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Los riesgos climáticos, a la cabeza de las preocupaciones del planeta.

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Los riesgos derivados del cambio climático y los relacionados con la acción de la mano del hombre sobre el medio ambiente, se han convertido este año, por primera vez, en los cinco riesgos más preocupantes a los que se enfrenta la humanidad en términos de probabilidad de ocurrencia, y también se les reconoce su enorme impacto potencial.

Así se asegura en la 15ª edición del estudio “The Global Risks Report 2020” publicado por el World Economic Forum (WEF), presentado el pasado 15 de enero en Londres y basado en una encuesta anual de percepción de riesgos globales, dirigida a aproximadamente 800 miembros de las diversas comunidades del WEF.

Como organización internacional de cooperación público-privada, el WEF reúne a las comunidades empresariales, gubernamentales y sin ánimo de lucro para debatir de manera orientada a la acción, y utiliza las conclusiones del estudio para informar sobre sus iniciativas dirigidas a múltiples grupos de interés a lo largo del año.

En esta ocasión se presentan por primera vez los resultados de la encuesta de más de doscientos miembros de su Comunidad Global de Shapers, una generación de emprendedores y líderes sociales globales emergentes.

Esta joven generación está utilizando cada vez más sus conocimientos digitales y sus habilidades para poner de relieve cuestiones, en particular las relacionadas con el cambio climático, que considera riesgos existenciales no sólo para su generación sino para la comunidad mundial en general.

 

Probabilidad y severidad de los riesgos.

Por primera vez en la este ranking, los cinco principales riesgos globales en términos de probabilidad en los próximos 10 años son todos ambientales:

  1. Eventos climáticos extremos con grandes daños a la propiedad, infraestructura y pérdida de vidas humanas.
  2. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático por parte de los gobiernos y las empresas.
  3. Grandes desastres naturales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y tormentas geomagnéticas.
  4. Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas (terrestres o marinos) con consecuencias irreversibles para el medio ambiente, lo que resulta en un grave agotamiento de los recursos tanto para la humanidad como para las industrias.
  5. Daños y desastres ambientales causados por el hombre, tales como derrames de petróleo o contaminación radioactiva.

 

En cuanto a los riesgos por severidad de impacto en los próximos 10 años están:

  1. El fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  2. Armas de destrucción masiva,incluyendo el despliegue de sistemas nucleares, químicos, biológicos y radiológicos tecnologías y materiales, creando crisis internacionales y potencial de destrucción significativa .
  3. Pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas.
  4. Eventos climáticos.
  5. Crisis de agua incluyendo una disminución significativa de la calidad y cantidad de agua dulce disponible, que tiene efectos perjudiciales para la salud humana y/o la actividad económica.

 

Como se puede observar, en este ranking de severidad de impacto se repiten tres de los riesgos con más probabilidad de ocurrencia relacionados con el medio ambiente.

 

Interconexiones de los riesgos y diferente percepción en los jóvenes.

Como no podía ser de otra forma, el aumento de la probabilidad de ocurrencia y de impacto de los desastres ambientales y el cambio climático tienen consecuencias e interconexiones con otros riesgos que también han variado su posición en el ranking.

Los riesgos en los que existe una conexión más fuerte son:

  • Fenómenos meteorológicos extremos con el fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Pérdida importante de biodiversidad y colapso de los ecosistemas con el fracaso de la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.
  • Crisis alimentarias con los fenómenos climáticos extremos.
  • Ciberataques a gran escala con las averías de las infraestructuras y redes de información críticas.
  • Elevado desempleo estructural o subempleo con las consecuencias adversas de los avances tecnológicos.

 

Por su parte, la mencionada Comunidad de Shapers está aún más preocupada que el resto de comunidades encuestadas por lo que respecta a los riesgos medioambientales, otorgándoles más probabilidad de impacto y severidad, cosa que también pasa en cierta manera y algunos casos para los riesgos sociales, económicos, tecnológicos o geopolíticos.

Además, sus perspectivas de riesgo a corto plazo son diferentes del resto de la comunidad de encuestados, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.

Fuente: Traducción de World Economic Forum Global Risks Perception Survey 2019-2020.

 

2020, el año de la encrucijada climática.

