isr, riesgos, sostenibilidad, tendencias, transparencia

La inversión socialmente responsable y sus barreras.

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La inversión socialmente responsable (ISR) es una tendencia en auge a nivel mundial aunque todavía le queda camino por delante y barreras que derribar.
Afortunadamente, para muchos inversores la ISR es desde hace un tiempo un principio rector a la hora de hacer sus operaciones. El número de fondos en bolsa que atienden a esos inversionistas se ha multiplicado en los últimos años, incluyendo a pesos pesados de la industria como BlackRock Inc. y Goldman Sachs Group Inc.De hecho, existe desde 2009 una iniciativa de las Naciones Unidas llamada Sustainable Stock Exchanges (SSE) en forma de plataforma de aprendizaje para explorar cómo las empresas de gestión de inversiones, en colaboración con inversionistas, reguladores y empresas, pueden mejorar la transparencia corporativa y en última instancia el desempeño medioambiental, social y corporativo y fomentar la inversión sostenible.

No es desde luego una iniciativa de poca importancia si observamos que incluye más de 60 bolsas de valores, que representan más del 70% de los mercados de acciones cotizados en todo el mundo.

Como vemos, tanto los inversores como las empresas que gestionan esas inversiones  se mueven cada vez más por otras razones además de las puramente económicas y de retorno de su inversión.

 

¿Qué mueve a los inversores de ISR?

Cuatro son las motivaciones principales para que los inversores se decidan cada vez más por la ISR, según un estudio del World Resources Institute (WRI):

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cambio climático, confianza, riesgos, sostenibilidad, tendencias

Trumpeando como se pueda.

Trampear es lo que le va a tocar a la acción contra el cambio climático a raíz de la decisión de abandonar el Acuerdo de París tomada por Donald Trump.

Los peores augurios que señalaba en mi otro artículo de opinión sobre este tema (Trumpazo a la sostenibilidad) se han cumplido tristemente al cabo de poco más de seis meses.

El país más poderoso de la Tierra, responsable del 16% de las emisiones mundiales de CO2 se ha retirado del Acuerdo alegando que éste tenía como objetivo agobiar, poner en desventaja y empobrecer a Estados Unidos, y que representaría una pérdida de 6,5 millones de empleos en el país y una importante reducción del PIB.

Unos argumentos que el Ministerio de Asuntos Exteriores francés se dedicó a desmontar (curiosamente, no lo vamos a negar, porque no parece la mejor manera de relacionarse con otras naciones) en un vídeo.

Sólo Siria y Nicaragua no participaban en el Acuerdo de 195 naciones. Siria no pudo enviar a un funcionario para firmar el Acuerdo debido a la guerra civil desatada en ese país y Nicaragua optó por no firmar porque pensó que no era suficientemente ambicioso.

Trump ha justificado el abandono con frases pueriles como “fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh y no a los de París”, lo cual no sé si es un juego de palabras (aunque lo espero) o si realmente dentro de su cabeza piensa que el acuerdo contra el cambio climático beneficia sólo a los parisinos (lo cual tampoco me extrañaría viniendo de él).

Sea como fuere, la decisión parece no estar respaldada por los ciudadanos ya no de Pittsburgh sino de Estados Unidos. Así lo indican investigadores en cambio climático y otros estudios como el del Yale Program on Climate Communication en los que se afirma que la gente apoya más al Acuerdo que a Donald Trump.

Y seguro que hay más encuestas y estudios todavía por venir que señalen la misma tendencia.

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¿Cómo implementar acciones para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible?


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La amplitud de temas, aspectos y acciones necesarias para conseguir el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han propiciado la edición de diferentes guías que ayuden en su implementación.

Parece que fue ayer, pero ya ha transcurrido poco más de un año desde la entrada en vigor de los ODS, con un horizonte temporal para su cumplimiento del año 2030.

17 Objetivos con 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan las esferas económica, social y ambiental, y que en su día fueron objeto de crítica tal y como ya tratamos en Compromiso Empresarial en “De los Objetivos del Milenio a los del Desarrollo Sostenible… ¿repitiendo errores?”.

En 2016 ya aparecieron los primeros informes y datos de situación de los ODS y la situación dejaba bastante que desear a nivel español según datos del Observatorio de la Sostenibilidad, mientras que a nivel mundial había diferentes situaciones según cada país como se puede comprobar en este informe de las Naciones Unidas.

Los ODS son obviamente objetivos muy globales pero sobre los que se ha de actuar a través de acciones locales que sumen y se muevan en la misma dirección.

Y para poder cumplirlos con éxito, es esencial que los ODS sean conocidos por parte de los grupos de interés y es también muy necesario el uso de guías y herramientas que ayuden a esos grupos en la consecución de las metas fijadas.

 

El rol indispensable del sector privado.

