ejemplo de lo anterior, el Sustainability Accounting Standards Board (SASB) trabajó con inversores, empresas y otros para identificar los riesgos y oportunidades ESG más relevantes para las empresas en 77 sectores de la industria.

También se pueden examinar las colaboraciones entre empresas, expertos de la industria, organizaciones sin fines de lucro y agencias gubernamentales en sus respectivos sectores para gestionar el riesgo de la industria.

Sobre este punto, el informe cita como ejemplo el caso de la Alianza para la Seguridad de los Trabajadores de Bangladesh que estableció un compromiso de cinco años legalmente vinculante entre las empresas de la industria de la confección, los gobiernos de EE. UU. y Bangladesh, los formuladores de políticas, las ONG, los miembros de grupos de la sociedad civil y los trabajadores organizados para mejorar la seguridad de la fuerza laboral en las fábricas de prendas de vestir de Bangladesh después del colapso en 2013 de una fábrica de ropa en Rana Plaza.

 

Los riesgos ASG deben formar parte del sistema de gestión de riesgos de las empresas.

Los procesos de identificación de riesgos no están exentos de suposiciones y asunciones ya que están fuertemente influenciados por la cultura de riesgo de una organización.

Por esa razón, las Juntas Directivas tienen un papel importante para detectar sesgos o puntos ciegos durante todo el proceso, y  deben hacer preguntas sobre la cultura corporativa y el grado de apertura de la gerencia para compartir inquietudes, problemas y respuestas a los errores.

La gerencia también debe contestar al respecto de si el proceso de identificación de riesgos supera los riesgos ASG a corto, mediano y largo plazo, y cómo estos podrían afectar la estrategia corporativa en cada período de tiempo.

El proceso corporativo de gestión de riesgos es el conducto a través del cual se deben procesar todos los riesgos, incluidos los riesgos ASG.

Por lo general, en el pasado ese proceso de gestión no ha incluido en gran medida los riesgos ASG, pero esto está cambiando a medida que los inversores y otras partes interesadas exigen que las empresas identifiquen cómo los riesgos ASG representan una amenaza.

En 2018, COSO y WBCSD publicaron una guía sobre cómo aplicar el proceso de gestión de riesgos empresariales a los riesgos ASG, y en la que también se ofrecen recomendaciones concretas sobre cómo incorporar cuidadosamente los problemas ASG dentro del proceso de identificación de riesgos corporativos.

El informe continua con otros apartados en los que se explica cómo deben actuar las Juntas en la revisión de los riesgos ASG (a través de mapas de riesgos, bajo el prisma de la materialidad y a intervalos marcados), cuál es su papel en la toma de decisiones relacionadas con los riesgos ASG (mediante la priorización, la mitigación o adaptación a los riesgos, y la compensación a los ejecutivos en base a métricas priorizadas de ASG), y cómo se deben divulgar los riesgos materiales ASG que enfrenta una empresa y los procesos utilizados para identificarlos y abordarlos.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 7-1-20 en Compromiso Empresarial.

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Los riesgos climáticos, a la cabeza de las preocupaciones del planeta.

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Los riesgos derivados del cambio climático y los relacionados con la acción de la mano del hombre sobre el medio ambiente, se han convertido este año, por primera vez, en los cinco riesgos más preocupantes a los que se enfrenta la humanidad en términos de probabilidad de ocurrencia, y también se les reconoce su enorme impacto potencial.

Así se asegura en la 15ª edición del estudio “The Global Risks Report 2020” publicado por el World Economic Forum (WEF), presentado el pasado 15 de enero en Londres y basado en una encuesta anual de percepción de riesgos globales, dirigida a aproximadamente 800 miembros de las diversas comunidades del WEF.

Como organización internacional de cooperación público-privada, el WEF reúne a las comunidades empresariales, gubernamentales y sin ánimo de lucro para debatir de manera orientada a la acción, y utiliza las conclusiones del estudio para informar sobre sus iniciativas dirigidas a múltiples grupos de interés a lo largo del año.

En esta ocasión se presentan por primera vez los resultados de la encuesta de más de doscientos miembros de su Comunidad Global de Shapers, una generación de emprendedores y líderes sociales globales emergentes.

Esta joven generación está utilizando cada vez más sus conocimientos digitales y sus habilidades para poner de relieve cuestiones, en particular las relacionadas con el cambio climático, que considera riesgos existenciales no sólo para su generación sino para la comunidad mundial en general.

 

Probabilidad y severidad de los riesgos.

Por primera vez en la este ranking, los cinco principales riesgos globales en términos de probabilidad en los próximos 10 años son todos ambientales:

  1. Eventos climáticos extremos con grandes daños a la propiedad, infraestructura y pérdida de vidas humanas.
  2. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático por parte de los gobiernos y las empresas.
  3. Grandes desastres naturales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y tormentas geomagnéticas.
  4. Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas (terrestres o marinos) con consecuencias irreversibles para el medio ambiente, lo que resulta en un grave agotamiento de los recursos tanto para la humanidad como para las industrias.
  5. Daños y desastres ambientales causados por el hombre, tales como derrames de petróleo o contaminación radioactiva.

