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Una de las claves importantes, sino la que más, para convencer a las Direcciones de las empresas de la necesidad de llevar a cabo negocios socialmente responsables que aseguren además su sostenibilidad futura es demostrar el vínculo entre las actividades de responsabilidad social corporativa y la creación de valor en cada empresa o negocio concreto.
No sirve con la inmensa mayoría de los Consejos de Administración el decir que la los resultados de la empresa van a mejorar a medio o largo plazo gracias a una RSC interiorizada, real y efectiva si no se puede demostrar finalmente de alguna manera.
Muchos jefes, gerentes, directores, mandos intermedios, Consejos, CEOs (o póngase aquí cualquier puesto con cierta autoridad) simplemente no van a “comprar” la idea si no tiene una clara contrapartida, si no se ve la relación causa-efecto.
Es muy importante establecer esta relación para demostrar a los empleados, accionistas y clientes por qué tiene sentido comercial esforzarse por mejorar los impactos económicos, ambientales y sociales de la organización.
Poder demostrar esa relación de manera fehaciente es una de las principales barreras para la implantación general de la RSC en las organizaciones, debido a la dificultad existente en su medición y cuantificación.