Según señala en informe, para el futuro de la mitigación del cambio climático, el año 2020 es un año crítico, ya que presenta la primera oportunidad para que las naciones revisen sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático según lo establecido en el Plan de Acción de París de 2015, y para cerrar la brecha entre lo que han prometido y lo que se necesita.

No obstante, lograr un cambio significativo a corto plazo dependerá de un mayor compromiso de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Si no se aprovecha la oportunidad que ofrece el año 2020 para mitigar el cambio climático, habrá tres consecuencias principales.

En primer lugar, los riesgos de la transición aumentarán. Un mayor retraso en la reducción de las emisiones hará que es más difícil lograr los objetivos del presupuesto de carbono: las empresas y los mercados se verán en última instancia forzados a ajustarse más rápidamente, lo que podría conducir a mayores costos, a mayores interrupciones o intervenciones draconianas de políticos que pongan en peligro la estabilidad macroeconómica y financiera.

En segundo lugar, si se fracasa en implementar políticas climáticas eficaces a nivel regional o mundial se aumentará el riesgo de que los países pueden decidir unilateralmente implementar proyectos de geoingeniería como como la fertilización del océano o la inyección de aerosoles en la estratosfera.

Esto pondría aún más en riesgo a los ecosistemas. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró que los aerosoles de sulfato estratosférico podrían dañar la producción agrícola y anular los beneficios de la reducción del calentamiento.

Y por último, y quizás el más vital, es el riesgo de que el proceso específico y multilateral destinado a abordar el cambio climático pierda impulso y la acción a favor del clima se detenga.

Por ejemplo, el reciente fracaso en la COP25 para desarrollar un libro de reglas para un nuevo mercado de carbono significa que todavía no hay un sistema creíble que permita a los países pagarse mutuamente por los proyectos que reducen  las emisiones de gases de efecto invernadero.

El riesgo aquí no es simplemente que perdemos unos preciosos cinco años, sino que la percepción de fracaso drena aún más apoyo político en este proceso multilateral y socava las perspectivas de un futuro progreso.

Sin embargo, como nota positiva, se han dado ya pasos alentadores por parte de varios gobiernos, empresas, inversionistas, entidades subnacionales y la sociedad civil, trabajando juntos en áreas clave de acción climática, como la energía, la transición de la industria, la movilización de las finanzas y la agricultura, y las soluciones basadas en la naturaleza.

Estos esfuerzos de múltiples grupos de interés para avanzar en la acción climática, como se destacó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, se están convirtiendo en una componente cada vez más importante de la respuesta internacional, y también sirven como mecanismos de ayuda para reforzar la confianza de los políticos en que el cambio climático puede ser abordado con éxito.

En ese sentido, y tal y como expresó Borge Brende, Presidente del World Economic Forum en la presentación del informe, “este es el año en que los líderes mundiales deben trabajar con todos los sectores de la sociedad para reparar y revitalizar nuestros sistemas de cooperación, no sólo para obtener beneficios a corto plazo sino para hacer frente a nuestros riesgos más arraigados”.

 

Nota: Este artículo fue publicado el 20-1-20 en Compromiso Empresarial.

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Los retos éticos y de género de la cuarta revolución industrial, a debate en 4IRE.

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Con una gran presencia internacional, tanto a nivel de ponentes como de público, se celebró los pasados días 21 y 22 de noviembre el congreso “The 4th Industrial Revolution & Ethics” en el Impact Hub de Madrid, organizado por la European Women Lawyers Association (EWLA) y con su presidenta, Katharina Miller, actuando como maestra de ceremonias.

Más de 60 conferenciantes, en su gran mayoría mujeres, expusieron y debatieron sus ideas en diferentes ponencias y mesas de debate sobre cuáles son los retos y oportunidades que surgen de la utilización de la tecnología tanto presente como futura, con una especial preocupación por el enfoque de género.

El congreso generó un marco de reflexión con responsables políticos y líderes empresariales para crear un futuro inclusivo y humanizar las tecnologías, basándose en tres pilares principales como son los impactos éticos de la cuarta revolución industrial (insistiendo en la menor visibilidad de las mujeres en el desarrollo de la tecnología), las empresas y start-ups, y la educación.