 

En cuanto a los riesgos por severidad de impacto en los próximos 10 años están:

  1. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  2. Armas de destrucción masiva,incluyendo el despliegue de sistemas nucleares, químicos, biológicos y radiológicos tecnologías y materiales, creando crisis internacionales y potencial de destrucción significativa .
  3. Pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas.
  4. Eventos climáticos.
  5. Crisis de agua incluyendo una disminución significativa de la calidad y cantidad de agua dulce disponible, que tiene efectos perjudiciales para la salud humana y/o la actividad económica.

 

Como se puede observar, en este ranking de severidad de impacto se repiten tres de los riesgos con más probabilidad de ocurrencia relacionados con el medio ambiente.

 

Interconexiones de los riesgos y diferente percepción en los jóvenes.

Como no podía ser de otra forma, el aumento de la probabilidad de ocurrencia y de impacto de los desastres ambientales y el cambio climático tienen consecuencias e interconexiones con otros riesgos que también han variado su posición en el ranking.

Los riesgos en los que existe una conexión más fuerte son:

  • Fenómenos meteorológicos extremos con el fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas con el fracaso de la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.
  • Crisis alimentarias con los fenómenos climáticos extremos.
  • Ciberataques a gran escala con las averías de las infraestructuras y redes de información críticas.
  • Elevado desempleo estructural o subempleo con las consecuencias adversas de los avances tecnológicos.

 

Por su parte, la mencionada Comunidad de Shapers está aún más preocupada que el resto de comunidades encuestadas por lo que respecta a los riesgos medioambientales, otorgándoles más probabilidad de impacto y severidad, cosa que también pasa en cierta manera y algunos casos para los riesgos sociales, económicos, tecnológicos o geopolíticos.

Además, sus perspectivas de riesgo a corto plazo son diferentes del resto de la comunidad de encuestados, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.

Fuente: Traducción de World Economic Forum Global Risks Perception Survey 2019-2020.

 

2020, el año de la encrucijada climática.

Según señala en informe, para el futuro de la mitigación del cambio climático, el año 2020 es un año crítico, ya que presenta la primera oportunidad para que las naciones revisen sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático según lo establecido en el Plan de Acción de París de 2015, y para cerrar la brecha entre lo que han prometido y lo que se necesita.

No obstante, lograr un cambio significativo a corto plazo dependerá de un mayor compromiso de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Si no se aprovecha la oportunidad que ofrece el año 2020 para mitigar el cambio climático, habrá tres consecuencias principales.

En primer lugar, los riesgos de la transición aumentarán. Un mayor retraso en la reducción de las emisiones hará que es más difícil lograr los objetivos del presupuesto de carbono: las empresas y los mercados se verán en última instancia forzados a ajustarse más rápidamente, lo que podría conducir a mayores costos, a mayores interrupciones o intervenciones draconianas de políticos que pongan en peligro la estabilidad macroeconómica y financiera.

En segundo lugar, si se fracasa en implementar políticas climáticas eficaces a nivel regional o mundial se aumentará el riesgo de que los países pueden decidir unilateralmente implementar proyectos de geoingeniería como como la fertilización del océano o la inyección de aerosoles en la estratosfera.

Esto pondría aún más en riesgo a los ecosistemas. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró que los aerosoles de sulfato estratosférico podrían dañar la producción agrícola y anular los beneficios de la reducción del calentamiento.

Y por último, y quizás el más vital, es el riesgo de que el proceso específico y multilateral destinado a abordar el cambio climático pierda impulso y la acción a favor del clima se detenga.

Por ejemplo, el reciente fracaso en la COP25 para desarrollar un libro de reglas para un nuevo mercado de carbono significa que todavía no hay un sistema creíble que permita a los países pagarse mutuamente por los proyectos que reducen  las emisiones de gases de efecto invernadero.

El riesgo aquí no es simplemente que perdemos unos preciosos cinco años, sino que la percepción de fracaso drena aún más apoyo político en este proceso multilateral y socava las perspectivas de un futuro progreso.

Sin embargo, como nota positiva, se han dado ya pasos alentadores por parte de varios gobiernos, empresas, inversionistas, entidades subnacionales y la sociedad civil, trabajando juntos en áreas clave de acción climática, como la energía, la transición de la industria, la movilización de las finanzas y la agricultura, y las soluciones basadas en la naturaleza.

Estos esfuerzos de múltiples grupos de interés para avanzar en la acción climática, como se destacó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, se están convirtiendo en una componente cada vez más importante de la respuesta internacional, y también sirven como mecanismos de ayuda para reforzar la confianza de los políticos en que el cambio climático puede ser abordado con éxito.

En ese sentido, y tal y como expresó Borge Brende, Presidente del World Economic Forum en la presentación del informe, “este es el año en que los líderes mundiales deben trabajar con todos los sectores de la sociedad para reparar y revitalizar nuestros sistemas de cooperación, no sólo para obtener beneficios a corto plazo sino para hacer frente a nuestros riesgos más arraigados”.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 20-1-20 en Compromiso Empresarial.

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