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El trabajo, tal y como lo entendemos, está en profunda transformación, y los retos y oportunidades que surgirán en el futuro necesitan de medidas para que no se ahonde en las desigualdades y se aumente la incertidumbre.
Esa es la idea principal que surge del informe Trabajar para un futuro más prometedor realizado por la Comisión mundial sobre el futuro del trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Un futuro del trabajo en el que se van a mezclar diversos asuntos como la automatización, la ecologización de las economías o la evolución demográfica y que necesitará de acciones y cambios importantes.
Y todo ello a través de la revitalización del contrato social que asegure a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a los que se exponen a cambio de su constante contribución a la economía.
Para cumplir con ese contrato social y fortalecerlo, la Comisión propone un programa de acciones centrado en las personas que las sitúen en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial.
El panorama del trabajo se debe adaptar a las personas y no al revés.
El programa de la Comisión no tiene como objetivo conseguir que las personas se adapten a este nuevo horizonte del mercado laboral, sino que tiene una visión más audaz que pretende orientar las transformaciones en curso hacia un futuro del trabajo que confiera dignidad, seguridad e igualdad de oportunidades, y que amplíe las libertades humanas.
El primer paso propuesto para ello es aumentar la inversión en las capacidades de las personas.








