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Los mercados privados prueban que la sostenibilidad crea valor real

Foto de Tech Daily en Unsplash

Los fondos de capital privado están demostrando que la sostenibilidad puede medirse en beneficios económicos, no solo en intenciones. El seguimiento de miles de empresas participadas muestra mejoras tangibles en eficiencia, clima y gestión de personas. Todo esto tiene un resultado claro: negocios más rentables y preparados para competir a largo plazo.

Durante años se ha hablado de sostenibilidad en los mercados financieros como un compromiso moral o una cuestión reputacional, pero, hoy en día, los datos dicen otra cosa. En los mercados privados (donde los fondos de inversión adquieren compañías, las gestionan durante varios años y luego las venden o sacan a bolsa) la sostenibilidad se está convirtiendo en una fuente medible de creación de valor.

El estudio Sustainability in Private Markets elaborado por Boston Consulting Group y la ESG Data Convergence Initiative (EDCI) en octubre de 2025 es una de las bases más sólidas que existen para afirmarlo. Reúne información real de más de 9.000 empresas de cartera gestionadas por 320 fondos de capital privado en todo el mundo. Su objetivo es comprobar qué impacto tienen las medidas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en los resultados empresariales.

Los datos son concluyentes: las gestoras que integran la sostenibilidad en sus planes de negocio obtienen un aumento medio del 4 % al 7 % en el EBITDA durante el tiempo que mantienen las empresas en su cartera. El EBITDA es un indicador que refleja la rentabilidad operativa de un negocio, es decir, cuánto gana antes de descontar impuestos, intereses y amortizaciones. En otras palabras, muestra si las mejoras en eficiencia o productividad se traducen en resultados reales.

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cambio climático, reporting, sostenibilidad

Suelo sano, cuentas claras: la nueva directiva europea que obligará a medir, restaurar y valorar la tierra

Foto de Roman Synkevych en Unsplash

El 26 de noviembre de 2025 el Diario Oficial de la Unión Europea publicó la Directiva (UE) 2025/2360 sobre Monitorización y Resiliencia del Suelo, primer marco supranacional que coloca la salud de la tierra al nivel del agua o del aire. El texto ordena a los Estados crear una red de muestreo homogéneo, elaborar en un plazo máximo de diez años un registro público de suelos potencialmente contaminados y, a partir de ese diagnóstico, fijar metas nacionales de restauración que sigan la recomendación europea de recuperar en torno al 30% de las superficies degradadas para 2035.

Aunque el suelo produce alimentos, regula el ciclo hídrico y es el segundo gran sumidero de carbono, la UE nunca ha dispuesto de mediciones comparables entre países. Esa carencia se cierra con la entrada en vigor el 16 de diciembre de 2025 de una norma que parte de una idea sencilla: sin datos equivalentes no hay política eficaz ni inversión fiable.

El Servicio de Investigación del Parlamento Europeo calcula que el 62% del territorio comunitario padece erosión, compactación o pérdida severa de carbono orgánico, lo que reduce cada año entre 50.000 y 95.000 millones de euros en productividad agrícola, daños por inundaciones y emisiones evitables de CO₂, un importe que supera el presupuesto de Horizon Europe, el gran programa europeo de I+D.

Añadir un punto porcentual de materia orgánica puede aumentar la reserva de agua del suelo en torno a unos 150.000 litros por hectárea y capturar entre una y tres toneladas de CO₂ por hectárea y año. Sin embargo, la urbanización y el laboreo intensivo han reducido esa “esponja” natural en el peor momento de la variabilidad climática

Desde 2026, los informes de sostenibilidad sometidos a la Directiva sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) deberán reflejar riesgos materiales de suelo, y la taxonomía verde ultima un capítulo específico sobre este recurso. 

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La guerra en Irán pone a prueba la resiliencia corporativa

Foto de Jeff Kingma en Unsplash

El repunte del precio del petróleo y la brusca caída de tránsitos por el estrecho de Ormuz han devuelto la geopolítica a la agenda inmediata de consejos de administración y comités de riesgos. Más allá del foco mediático sobre el conflicto, muchas empresas se encuentran con un impacto muy concreto en tres frentes costes energéticos, fricción logística y encarecimiento de seguros para rutas críticas.

En los últimos días, el conflicto en Oriente Medio ha escalado con ataques que afectan a infraestructuras de diversos países de la zona y al tráfico marítimo, alterando las expectativas del mercado energético. En el momento de escribir estas líneas, agencias internacionales han recogido subidas cercanas al 7% en el petróleo Brent en una sola sesión, impulsadas por el temor a interrupciones en una zona que canaliza más de una quinta parte de los flujos marítimos globales de petróleo y gas natural licuado.

Mientras algunos buques dan media vuelta o buscan rutas alternativas, aseguradoras especializadas han empezado a cancelar coberturas de guerra en el Golfo Pérsico antes de la reapertura de los mercados, lo que anticipa subidas de primas y renegociaciones aceleradas.

Este episodio llega, además, en un contexto en el que la tensión entre bloques y la competencia económica se han convertido en un factor de inestabilidad permanente. A ese ruido de fondo se suman factores como la reaparición de conflictos entre Estados, un cóctel que ya figura entre las preocupaciones más inmediatas en los análisis internacionales de riesgo.

Ese análisis refuerza la lectura de un entorno donde se cruzan tensiones geopolíticas, impactos físicos y fractura social, con efectos directos sobre las cadenas de valor y los mercados. En ese contexto, la gobernanza empresarial se entiende cada vez más como la capacidad de convertir un entorno volátil en decisiones informadas sobre exposición, umbrales de riesgo aceptable y planes de contingencia.

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