 

El rol de las mujeres en la cuarta revolución industrial debe cambiar.

Durante todo el evento quedó patente la exigencia de que las mujeres tengan una mayor presencia en carreras técnicas y un mayor poder de decisión en empresas, instituciones y proyectos relacionados con la tecnología.

Tal y como puso de manifiesto Gina Rippon, profesora de Neuroimagen Cognitiva en el Aston Brain Center de la Universidad de Aston en Birmingham, las mínimas diferencias en el cerebro del hombre y la mujer no justifican de ninguna manera que cada género esté más predispuesto a interesarse por ciertos ámbitos o temas. Por tanto, es paradójico que si no existe esa justificación, exista tanto sesgo de género en los estudios y profesiones científicas.

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Los deepfakes y la reputación empresarial.

Photo by Avel Chuklanov on Unsplash

El pasado 10 de noviembre se publicó en El Confidencial un artículo titulado “Primero los políticos, ahora las empresas: los ‘deepfakes’ supondrán pérdidas millonarias” en el que participo dando mi opinión a solicitud de uno de sus redactores, Álvaro Moreno.

El extenso artículo tiene también tiene en cuenta la opinión de otros expertos en reputación corporativa  así como en inteligencia artificial. Es este un ámbito que genera retos y dificultades como ya mencioné en el artículo de opinión “Deepfakes, ¿la próxima herramienta de manipulación?”.

Dado que, como es lógico, en el artículo de El Confidencial mis comentarios están muy resumidos en comparación con la información pasada al redactor, procedo a continuación a exponer en toda su extensión mis respuestas a sus tres preguntas para dotar de más contexto sus entrecomillados.

 

1) Como experto en Comunicación y Reputación Corporativa me gustaría saber qué riesgos cree que entrañan los deepfakes. Desde Moody´s creen que van a facilitar un daño tremendo a la reputación de las empresas ¿cree que es así?

Sí, en un futuro muy cercano los deepfakes pueden crear auténticos problemas reputacionales y económicos a las empresas.

Un ejemplo del primer caso puede ser un video falso de un alto directivo de una empresa importante en el que se hagan declaraciones que puedan ponerle a él en serios aprietos como profesional y a su empresa como responsable, o afectada directa, de lo dicho.

Otro ejemplo de impacto meramente económico es que se puede utilizar un deepfake para extorsionar a una empresa, amenazando con publicar un video falso si no se atienden a las pretensiones económicas del extorsionador.

También se han utilizado ya este tipo de artimañas (en este caso en lo que sería un deepfake de audio) para falsear una interacción entre un directivo y un empleado al que se le pide que haga una transferencia a un supuesto proveedor, o que envíe una información sensible de la empresa al falso directivo.

Las posibilidades de pérdidas económicas, de know-how y de daño a la reputación son muy grandes con el uso de este tipo de tecnología.

 

2) En segundo lugar, ¿hace realmente tanto daño el hecho de que, por ejemplo, la gente pueda ver a un CEO falso hecho por un deepfake diciendo comentarios racistas o haciendo actos de corrupción? ¿la gente no se dará cuenta pronto de que se trata de una manipulación? ¿o por el contrario es algo que quedará ahí? Desde Moody´s temen que esto pueda provocar grandes daños por ejemplo en bolsa en un momento determinado y esa volatilidad puede ser muy nociva, además del daño a la reputación.

Como comentaba antes, un deepfake de un CEO puede afectar rápida y gravemente a su reputación y a la de su empresa. A la reputación de la empresa le afectará en mayor o menor medida dependiendo de si lo que se dice en el video está más o menos relacionado con ella. Pero, aún en el caso de que el video falso tenga declaraciones personales del CEO, la reputación de la empresa siempre sufrirá porque se tiende a asimilar las actitudes y valores de los CEO con los de las empresas en las que trabajan.

Con el avance de la tecnología, a las personas nos será muy difícil de distinguir si un video es o no verídico, si existe o no alguna manipulación.

