derechos humanos, gestión de crisis, rsc, tendencias

La juventud en pausa: por qué cada vez cuesta más construir un futuro propio

Foto de Chang Duong en Unsplash

Youth Pulse 2026 reúne respuestas de más de cuatro mil jóvenes de entre 18 y 30 años en 144 países y territorios. En lugar de buscar una “foto de generación” fácil, el informe dibuja un paisaje más incómodo y, por eso mismo, más útil: una juventud que no se explica con un solo titular, pero que sí comparte una sensación reconocible de estar haciendo cuentas todo el rato.

En el debate público, la juventud suele acabar atrapada entre dos caricaturas. A veces se la presenta como una generación perdida, condenada a encadenar crisis sin margen de maniobra; otras, como un bloque homogéneo que trae el cambio por simple efecto de edad. Los datos del informe, elaborado por el World Economic Forum (WEF) y publicado en enero, apuntan hacia un punto intermedio que se parece más a la vida real. 

Lo que aparece es una generación que, esté donde esté, se hace preguntas muy parecidas, como cuánto cuesta vivir, qué margen existe para independizarse, qué oportunidades reales hay al salir del sistema educativo, qué parte de la vida se desplaza a lo digital y qué se pierde por el camino.

La sensación de presión no nace de una única preocupación, sino del encaje de varias piezas que se refuerzan entre sí. En primer lugar, pesa lo material. El coste de vida, la vivienda y la desigualdad aparecen como una especie de suelo inestable sobre el que es difícil construir planes. 

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ética, derechos humanos, reputación, rsc, sostenibilidad, tendencias, transparencia

La nueva contabilidad del salario digno: inversores y la ONU mueven ficha

Foto de Towfiqu barbhuiya en Unsplash

El año 2025 se perfilaba como el “año del salario digno” en las agendas globales, pero irónicamente aún no existe un consenso sobre cómo medirlo de forma unificada. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) acordó en 2024 una definición formal de salario digno y subrayó que es fundamental para reducir la pobreza y la desigualdad, y grandes empresas multinacionales téxtiles, desde Inditex hasta Kering, proclamaron su compromiso con pagar un salario digno a los trabajadores. 

Sin embargo, un reciente informe realizado por la Platform Living Wage Financials (PLWF) que evaluó a 33 compañías de moda reveló una “evidencia limitada de impacto en el mundo real” pese a todos esos compromisos. 

A solo cinco años de la meta 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la distancia entre la retórica y la realidad persiste, en buena parte por la ausencia de indicadores comunes y datos comparables sobre salarios dignos.

Esta falta de métricas estandarizadas no ha pasado desapercibida. Durante años, los factores sociales del ASG se consideraban asuntos cualitativos o de reputación difíciles de cuantificar. No existían datos auditables ni homogéneos sobre algo tan básico como si una empresa paga lo suficiente a sus trabajadores para vivir con dignidad. 

Eso está empezando a cambiar drásticamente en 2025: la PLWF (plataforma de inversores con activos superiores a 7 billones de dólares bajo gestión) ha adoptado una política que exige a todas las empresas en su cartera divulgar y gestionar la “brecha de salario digno” entre lo que ganan sus empleados (directos y en la cadena de suministro) y un estándar de salario digno reconocido. 

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Crisis climática, cuando las cifras del pasado obligan a replantear el futuro

Foto de Giorgio Parravicini en Unsplash

La organización alemana Germanwatch ha publicado el Índice de Riesgo Climático 2026 (Climate Risk Index, CRI), un análisis que mira casi tres décadas de eventos meteorológicos extremos y los convierte en un mapa del impacto real de la crisis climática. Entre 1995 y 2024 se han registrado más de 9.700 episodios de este tipo, con más de 832.000 personas fallecidas, casi 5.700 millones de personas afectadas y pérdidas económicas directas que rozan los 4,5 billones de dólares estadounidenses, una vez ajustadas por inflación. 

El CRI es una herramienta que clasifica a los países según los efectos que han sufrido por fenómenos meteorológicos extremos. Utiliza datos de la base internacional EM-DAT, mantenida por el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres, y combina para cada país seis indicadores: número de fallecidos, fallecidos por cada cien mil habitantes, personas afectadas, personas afectadas por cada cien mil habitantes, pérdidas económicas absolutas y pérdidas económicas relativas al producto interior bruto. 

El resultado es una puntuación que permite comparar la gravedad de los impactos entre países en dos escalas temporales: el periodo largo de 1995 a 2024 y el año concreto de 2024.

Germanwatch recuerda que no se trata de un indicador de futuro, sino de una forma de ordenar episodios que ya se han producido. Aun así, ese pasado reciente está directamente vinculado a la dinámica de la crisis climática. El propio documento abre la sección de resultados con una idea clara: las consecuencias del cambio climático son visibles en todo el mundo, con una intensidad creciente de muchos fenómenos extremos. 

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