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Ecoansiedad: otra de las consecuencias del cambio climático.

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Año tras año, vemos que las famosas conferencias de las partes, o COP según sus siglas, no dan los resultados que todos los que nos dedicamos a estos temas esperamos.

Falta de compromisos, falta de acuerdos o acuerdos de mínimos, dificultades en las negociaciones, poca ambición, medidas superficiales, países responsables de las mayores emisiones de CO2 que no participan,  son algunas de las razones por las que los resultados de la COP son tan paupérrimos si se comparan con lo que podrían llegar a ser.

Como sociedad y teniendo en cuenta todos sus agentes, tenemos un montón de tareas y compromisos a cumplir, que están siendo incumplidos, y que terminarán probablemente lejos de los objetivos marcados.

Entre estos están la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los acuerdos de la cumbre de París, los 1,5 grados centígrados, etcétera, etcétera.

Leemos (y también escribimos y hacemos de promotores) sobre cómo mejorar en muchos aspectos, como cumplir con los ODS a niveles empresariales, educativos, en organizaciones públicas y privadas, cómo integrar la Agenda en esos niveles, etc., pero seguimos constatando que los objetivos no se cumplen y que nos quedaremos con suerte a medio camino de su cumplimiento.

En el fondo, podemos poner casi cualquier acuerdo o compromiso en temas de sostenibilidad que se nos ocurra y casi seguro que acabará incumplido.

 

¿Qué nos queda ante este panorama de incumplimientos?

Estamos todavía despertándonos de la resaca de la COP de Chile realizada en Madrid, con el sabor agridulce que suelen dejar estos eventos.

Nuestro corazón nos dice que todavía hay esperanza, que no ha sido todo tan malo como podía haber sido, que entre todos podemos, que aún queda algo de tiempo, que alguna tecnología o un cambio de gobierno en algún país poderoso hará que la cosa se arregle, que hay que tener paciencia y a la vez confianza.

Pero, cuando se nos pasa un poco ese estado tan agradable pero a la vez tan efímero y vaporoso, nuestro cerebro nos despierta rápidamente con un aldabonazo de realidad, que sigue resonando durante mucho tiempo dentro de nuestra cabeza, y que podría resumirse en palabras como decepción, resignación o angustia.

Decepción, porque parece que no aprendemos, que tanto a los poderosos como a los políticos y a una parte de la sociedad (no sé qué porcentaje) lo de la sostenibilidad del planeta, y por ende la nuestra como civilización, les importa más bien poco y anteponen toda una serie de intereses tanto económicos, como de poder o simplemente de bienestar personal a procurar que tanto nuestra generación como otras futuras puedan vivir en un mundo ya no digo mejor (que quizá sería hasta mucho pedir), sino al menos igual al que tenemos ahora.

Resignación, porque muchísimas personas ya van pensando en que poco vamos a poder hacer, en intentar capear el temporal de la mejor manera que se pueda, y sin poner grandes esperanzas en que haya mejoras a la vuelta de la esquina que nos hagan ser un poco más optimistas. Ya no digo poner pocas esperanzas en los acuerdos, las COP, los ODS, etc. puesto que poco a poco creo que se han ido perdiendo ya.

Un problema como el cambio climático, el mayor reto al que nos enfrentamos como sociedad, se ha visto hasta hace poco como algo lejano, pero estamos ya sufriendo sus consecuencias en un momento en que intentar revertir la situación es algo ya fuera de nuestro alcance, incluso si pusiéramos muchísimo esfuerzo en ello (lo cual, además, no va a suceder).

Ante lo anterior solo queda resignarnos, cruzar los dedos y esperar que el futuro sea suave dentro de lo malo.

Por último, otra posible consecuencia en la sociedad del no cumplimiento de objetivos y compromisos climáticos y medioambientales es la angustia.

Para una determinada parte de la población, dentro del sector más comprometido con la sostenibilidad, ver que no se llega a compromisos, que los pocos que hay no se cumplen, que el horizonte a medio plazo es bastante gris, y que sus esfuerzos personales en mejorar la situación se diluyen en el mar de irresponsabilidades de terceros, les provoca lo que se ha denominado como solalstalgia o eco-ansiedad.

 

Un nuevo trastorno de nuestro tiempo.

