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Por una sanidad sostenible.

Photo by Hush Naidoo on Unsplash

Aunque desde nuestra perspectiva de “primer mundo” el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) nº3, que trata sobre asegurar una vida saludable y promover el bienestar para todos en todas las edades, nos puede parecer principalmente dirigido a otros continentes y países, no debemos ni mucho menos de menospreciarlo a la hora de aplicarlo en nuestras latitudes.

Lograr la cobertura sanitaria universal es un objetivo fundamental para la Unión Europea, y todos los países europeos respaldan la igualdad de acceso a la atención sanitaria para todas las personas como un objetivo político importante.

Muchos factores en conjunto afectan la salud de las personas y las poblaciones. Estos incluyen el estado del medio ambiente, las oportunidades de acceso y uso de los servicios de salud, y las características y el comportamiento individual de cada individuo.

En los países avanzados nos encontramos con graves problemas de salud derivados de la obesidad, el tabaquismo, la contaminación o la exposición al ruido, por mencionar sólo unas cuantas causas.

Es por todo esto que debemos tomarnos muy en serio no sólo el ODS nº3 sino la propia sostenibilidad de nuestros sistemas de salud, tanto públicos como privados, y del resto de empresas que se dedican a ofrecer productos y servicios relacionados.

 

El sector de la salud debe moverse hacia la sostenibilidad.

Existen diversas tendencias que empujan al sector de la salud  en general hacia un comportamiento sostenible, tal y como se señala en este artículodel Huffington Post.

Entre ellas contamos con el aumento de la presión sobre la sostenibilidad del sistema de atención médica. El coste de la atención de la salud continúa aumentando tanto para los pacientes como para los proveedores, lo cual unido al envejecimiento de la población y al aumento vertiginoso de las tasas de enfermedades no transmisibles, que gravan el sistema, meten al sistema en un peligroso bucle.

A su vez, los impactos ambientales sobre la salud humana son cada vez más evidentes: recién estamos empezando a ver más claramente el impacto de nuestro entorno físico en la salud individual y pública. Por tanto, la sanidad debe ser un defensor de las políticas y las alianzas que recorten drásticamente la huella ambiental, no solo desde el punto de vista de meros defensores de la protección medioambiental.

También el aumento de las reglamentaciones exige una mayor transparencia. La nueva Directiva sobre divulgación de información no financiera de la U.E. está obligando ya a grandes compañías de salud pública que cotizan en bolsa y algunas privadas a reportar sobre sus impactos ambientales, sociales y de gobierno y también establecer herramientas de gestión de procesos para informar externamente.

Los pacientes no se quedan a la zaga y también exigen cadenas de suministro más sostenibles, por lo que ser una empresa diferenciada que busque de manera proactiva la integración de la sostenibilidad creará una ventaja competitiva para los pacientes y se adelantará a la regulación potencial.

Por último, estudios como el Barómetro de Confianza Edelman nos indican que la  confianza de los pacientes en la asistencia sanitaria sigue siendo baja. Asuntos como el creciente costo de la atención médica, las cuestiones éticas en la transparencia de los ensayos clínicos y algunos escándalos recientes han ayudado a impulsar esta percepción.

 

Nota: Artículo inicialmente publicado en Compromiso Empresarial. Para seguir leyendo clique aquí.

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