
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) deja una idea bastante clara sobre 2025 en su nueva edición del informe State of the Global Climate. Aunque el año no superó el récord de 2024, volvió a situarse entre los más cálidos jamás registrados, con el CO2 en máximos y el océano acumulando más calor que nunca. La cuestión no está solo en la temperatura media, sino en la forma en que ese exceso de energía se reparte ya por todo el sistema climático.
Establecer una comparación respecto a 2024 sirve, pero se queda corto. La temperatura media global quedó 1,43 °C por encima del promedio de 1850–1900, lo que sitúa al año en el segundo o tercer puesto del registro observacional, según la serie utilizada. Más importante aún es la secuencia completa. Los años transcurridos entre 2015 y 2025 son los once más cálidos desde que existen registros globales.
Esa progresión da la medida real del momento. La cuestión ya no pasa por saber si un año concreto rebasa por unas décimas al anterior, sino por el hecho de que las temperaturas excepcionalmente altas se repiten sin interrupción. 2024 sigue siendo el año más cálido de la serie, con 1,55 °C sobre el nivel preindustrial, pero la secuencia reciente pesa más que la distancia entre ambos años.
Una de las claves para entender esto mejor está en el nuevo indicador incorporado en esta edición del informe: el desequilibrio energético de la Tierra. La diferencia entre la energía que entra y la que sale del planeta ayuda a explicar por qué el sistema climático sigue acumulando calor aunque un año concreto no bata todos los récords del anterior.