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La juventud en pausa: por qué cada vez cuesta más construir un futuro propio

Foto de Chang Duong en Unsplash

Youth Pulse 2026 reúne respuestas de más de cuatro mil jóvenes de entre 18 y 30 años en 144 países y territorios. En lugar de buscar una “foto de generación” fácil, el informe dibuja un paisaje más incómodo y, por eso mismo, más útil: una juventud que no se explica con un solo titular, pero que sí comparte una sensación reconocible de estar haciendo cuentas todo el rato.

En el debate público, la juventud suele acabar atrapada entre dos caricaturas. A veces se la presenta como una generación perdida, condenada a encadenar crisis sin margen de maniobra; otras, como un bloque homogéneo que trae el cambio por simple efecto de edad. Los datos del informe, elaborado por el World Economic Forum (WEF) y publicado en enero, apuntan hacia un punto intermedio que se parece más a la vida real. 

Lo que aparece es una generación que, esté donde esté, se hace preguntas muy parecidas, como cuánto cuesta vivir, qué margen existe para independizarse, qué oportunidades reales hay al salir del sistema educativo, qué parte de la vida se desplaza a lo digital y qué se pierde por el camino.

La sensación de presión no nace de una única preocupación, sino del encaje de varias piezas que se refuerzan entre sí. En primer lugar, pesa lo material. El coste de vida, la vivienda y la desigualdad aparecen como una especie de suelo inestable sobre el que es difícil construir planes. 

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