Mientras los gobiernos y el sector civil han conservado su relevancia en los objetivos de Naciones Unidas, la comunidad empresarial a todos los niveles ha cobrado un papel protagonista sin precedentes ante los retos que suponen los Objetivos.

Un importante papel que además fue reconocido de manera concreta por Ban Ki-moon ante altos representantes de empresas españolas, a las que alentó a implantar modelos responsables de gestión y a buscar oportunidades realizar cambios transformacionales que ayuden a la consecución de los ODS.

Para ayudar al sector privado en su importante función, hay que destacar la publicación de dos guías.

La primera de ellas es “El sector privado ante los ODS. Guía práctica para la acción”, realizada por la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas y de cuya publicación en septiembre ya nos hicimos eco en este artículo.

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Entrevista en Anuario DIRCOM 2017

Photo by Alejandro Escamilla on Unsplash

 

Hace unos dos meses me contactó Ana Domínguez Vizcay para realizar una entrevista sobre RSC que se ha publicado dentro del apartado de Empresa Social del Anuario DIRCOM 2017.

A continuación reproduzco dicha entrevista.

 

“La RSC no trata sobre cómo la empresa se está gastando el dinero que gana, sino sobre cómo lo está ganando”

Albert Vilariño Alonso es un defensor convencido de la responsabilidad social en las empresas como una variable determinante para su supervivencia futura. Su extensa trayectoria como consultor y su experiencia en el ámbito de la integración socio-laboral de personas con discapacidad así se lo demuestran. Entiende que la RSC, lejos de ser una moda pasajera con objetivos cortoplacistas, se ha convertido hoy en un factor competitivo estratégico. Una demanda por parte de la sociedad que exige compromisos éticos basados en la transparencia.

En este escenario, en el que las empresas deben interiorizar los valores que las definen, segmentar a sus grupos de interés e implementar canales para favorecer el diálogo, la labor de los departamentos de comunicación adquiere una importante misión: comunicar, desde la confianza, cómo se entiende la sostenibilidad en cada organización.

 

Conceptos como RSC, RSE, Gobierno Corporativo, ODS… se integran en la estrategia, desempeño y comunicación de las organizaciones. ¿Cómo debemos entender, hoy, la responsabilidad social en una empresa?

Como una manera ética de gestionar las organizaciones y sus actividades. Una empresa socialmente responsable es aquella que tiene totalmente interiorizada la idea de minimizar sus impactos negativos en el ámbito social, económico y medioambiental en todas sus actividades, yendo mucho más allá de los requisitos legales de operación, las buenas intenciones, los ejercicios de mínimos y las acciones aisladas. A la vez, es una organización que se beneficia de su gestión responsable para generar una ventaja competitiva, rindiendo cuentas a sus grupos de interés, huyendo de visiones cortoplacistas, y creando valor a medio y largo plazo, de manera que se asegura su sostenibilidad futura.

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isr, rsc, sostenibilidad, tendencias

Índices de sostenibilidad de país: amplio margen de mejora para España.

En temas de sostenibilidad como en muchos otros (reputación, corrupción, etc.) sentimos la necesidad de compararnos con otros países para conocer en dónde nos encontramos y en qué estrategias y espejos debemos mirarnos para mejorar nuestros resultados como país.

Por lo que respecta a sostenibilidad, han llegado a mis manos últimamente un par de documentos que tratan de establecer un ranking en ese aspecto: «Country Sustainability Ranking» de RobecoSAM y «The Global Sustainable Competitiveness Index» de SolAbility.

A continuación comentaremos los puntos más interesantes a partir de la propia traducción de parte de los informes.

 

Country Sustainability Ranking de RobecoSAM.

El informe semi anual “Country Sustainability Ranking” fue publicado por RobecoSAM hace un par de meses, y nos podría venir como anillo al dedo para conocer cómo mejorar nuestra posición, pero como veremos, mejorar no es algo tan sencillo como aplicar simplemente lo mismo que hacen en países con mayor puntuación ya que, además de otras variables, los análisis políticos son también muy importantes para RobecoSAM a la hora de determinar la sostenibilidad de los países.

Este estudio proporciona datos sobre los perfiles de Medio Ambiente, Social y Gobernabilidad (ESG) de 65 países de todo el mundo, de los cuales 22 son países desarrollados y 43 economías emergentes.

Para obtener una puntuación global del país se utiliza un marco estructurado y completo, cuyo ranking resultante ofrece una visión de los riesgos y oportunidades de inversión asociados a cada país y proporciona a los inversores un mejor marco de referencia para hacer comparaciones entre países y regiones desde una perspectiva de riesgo-retorno.

El índice de sostenibilidad 2017 de los países estudiados se puede consultar en el siguiente gráfico:

Fuente: RobecoSAM

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¿Estandarización o justo lo contrario?

