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En el momento en que la tecnología se dirige a ayudar a las personas en lugar de a hacerles perder el tiempo, crearles adicciones de manera más o menos indirecta o a aprovecharse de sus datos con oscuras intenciones, suceden cosas maravillosas.
Sí, puede que la frase anterior suene un poco, como dirían algunos, “happy flower”, pero el que esto escribe cada vez está más harto y huye del uso e instalación de aplicaciones de móvil, tableta u ordenador que son totalmente superfluas y sirven para poco más que para alimentar el big datade sus creadores, mientras que experimenta con otras que, más allá de que suponen un negocio para sus programadores, sirven para ayudar a terceros de una manera u otra.
Y digo que suceden cosas maravillosas porque ponerse desinteresadamente a disposición de un tercero a través de una apppara ayudarle con alguna cosa puntual no solo puede ser realmente útil para ese tercero sino que también sirve para ser consciente de que todos podemos, fácilmente y desde cualquier lugar, aportar nuestro granito de arena en ayudar a los demás, y también darnos cuenta de la necesidad de innovar con esa idea en mente.
Esta semana pasada pude experimentar todas esas cosas al recibir por primera vez una solicitud de asistencia a través de la appBe my eyes, una aplicación gratuita disponible para IOS y Android que conecta a personas ciegas o con baja visión con voluntarios videntes para obtener asistencia visual a través de una videollamada en vivo.