Bajo este nombre tan curioso se esconde un tipo de ansiedad que sin duda irá a más y afectará a un gran número de personas en el futuro.

La Asociación Estadounidense de Psicología define la eco-ansiedad como «un temor crónico de un cataclismo ambiental; un estrés causado por los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, y por preocuparse por el futuro de uno mismo, de los niños y las generaciones futuras»

Por tanto, en pocas palabras, es un trastorno de la ansiedad relacionado con el cambio climático y el medio ambiente.

Ante el continuo y diario goteo de noticias respecto al fracaso en contener la temperatura del planeta en unos grados determinados, las relacionadas con los fracasos en cumbres climáticas y demás, y los efectos del cambio climático que se ven día a día por televisión y en nuestro entorno más cercano, las personas más sensibles se sienten cada vez más afectadas por todo ello en una especie de pez que se muerde la cola.

Uno de los pensamientos y preocupaciones más habituales en estas personas es el escaso impacto de sus acciones en la lucha climática, mientras ven a su alrededor que no solo las organizaciones y los políticos no dan la talla sino que muchos de sus conciudadanos no están para nada concienciados.

Esta ansiedad provoca también en los afectados una necesidad de continua información sobre el cambio climático, sus impactos y cómo pueden contribuir en la lucha contra la crisis medioambiental que vivimos.

La preocupación constante en el medio ambiente y el clima hace que decisiones como qué se come, qué se compra o cómo y a dónde se viaja sean tomadas siempre bajo un prisma medioambiental.

Incluso decisiones de futuro tan relevantes e íntimas como la de decidir tener descendencia se toman en esa clave.

Incluso parejas que han tenido hijos se acaban planteando si realmente han hecho lo correcto o si han traído al mundo un ser que no sólo contribuirá a la destrucción del planeta sino que también sufrirá unas peores consecuencias durante su vida que las que les tocará vivir a sus padres.

Como es fácil de imaginar, cuando estas preocupaciones son llevadas al extremo pueden acabar en serios problemas de salud mental y desembocar en paranoias que deban ser tratadas por especialistas.

 

¿Qué se puede hacer ante este trastorno?

Las recomendaciones que los psicólogos expertos proponen para que las personas afectadas superen este trastorno se pueden resumir en una sola: ser optimista.

Continuar con las acciones positivas para el medio ambiente pero sin tomárselo como una opción de vida ni preocupándose en demasía, pero a la vez actuando como concienciadores del resto de personas, es otro de los consejos de los psicólogos para las personas eco-ansiosas.

Esa labor de concienciación es algo quizá un poco difícil de gestionar, puesto que si el mensaje que se da sobre el cambio climático es optimista, al público no le parece de suficiente importancia lo que está ocurriendo y no hacen nada para solucionarlo.

Si, por el contrario, el mensaje que se transmite es catastrofista la gente no actúa puesto que ya ve que no se va a poder hacer nada, así que para qué cambiar sus hábitos.

Sea como fuere, más allá de mensajes catastrofistas, de fracasos de cumbres y de pocos compromisos, siempre pienso que no debemos rendirnos.

Tras el inicio pesimista del inicio del artículo, no quiero finalizarlo sin dejar claro (como siempre hago) que en nuestras manos, las de todos los habitantes del planeta está el hacer que las consecuencias en el medio ambiente sean lo menos graves posibles.

Nunca hemos de dejar de intentar mejorar, lejos de extremismos y sin causarnos trastornos psicológicos.

Cualquier mejora en un ODS, una décima parte de grado centígrado menos, un compromiso con el medio ambiente llevado a cabo con éxito, va a representar un futuro menos difícil para nosotros y para los que vengan detrás.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado el 31-12-19 en Compromiso Empresarial.

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Los riesgos climáticos, a la cabeza de las preocupaciones del planeta.

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Photo by Markus Spiske on Unsplash

Los riesgos derivados del cambio climático y los relacionados con la acción de la mano del hombre sobre el medio ambiente, se han convertido este año, por primera vez, en los cinco riesgos más preocupantes a los que se enfrenta la humanidad en términos de probabilidad de ocurrencia, y también se les reconoce su enorme impacto potencial.

Así se asegura en la 15ª edición del estudio “The Global Risks Report 2020” publicado por el World Economic Forum (WEF), presentado el pasado 15 de enero en Londres y basado en una encuesta anual de percepción de riesgos globales, dirigida a aproximadamente 800 miembros de las diversas comunidades del WEF.