Vivimos en un mundo en el que los estándares, guías, normas, códigos de conducta, protocolos y etiquetas relativas a sostenibilidad, proliferan por todos lados como setas.

A través de un interesante debate en Linkedin sobre este tema descubrí que la “oferta” de estándares era más grande todavía de lo que yo creía y conocía.

Sin ir más lejos, el International Trade Centre a través de su herramienta Standars Map dedicada a proporcionar información completa, verificada y transparente sobre las normas voluntarias de sostenibilidad y otras iniciativas similares que abarcan cuestiones como la calidad y la seguridad de los alimentos, indica que sólo en esos ámbitos el número de estándares es de más de 210.

Si optamos por buscar información sobre Ecoetiquetas, el Ecolabel Index tiene en su base de datos nada más y nada menos que 465 etiquetas ecológicas en 25 sectores industriales de 199 países.

Si nos fuéramos al ámbito de la construcción también nos encontraríamos con un alto número de estándares de sostenibilidad, certificaciones y demás, y lo mismo pasaría si nos fijáramos en otros muchos sectores, industrias o actividades.

 

¿Qué problemas que acarrea tanta “oferta”?

El lector podrá señalar, acertadamente, que existen diferencias conceptuales entre normas, guías, certificaciones, etiquetas, etc., pero para este artículo he preferido no entrar en distinciones, ya que en mayor o menor medida hay mucha (¿demasiada?) variedad dentro de cada clase, y es esa gran variedad la que vengo a comentar.

A priori se podría pensar que poder elegir entre muchos productos siempre es mejor que entre unos pocos, pero en el tema que nos ocupa no tiene porqué ser así.

Haciendo una comparación un tanto sui generis, quizá los principales problemas de tanta oferta son los mismos que provocan las decenas o centenares de emojis de los que disponemos en nuestros ordenadores y dispositivos móviles: hay muchos que no sabemos qué significan realmente y también ante tantos similares a veces no sabemos cuál elegir.

Disponer de demasiados estándares y etiquetas crea confusión, tanto a las propias empresas y organizaciones que quieren acogerse a ellos como a los grupos de interés de éstas.

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Aprender del fracaso: herramienta clave para el éxito.

 

El avance y la mejora de la sostenibilidad en todo tipo de organizaciones tiene luces y sombras, aunque éstas últimas raramente se divulgan.

Por las fechas del año en que estamos, en muchas empresas, organizaciones, medios de comunicación, etc., se suele realizar balance de lo bueno y lo malo acontecido en los meses anteriores al respecto de diferentes temas de gestión. Se pone negro sobre blanco los éxitos y los fracasos y se sacan conclusiones.

Mucho se ha escrito, sobretodo refiriéndose a personas, sobre las supuestas bondades del fracaso. Se nos recuerda frecuentemente cuántas veces tuvo que fracasar un emprendedor antes de tener éxito, o cómo el fracaso contribuyó a depurar la idea o el modelo de negocio que acabó siendo exitoso.

Se ha magnificado y elogiado en gran medida el fracaso, el error y la equivocación como maneras para lograr el éxito, convirtiéndose en una fuente inagotable de citas y frases célebres, aunque siempre será más fácil, barato y tendrá menos consecuencias negativas (si es que tiene alguna) el aprender de los fracasos ajenos.

Sea como fuere, cometer errores y fracasar está en la naturaleza humana aunque poca gente hable de sus fracasos y/o los admita.

Y, de igual manera que también pasa con las personas sucede con las organizaciones y las empresas como entes: uno de los mayores retos al que se enfrentan cuando quieren crecer es el miedo a fracasar.

 

Los fracasos en sostenibilidad son poco divulgados.

Como pasa en muchas facetas de los negocios, el avance en el campo de la sostenibilidad requiere de numerosos y profundos cambios en las organizaciones, quizá incluso más que en cualquier otra faceta.

La sostenibilidad implica hacer cambios en las estrategias, en las culturas organizativas y por tanto en los trabajadores y colaboradores desde el nivel más básico hasta los consejos de administración.

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Sustainable Brands Madrid: inspirando para activar el propósito de las empresas.

Sustainable Brands se ha consolidado en su tercera edición como una cita ineludible dentro de la agenda de eventos relacionados con la sostenibilidad en España.

El evento se celebró en Madrid por primera vez los pasados 7, 8 y 9 de mayo, tras dos años en los que la ciudad elegida fue Barcelona.

El domingo se realizaron actividades abiertas y gratuitas para todos los ciudadanos en el Paseo del Prado con el objetivo de acercarles el concepto de sostenibilidad a través de la música, el cine, la moda y diferentes talleres, mientras que el lunes y martes las actividades se hicieron en las instalaciones de La N@ve  en el distrito de Villaverde.