Vivimos en la era de la rapidez, la bolsa sube o baja en cuestión de minutos por cualquier razón, tanto real y demostrada como por suposiciones o sospechas de que algo ha sucedido o va a suceder. Los deepfakes, bien trabajados y viralizados y hasta que se demostrara su falsedad, se encuadrarían en el ámbito de las razones “reales” por las que podría resentirse la reputación de una empresa y bajar su cotización bursátil.

Después, los afectados tendrían que demostrar que el video es falso, pero el daño ya estaría hecho y no sería tan fácil de reparar, aunque no es algo imposible ya que las empresas se acaban recuperando de grandes batacazos reputacionales y bursátiles con el tiempo.

Esto último es así ya que, a medio y largo plazo, los grupos de interés se suelen olvidar de los escándalos porque su foco se acaba fijando en otros temas y en otras empresas por el constante bombardeo de noticias y asuntos que ocurren a diario.

El problema principal para el directivo y su empresa sería demostrar que el video era falso y poder además comunicarlo de la manera más rápida y amplia posible para mitigar sus efectos dentro de lo posible.

 

3) ¿Qué cosas se pueden hacer para prevenir esta posible situación o hacer que los daños sean menores por parte de la empresa? ¿y en general qué se tendría que hacer para que esto no fuera un riesgo? (educación digital, mayor legislación…etc).

Creo que las decisiones se deben tomar en cuatro campos primordiales: el empresarial, el de los medios informativos, el educacional y el político.

Empezando por el último, se debería crear prontamente legislación en todos los países que penalice la creación y distribución de este tipo de videos, ya que si no hay una amenaza judicial el fenómeno crecerá todavía más, aún con finalidades en principio no delictivas.

Por su parte,  las empresas deben incluir este nuevo fenómeno en sus sistemas de gestión de amenazas y crisis. Aunque a día de hoy no existen métodos probados para proteger una empresa o una persona, se debe empezar a trabajar en ellos y tener clara cuál es la amenaza, sus consecuencias potenciales y cómo intentar al menos mitigarlas.

Los medios informativos y también las empresas tecnológicas que viven de la publicación de información deben desarrollar procedimientos y tecnologías que permitan detectar las falsificaciones y por supuesto deben comprometerse a no divulgarlas.

Por último, pero no menos importante, es primordial concienciar a la población para que sea crítica con todo lo que ve y lee publicado en redes y medios informativos, para que busque otras fuentes de información si algo le parece sospechoso, y para que si no está seguro de algo no ayude a viralizarlo compartiéndolo de nuevo.

Si no se desarrolla rápidamente una tecnología anti falsificaciones y la población no es crítica puede suceder que a la larga no sepamos qué es cierto y qué no, se resienta nuestra confianza en lo que nos rodea, nos cuestionemos todo, y acabemos no sabiendo tomar decisiones porque no sabremos qué es real.

 

Sin duda, nos movemos hacia unos tiempos que pueden ser bastante complicados si nos atenemos al párrafo anterior. Esperemos no tener que llegar hasta ese punto por el bien de nuestra sociedad.

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Cómo beneficiarse del vínculo entre la lucha anticorrupción y los derechos humanos.

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La relación intrínseca entre la corrupción y los derechos humanos es cada vez más conocida y  comprendida por las empresas.

Los impactos adversos en los DD.HH. y la corrupción representan riesgos similares para las empresas, incluyendo zonas de riesgo geográfico coincidentes y los peligros para la reputación y la exposición financiera.

Así se plantea en el informe “Linking Human Rights and anti-corruption compliance” realizado por Joanna Drewert y Kaustuv Banerjee, y publicado por el Pacto Mundial de las Naciones Unidas.

En las últimas dos décadas, muchas empresas han desarrollado e implementado programas sólidos de cumplimiento anticorrupción en respuesta a la promulgación de normas nacionales e internacionales que exigen a las empresas prevenir, detectar y responder a la corrupción en todas sus operaciones globales.

Ese cumplimiento anticorrupción se ha convertido tanto en una herramienta de mitigación de riesgos como en un medio para incorporar valores éticos en la cultura corporativa.

Por su parte, las responsabilidades corporativas sobre DD.HH. comparten una trayectoria similar.

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Incendios de la Amazonia ¿un culebrón de verano?