Como organización internacional de cooperación público-privada, el WEF reúne a las comunidades empresariales, gubernamentales y sin ánimo de lucro para debatir de manera orientada a la acción, y utiliza las conclusiones del estudio para informar sobre sus iniciativas dirigidas a múltiples grupos de interés a lo largo del año.

En esta ocasión se presentan por primera vez los resultados de la encuesta de más de doscientos miembros de su Comunidad Global de Shapers, una generación de emprendedores y líderes sociales globales emergentes.

Esta joven generación está utilizando cada vez más sus conocimientos digitales y sus habilidades para poner de relieve cuestiones, en particular las relacionadas con el cambio climático, que considera riesgos existenciales no sólo para su generación sino para la comunidad mundial en general.

 

Probabilidad y severidad de los riesgos.

Por primera vez en la este ranking, los cinco principales riesgos globales en términos de probabilidad en los próximos 10 años son todos ambientales:

  1. Eventos climáticos extremos con grandes daños a la propiedad, infraestructura y pérdida de vidas humanas.
  2. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático por parte de los gobiernos y las empresas.
  3. Grandes desastres naturales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y tormentas geomagnéticas.
  4. Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas (terrestres o marinos) con consecuencias irreversibles para el medio ambiente, lo que resulta en un grave agotamiento de los recursos tanto para la humanidad como para las industrias.
  5. Daños y desastres ambientales causados por el hombre, tales como derrames de petróleo o contaminación radioactiva.

 

En cuanto a los riesgos por severidad de impacto en los próximos 10 años están:

  1. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  2. Armas de destrucción masiva,incluyendo el despliegue de sistemas nucleares, químicos, biológicos y radiológicos tecnologías y materiales, creando crisis internacionales y potencial de destrucción significativa .
  3. Pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas.
  4. Eventos climáticos.
  5. Crisis de agua incluyendo una disminución significativa de la calidad y cantidad de agua dulce disponible, que tiene efectos perjudiciales para la salud humana y/o la actividad económica.

 

Como se puede observar, en este ranking de severidad de impacto se repiten tres de los riesgos con más probabilidad de ocurrencia relacionados con el medio ambiente.

 

Interconexiones de los riesgos y diferente percepción en los jóvenes.

Como no podía ser de otra forma, el aumento de la probabilidad de ocurrencia y de impacto de los desastres ambientales y el cambio climático tienen consecuencias e interconexiones con otros riesgos que también han variado su posición en el ranking.

Los riesgos en los que existe una conexión más fuerte son:

  • Fenómenos meteorológicos extremos con el fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas con el fracaso de la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.
  • Crisis alimentarias con los fenómenos climáticos extremos.
  • Ciberataques a gran escala con las averías de las infraestructuras y redes de información críticas.
  • Elevado desempleo estructural o subempleo con las consecuencias adversas de los avances tecnológicos.

 

Por su parte, la mencionada Comunidad de Shapers está aún más preocupada que el resto de comunidades encuestadas por lo que respecta a los riesgos medioambientales, otorgándoles más probabilidad de impacto y severidad, cosa que también pasa en cierta manera y algunos casos para los riesgos sociales, económicos, tecnológicos o geopolíticos.

Además, sus perspectivas de riesgo a corto plazo son diferentes del resto de la comunidad de encuestados, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.

Fuente: Traducción de World Economic Forum Global Risks Perception Survey 2019-2020.

 

2020, el año de la encrucijada climática.

Según señala en informe, para el futuro de la mitigación del cambio climático, el año 2020 es un año crítico, ya que presenta la primera oportunidad para que las naciones revisen sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático según lo establecido en el Plan de Acción de París de 2015, y para cerrar la brecha entre lo que han prometido y lo que se necesita.

No obstante, lograr un cambio significativo a corto plazo dependerá de un mayor compromiso de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Si no se aprovecha la oportunidad que ofrece el año 2020 para mitigar el cambio climático, habrá tres consecuencias principales.

En primer lugar, los riesgos de la transición aumentarán. Un mayor retraso en la reducción de las emisiones hará que es más difícil lograr los objetivos del presupuesto de carbono: las empresas y los mercados se verán en última instancia forzados a ajustarse más rápidamente, lo que podría conducir a mayores costos, a mayores interrupciones o intervenciones draconianas de políticos que pongan en peligro la estabilidad macroeconómica y financiera.