 

El propósito como definición del negocio y motor de cambio

La activación del propósito de las organizaciones fue el hilo argumental de esta edición, que contó con el Reino Unido como país invitado y más de 50 líderes globales compartiendo inspiración.

Para Owen Rogers de Ideo, es fundamental la importancia de ir más allá de qué hacen las empresas y cómo lo hacen para llegar al porqué lo hacen, a su propósito.

Consideró que se está en una época de creciente complejidad y que el cambio en las organizaciones es inevitable, por lo que poner a las personas en el centro y darles un propósito es la mejor manera de que acepten ese cambio como algo positivo y se involucren en él.

NH Hotel Group y Carlson Rezidor Hotel Group presentaron un ejemplo de colaboración entre competidores a favor de la sostenibilidad del que ambas partes salen beneficiadas.

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ética, comunicación, confianza, gestión de crisis, reputación, rsc

Cómo no gestionar una crisis en el siglo XXI: United Airlines.

El tamaño de las empresas parece que no es directamente proporcional a su habilidad para no meterse en líos ni tampoco para salir de ellos.

El último ejemplo lo hemos visto últimamente con el penoso incidente en un avión de United Airlines que ha dado la vuelta al mundo al haber sido incluso grabado en vídeo por diversos pasajeros.

Como resumen del incidente podemos decir que línea aérea necesitaba asignar asientos a cuatro miembros de su personal en un vuelo que estaba lleno, se buscaron voluntarios para abandonar sus asientos pero nadie quiso irse, se tuvieron que escoger cuatro pasajeros al azar y uno de ellos, el doctor David Dao, se negó a hacerlo por lo que finalmente fue sacado arrastrado por el pasillo del avión por parte de la policía del aeropuerto, en unas imágenes deplorables y ante los gritos del resto del pasaje.

El resultado del incidente para Dao fue la nariz y alguna pieza dental rota, y para United una demanda por parte de Dao, las críticas cosechadas a nivel mundial por el mal trato al pasajero, otras acusándolos de racistas por ser el pasajero de origen chino, y una  gigantesca crisis de reputación que le llevó a perder a pocas horas del incidente nada menos que mil millones de dólares en cotización bursátil.

En todas esas consecuencias tuvo que ver la torpe (porque hay que ser realmente torpe, no nos engañemos) reacción del CEO de United, Óscar Muñoz, ante el incidente. En su primer mensaje en Twitter sobre el suceso simplemente pidió perdón por tener que reacomodar algunos pasajeros y dijo que investigarían el hecho y contactarían con el pasajero afectado en concreto.

No fue hasta el día siguiente, cuando el vídeo ya era viral y estaba causando una buena tormenta sobre la compañía, que volvió a pronunciarse públicamente pidiendo disculpas por la expulsión por la fuerza de un pasajero y calificando el episodio como de “verdaderamente horrible“.

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Los desajustes en la percepción del propósito de las organizaciones.

En la vida una de las más grandes fuentes de decepción y frustración es la diferencia entre expectativas y realidad, y la RSC, la sostenibilidad y los propósitos de las empresas no son ajenas a esta situación.

En ocasiones asumimos que si algo nos ha decepcionado es porque quizá nuestras expectativas eran demasiado altas y otras veces pensamos que nuestras expectativas no eran elevadas pero aquello que esperábamos, la realidad, realmente ha dejado mucho que desear.

En el caso que nos ocupa hoy, la frustración proviene principalmente de los desajustes en las percepciones que tienen las organizaciones sobre lo que sus grupos de interés esperan y solicitan, lo cual nos recuerda de nuevo la necesidad de realizar un adecuado diálogo con los grupos de interés como indicábamos en otro artículo (El diálogo con los grupos de interés: espacio para la mejora).

En el evento Sustainable Brands celebrado en San Diego este año, hubo una interesante charla sobre cuáles son los principales desajustes en las percepciones alrededor del propósito de las organizaciones cuando se comparan con las que tienen diferentes grupos de interés.

A continuación podemos observar cuáles son esos gaps de las empresas con los inversores y consumidores y también entre sus ejecutivos y empleados.

 

Las empresas hablan en Powerpoint y los inversores lo hacen en Excel.

Todos conocemos de manera directa o indirecta la típica frase del clásico Director Financiero de que “todo lo relativo a la RSC y la sostenibilidad está muy bien y es muy bonito pero que los inversores no están preocupados ello sino por los resultados”.

Todo ello siguiendo la doctrina de Friedman de que el propósito de un negocio es incrementar las ganancias de los accionistas, y que eso es así porque “esa es la manera en la que funciona el mundo”.

En general esto ocurre porque la visión de los accionistas es cortoplacista mientras que la sostenibilidad si está correctamente diseñada está planeada a largo plazo.

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