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En los meses de verano, sobre todo durante el mes de agosto y ante la general falta de noticias de interés debido a que en este país se suele detener todo hasta septiembre, los medios informativos suelen dar importancia a noticias que realmente no la tienen a la vez que se monopolizan los telediarios y periódicos offline y offline con los pocos temas que sí interesan y que se estiran todo lo que se puede durante ese período.

Son los que yo llamo “culebrones de verano”. Noticias que tienen interés (y muchas veces continuidad en el tiempo durante el resto del año) pero que durarán hasta que las noticias frescas de septiembre, la actualidad de un país ya de nuevo en funcionamiento, las sepulten y pasen a mejor vida, y esos temas pasen a un segundo o tercer plano o directamente no vuelvan a salir más.

Quizá este año los culebrones veraniegos se pueden resumir, bajo mi punto de vista, en las polémicas relacionadas con el barco Open Arms y sus actividades, la delincuencia en la ciudad de Barcelona, el brote de listeriosis por carne contaminada, el incendio en Canarias, y en última instancia el de la Amazonia.

Todo esto hasta la fecha en que escribo estas lineas, después de la cual supongo que no saltará ningún otro nuevo culebrón.

Casi todos esos temas tendrán una continuidad después de agosto en menor o mayor grado pero, como he mencionado, se empezarán a omitir en los medios y, por ende, a extraviar en nuestros pensamientos.

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En busca de una inteligencia artificial en la que confiar.

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Sentar las bases de cómo minimizar los riesgos de la inteligencia artificial (IA) a la vez que se maximicen los beneficios de ésta es una necesidad a la que los estamentos oficiales parece que empiezan a dar respuesta.

Es este, el de la innovación tecnológica y sus retos, un tema apasionante para mí, y del que ya escribí al respecto en el artículo de opinión “Inteligencia artificial y responsabilidad social corporativa”.

Necesitamos, más pronto que tarde, que se piense, se regule, se legisle y se dé respuesta a dilemas derivados de la implantación de esta tecnología cada vez más cercanos en nuestro horizonte.

Como parte de esa necesidad de respuesta, el denominado Grupo de expertos de alto nivel sobre inteligencia artificial (AI HLEG) de la Comisión Europea se ha puesto manos a la obra para elaborar un borradorde las Directrices éticas sobre IA que deberá producir un documento final este año 2019.

Estas Directrices quieren ir más allá de una simple enumeración de principios y valores esenciales, y pretenden servir de guía para su aplicación real en sistemas de IA, ofreciendo diversos niveles de abstracción.

El grupo de expertos en IA está formado por 52 representantes de la sociedad civil, la industria y la universidad, y tiene como objetivo principal asesorar a la Comisión sobre los próximos pasos que abordarán los desafíos y oportunidades a mediano y largo plazo relacionados con la IA a través de recomendaciones que se incorporarán al proceso de desarrollo de políticas, al proceso de evaluación legislativa y al desarrollo de próximas estrategias digitales.

Los expertos abogan por un enfoque de la IA centrada en el bienestar de los seres humanos pero desde la confiabilidad. Las personas deben poder confiar en la IA ya que es la única manera de que se puedan beneficiar completamente de ella, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo.

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¿Cómo aplicar la debida diligencia sobre DD.HH. en las empresas?

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Photo by George Pagan III on Unsplash

El reciente cuestionamiento de las actividades de organizaciones y entidades sin ánimo de lucro al respecto de los Derechos Humanos ha traspasado ese ámbito para tocar de lleno el de las organizaciones empresariales lucrativas.

Muchas organizaciones con licencia oficial para operar, se encuentran con que carecen de la licencia social debido a que pueden atentar contra los derechos de un grupo social o una determinada comunidad de un país.

Más allá de la instauración y generalización de un nuevo espíritu ético en el año 2000 por parte del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, fue necesario lanzar en 2011 los Principios Rectores sobre las Empresas y los DD.HH., que el Consejo de DD.HH. hizo suyos en su resolución 17/4.

Dichos Principios Rectores están contenidos en tres pilares principales: la obligación de los Estados de promover y proteger los DD.HH., la responsabilidad de las empresas de respetarlos donde quiera que operen y la obligación de reparar o remediar, a particulares e instancias diversas, el abuso y los daños causados por unos y otras a través de sus omisiones o acciones, directas o indirectas.