En segundo lugar, si se fracasa en implementar políticas climáticas eficaces a nivel regional o mundial se aumentará el riesgo de que los países pueden decidir unilateralmente implementar proyectos de geoingeniería como como la fertilización del océano o la inyección de aerosoles en la estratosfera.

Esto pondría aún más en riesgo a los ecosistemas. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró que los aerosoles de sulfato estratosférico podrían dañar la producción agrícola y anular los beneficios de la reducción del calentamiento.

Y por último, y quizás el más vital, es el riesgo de que el proceso específico y multilateral destinado a abordar el cambio climático pierda impulso y la acción a favor del clima se detenga.

Por ejemplo, el reciente fracaso en la COP25 para desarrollar un libro de reglas para un nuevo mercado de carbono significa que todavía no hay un sistema creíble que permita a los países pagarse mutuamente por los proyectos que reducen  las emisiones de gases de efecto invernadero.

El riesgo aquí no es simplemente que perdemos unos preciosos cinco años, sino que la percepción de fracaso drena aún más apoyo político en este proceso multilateral y socava las perspectivas de un futuro progreso.

Sin embargo, como nota positiva, se han dado ya pasos alentadores por parte de varios gobiernos, empresas, inversionistas, entidades subnacionales y la sociedad civil, trabajando juntos en áreas clave de acción climática, como la energía, la transición de la industria, la movilización de las finanzas y la agricultura, y las soluciones basadas en la naturaleza.

Estos esfuerzos de múltiples grupos de interés para avanzar en la acción climática, como se destacó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, se están convirtiendo en una componente cada vez más importante de la respuesta internacional, y también sirven como mecanismos de ayuda para reforzar la confianza de los políticos en que el cambio climático puede ser abordado con éxito.

En ese sentido, y tal y como expresó Borge Brende, Presidente del World Economic Forum en la presentación del informe, “este es el año en que los líderes mundiales deben trabajar con todos los sectores de la sociedad para reparar y revitalizar nuestros sistemas de cooperación, no sólo para obtener beneficios a corto plazo sino para hacer frente a nuestros riesgos más arraigados”.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 20-1-20 en Compromiso Empresarial.

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Black Friday, Cyber Monday… días negros para la sostenibilidad.

Photo by Artem Beliaikin on Unsplash

Otro año más ha llegado el día del Black Friday, una de las jornadas que generan un mayor perjuicio al medio ambiente debido a los impactos del consumismo desmedido de millones de personas en todo el mundo.

Es este, junto a otras jornadas como el Single Day o el Cyber Monday, un fenómeno planetario que se ha ido expandiendo de manera rápida en los últimos años en muchísimos países que nada tenían que ver con esas, llamémoslas, tradiciones.

¿Por qué somos tan dados a admitir dentro de nuestra cultura fiestas como por ejemplo Halloween o días de compras con descuentos como los mencionados?

¿Por qué en lugar de esas fechas de compras como si no hubiera un mañana no adoptamos con mucho más convencimiento y fuerza jornadas dedicadas a causas relacionadas con la sostenibilidad o el medio ambiente?

Pues, probablemente, porque estamos mucho más interesados en saciar nuestra ansia consumista y nuestro ego de tener más y más que en procurar que el planeta dure más y en mejores condiciones para nosotros y para los que queden cuando nosotros ya no estemos.

No genera la misma cantidad de dopamina y endorfina el realizar una compra que va a dar una satisfacción inmediata que hacer algo por el planeta, algo que a escala personal no es medible y a escala mundial tampoco se podría comprobar a corto plazo.

Y eso suponiendo que a todo el mundo le interesa y le preocupa el planeta, lo cual no vamos a descubrir ahora que es totalmente falso, tanto si es por simple desinterés como si es porque se tienen otras cosas del día a día en qué pensar como por ejemplo mantenerse vivo, o por otras razones que pueda tener cada uno.

Lamentablemente no solo la sostenibilidad del planeta es la que se resiente por estos días de compras sin freno, sino también la de pequeños comercios que no pueden competir de tú a tú con las empresas gigantes de la distribución online y las grandes cadenas, y que se enfrentan a un futuro quizá cada vez más incierto.

