
Los datos más recientes sugieren que muchas empresas llegan al relevo del consejero delegado con menos preparación de la deseable. El problema suele empezar mucho antes de elegir un sustituto y tiene más que ver con cómo se ha trabajado la continuidad del liderazgo.
La sucesión del consejero delegado obliga al consejo a mirar la empresa con algo más de perspectiva. Ahí se pone a prueba si conoce de verdad la organización, si ha sido capaz de pensar más allá del presente y si puede ordenar una transición sin dejarla en manos de la urgencia. La distancia entre lo que muchas compañías creen tener resuelto y lo que realmente han preparado sigue siendo considerable.
Esa distancia aparece con bastante claridad en los estudios más recientes. Heidrick & Struggles, firma internacional especializada en búsqueda de altos directivos y en asesoramiento a consejos de administración, recoge en su encuesta global sobre confianza de consejeros y primeros ejecutivos que más de dos tercios de los participantes confían mucho en la capacidad del equipo directivo para ejecutar la estrategia actual.