Para facilitar a las organizaciones el cumplir con los  DD.HH. se ha creado la “Guía para la aplicación de la debida diligencia sobre DD.HH. en las empresas”, publicada por la Fundación CIDEAL de Cooperación e Investigación.

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Boeing: la seguridad debe ser lo primero.

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Photo by Dan Lohmar on Unsplash.

Boeing, el mayor fabricante de aviones del mundo, se enfrenta a una crisis de grandes dimensiones tras los accidentes de su modelo 737 Max.

El reciente accidente del mes de marzo de uno de los modelos de ese avión, operado por la compañía Ethiopian Airlines, se añade al ocurrido el año pasado a uno de los aparatos de la aerolinea indonesia Lion Air.

Aunque aún se están estudiando exactamente las razones de los accidentes, ambos ocurrieron en circunstancias parecidas, poco después del despegue y por causa de pérdidas de sustentación al parecer inducidas por los propios sistemas automáticos del avión.

Todo esto ha llevado a Boeing a tener que afrontar una crisis de la que es culpable no sólo por la razón primera de la misma sino también por cómo está gestionando toda la situación.

 

Un negocio en el que la confianza es crucial.

En aviación comercial existen muchas variables para que las empresas tanto fabricantes como prestadoras de servicios sean exitosas o no, y entre ellas la más importante es, sin ningún género de dudas, la confianza y la seguridad.

Los accidentes ocurridos han hecho que esa confianza se haya reducido tanto entre las aerolineas usuarias del modelo como entre los pasajeros.

Y no solo las aerolineas que operan el 737 Max se plantean pedir indemnizaciones por todas las pérdidas que están sufriendo al tener que dejar de operar rutas con ese avión, sino que también tanto actuales usuarias de este modelo como otras potenciales están pensando seriamente anular o dejar de realizar pedidos en firme por nuevas unidades.

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Cambio climático: cuesta abajo y sin frenos.

Photo by Jon Tyson on Unsplash

La publicación del reciente informe del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) pone blanco sobre negro el futuro que nos aguarda a la vuelta de la esquina en cuestiones climáticas.

El IPCC es el organismo mundial líder para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático, sus impactos y posibles riesgos futuros, y las posibles opciones de respuesta.

En un estudioque medios y expertos tildan de dramático y alarmante, el IPCC ha sido muy claro y directo, o se hacen cambios “rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad” o nos pasaremos de largo de conseguir que sólo haya un aumento de temperatura de 1,5°C sobre los niveles de temperatura anteriores a la era industrial (como si esa cifra no fuera ya a traernos problemas importantes).

Leamos de nuevo esas palabras, por favor, en voz alta y pausadamente: “rápidos”, “de gran alcance”, “sin precedentes”, “todos los aspectos de la sociedad”.

Bien, a eso añadamos que se estima que las actividades humanas ya han causado un aumento aproximado de 1,0°C por encima de los niveles preindustriales, con un rango probable de 0,8°C a 1,2°C, y que es probable que el calentamiento global alcance 1,5°C entre 2030 y 2052 si continúa aumentando al ritmo actual.

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Publicación de “9 necesarios debates sobre la responsabilidad social».

Dentro de las actividades realizadas en el VI Congreso Nacional de Responsabilidad Social que se celebró este mes de febrero, estuvo la presentación del libro “9 necesarios debates sobre la responsabilidad social” por parte de su coordinador y editor David Lafuente.

David me ofreció la oportunidad de participar en el libro con un artículo de libre elección y de temática relacionada con la responsabilidad social.

Inicialmente me pareció algo un poco complicado por el poco margen de tiempo que había para poder entregar el artículo y el poco tiempo que tenía yo disponible en aquellas fechas, pero finalmente pude terminarlo inspirándome en alguno que ya había escrito anteriormente.

Una aportación que acompaña a otros ochenta y seis artículos de otros tantos autores, expertos y referentes en RSC en nuestro país, y cuyo prólogo ha ido a cargo de Teresa Fogelberg, líder del Global Reporting Initiative (GRI) en los últimos quince años.

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