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Sustainable Brands Madrid: afrontando los nuevos desafíos de la humanidad.

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La quinta edición de Sustainable Brands en España se ha celebrado los pasados días 17 y 18 de octubre en el espacio CentroCentro de Madrid bajo el lema “Moonshots for humankind, creating mind-sets to rock the change”.

Tras su nacimiento en Barcelona en 2015, se ha convertido en un evento sobre sostenibilidad de referencia en nuestro país, atrayendo a un gran número de asistentes y contando con ponentes, líderes de opinión y profesionales inspiradores, tanto nacionales como internacionales, de gran relevancia.

Además de las ponencias, durante los dos días de Sustainable Brands se realizaron conferencias plenarias, talleres, sesiones dinámicas para ayudar a identificar problemas específicos de negocio, y hubo espacios para hacer networking con los asistentes y ponentes.

Todo el evento giró alrededor del concepto moonshot, una expresión en inglés que se puede definir como un proyecto ambicioso e innovador que aborda un gran problema, que se emprende sin ninguna expectativa de rentabilidad o beneficio a corto plazo y que propone soluciones radicales.

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Solo el 9% de la economía es circular.

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No sólo es un porcentaje mucho más bajo del deseable sino que además parece que está muy lejos de aumentar claramente según el informe The Circularity Gap Report 2019, realizado por la empresa social Circle Economy que tiene como misión acelerar la implementación práctica y escalable de la economía circular.

El informe fue presentado en Davos durante la última reunión anual del Foro Económico Mundial, y en él se destaca el amplio margen existente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la aplicación de principios circulares (reutilización, re-fabricación y reciclaje) a sectores clave como el de la construcción.

Sin embargo, también señala que la mayoría de los gobiernos apenas consideran medidas de economía circular en las políticas dirigidas a cumplir el objetivo de la ONU de limitar el calentamiento global a 1,5 ° C.

 

El cambio climático y el uso de materiales están íntimamente relacionados.

Para Circle Economy, el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales solo puede lograrse mediante una economía circular, por lo que la agenda circular y la agenda de reducción de carbono son complementarias.

La extracción de materiales ha impulsado el progreso económico desde la Revolución Industrial, pero a la vez es una de las principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el hombre.

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Incendios de la Amazonia ¿un culebrón de verano?

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En los meses de verano, sobre todo durante el mes de agosto y ante la general falta de noticias de interés debido a que en este país se suele detener todo hasta septiembre, los medios informativos suelen dar importancia a noticias que realmente no la tienen a la vez que se monopolizan los telediarios y periódicos offline y offline con los pocos temas que sí interesan y que se estiran todo lo que se puede durante ese período.

Son los que yo llamo “culebrones de verano”. Noticias que tienen interés (y muchas veces continuidad en el tiempo durante el resto del año) pero que durarán hasta que las noticias frescas de septiembre, la actualidad de un país ya de nuevo en funcionamiento, las sepulten y pasen a mejor vida, y esos temas pasen a un segundo o tercer plano o directamente no vuelvan a salir más.

Quizá este año los culebrones veraniegos se pueden resumir, bajo mi punto de vista, en las polémicas relacionadas con el barco Open Arms y sus actividades, la delincuencia en la ciudad de Barcelona, el brote de listeriosis por carne contaminada, el incendio en Canarias, y en última instancia el de la Amazonia.

Todo esto hasta la fecha en que escribo estas lineas, después de la cual supongo que no saltará ningún otro nuevo culebrón.

Casi todos esos temas tendrán una continuidad después de agosto en menor o mayor grado pero, como he mencionado, se empezarán a omitir en los medios y, por ende, a extraviar en nuestros pensamientos.

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Las empresas se equivocan en el abordaje de los ODS.

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Existe una gran diferencia entre simplemente ofrecer palabras amables y de apoyo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible y realmente incrustar los Objetivos en la estrategia central de los negocios.

A pesar de que los ODS llevan formando parte de las conversaciones y comunicaciones de las empresas globales desde hace más de tres años y existe un número significativo de ellas que dicen estar un comprometidas con los Objetivos, sigue existiendo una brecha entre el dicho y lo hecho.

Y las empresas parece que no están todavía decididas a acabar con esa brecha, o al menos lo están haciendo muy poco a poco.

Así lo expresa el informe “From promise to reality: Does business really care about the SDGs?” publicado por Price Waterhouse Coopers, basado en el estudio de 729 empresas de 6 sectores industriales distintos en un total de 21 países, y en el que también se ofrecen estudios de caso de organizaciones como Danone Francia, el European Chemical Industry Council (Cefic), o el Grupo Energía Bogotá (GEB).

Todavía queda mucho trabajo por hacer si se quiere que ayudar realmente a cumplir con los Objetivos y a la vez beneficiarse de ellos. Un beneficio vinculado al logro de los ODS que se estima un crecimiento potencial de 12 billones de dólares.

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La aviación pone rumbo hacia la sostenibilidad.

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La globalización, el auge de los viajes de ocio y el crecimiento de las compañías de bajo coste son causantes del tremendo aumento de vuelos que se ha experimentado a nivel mundial.

Un crecimiento que sin duda tiene un impacto importante en el medio ambiente y, obviamente, en el cambio climático. Se estima que el sector de la aviación comercial es responsable del 2% de los gases de efecto invernadero generados por la acción humana que se lanzan a la atmósfera y del 3% incluyendo otros gases contaminantes.

Y ese impacto va a ir creciendo con los años. Según las previsiones de Airbus, el número de aviones de pasajeros en 2034 será el doble del que había en 2014 llegando hasta las 35.749 unidades (de las cuales más de 31.000 todavía debían ser construidas).

Como no puede ser de otro modo, los pasajeros transportados también tendrán un aumento muy considerable, y el número de kilómetros recorridos pasará de 6,2 a 15,2 trillones.

La industria del transporte aéreo no puede quedarse de brazos cruzados ante los retos derivados de su crecimiento y su impacto en la sostenibilidad del planeta, y debe plantarles cara tanto desde el terreno de juego de los fabricantes de aeronaves como desde el de las propias líneas aéreas.

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Cambio climático: cuesta abajo y sin frenos.

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La publicación del reciente informe del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) pone blanco sobre negro el futuro que nos aguarda a la vuelta de la esquina en cuestiones climáticas.

El IPCC es el organismo mundial líder para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático, sus impactos y posibles riesgos futuros, y las posibles opciones de respuesta.

En un estudioque medios y expertos tildan de dramático y alarmante, el IPCC ha sido muy claro y directo, o se hacen cambios “rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad” o nos pasaremos de largo de conseguir que sólo haya un aumento de temperatura de 1,5°C sobre los niveles de temperatura anteriores a la era industrial (como si esa cifra no fuera ya a traernos problemas importantes).

Leamos de nuevo esas palabras, por favor, en voz alta y pausadamente: “rápidos”, “de gran alcance”, “sin precedentes”, “todos los aspectos de la sociedad”.

Bien, a eso añadamos que se estima que las actividades humanas ya han causado un aumento aproximado de 1,0°C por encima de los niveles preindustriales, con un rango probable de 0,8°C a 1,2°C, y que es probable que el calentamiento global alcance 1,5°C entre 2030 y 2052 si continúa aumentando al ritmo actual.

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La Agenda 2030, protagonista del VI Congreso Nacional de Responsabilidad Social.

El Congreso, realizado los días 7 y 8 de febrero en Zaragoza, ha girado alrededor los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) contemplándolos desde diversos planos como el empresarial, el de la Administración pública o el de los medios de comunicación, entre otros.

Nita Macía, Directora de este Congreso bienal, dejaba claro en su acto inaugural que l­­­os Objetivos de Desarrollo Sostenible no deben sustituir a la responsabilidad social (RS) como compromiso de gestión, sino que han de ser una herramienta para alcanzar la sostenibilidad mundial.

Uno de los mensajes más repetidos del evento fue que llevamos ya más de 3 años con la Agenda 2030 pero las acciones realizadas hasta ahora han sido insuficientes y queda muchísimo trabajo y poco tiempo por delante para lograr éxitos en los objetivos marcados.

Dentro de las actividades del Congreso también se presentó el libro 9 Necesarios debates sobre la responsabilidad social, coordinado y editado por David Lafuente, y que incluye 87 reflexiones de expertos en RS en las que se analiza ésta desde diversas perspectivas.

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