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¿Cómo podemos calcular el despilfarro de alimentos?

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El objetivo nº 2 de los Objetivos del Desarrollo Sostenible para el 2030 propone “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”.

Aunque la proporción de personas desnutridas disminuyó casi a la mitad en las últimas décadas y se ha avanzado muchísimo en la erradicación del hambre extrema todavía se estima que 795 millones de personas sufrían de desnutrición crónica en 2014, principalmente en el continente africano.

Mientras, en los países desarrollados no sólo podemos decir que no existe hambre extrema sino que se despilfarran alimentos en toda la cadena que va desde su cosecha hasta el propio consumidor final, lo cual supone a nivel mundial que se pierda o desperdicie cada año comida por valor de 750 mil millones de dólares.

Esa comida se desaprovecha o se pierde en los diferentes procesos de la cadena de valor como son la producción, manipulación y almacenamiento, procesado, distribución y venta, y finalmente en el consumo. Pero, como podemos ver en el siguiente gráfico, los porcentajes de comida perdida en cada una de esas etapas no son iguales en todo el planeta sino que varían muy significativamente según la situación geográfica.

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Fuente: “What’s Food Loss and Waste Got to Do with Sustainable Development? A Lot, Actually” de Brian Lipinski.

Mientras que en los que podríamos denominar como continentes más desarrollados se pierde comida en manos del consumidor, en los menos desarrollados se pierde en los procesos de producción, manejo y almacenamiento. Esto es así porque en los países menos desarrollados las técnicas en esos procesos no son eficientes, mientras que en los países desarrollados son los consumidores los que malgastan la comida por otras razones como por ejemplo su apariencia, porque se desechan cuando han pasado una fecha de “caducidad” aunque sean perfectamente consumibles con total seguridad para la salud, porque se cocinan pero no se consumen en su totalidad, o simplemente porque se adquieren pero finalmente no se consumen.

En el artículo “Desperdiciar alimentos ¡por simple estética!” de Laura Martín podemos ver más información sobre el desperdicio en esas últimas partes de la cadena de valor.

En definitiva, creo que podemos decir que en el fondo en el primer mundo se despilfarran alimentos porque tenemos un fácil acceso a ellos y por su bajo coste, lo cual lleva al consumidor a pensar que “no es para tanto” el hecho de desperdiciar comida, mientras en los países menos desarrollados ya quisieran poder disfrutar de esos mismos alimentos (no quizá en tipo pero sí en cantidad y calidad) que sus ineficientes métodos de producción, manipulación y almacenaje no les permiten consumir.

De todas maneras, que en países desarrollados se pierda entre un 17% y un 23% en el proceso de producción indica que queda aún bastante que mejorar en esos procesos.

 

Impacto en los recursos naturales.

Volviendo a una visión global, según el informe “Huella del desperdicio de alimentos. Impactos sobre los recursos naturales” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a nivel mundial la pérdida de alimentos y residuos representa alrededor de 3,3 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, y se calcula que si esos alimentos fueran “un país”, este sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, superado sólo por China y los Estados Unidos. Por lo que respecta a la huella hídrica azul (es decir, el consumo de recursos superficiales y subterráneos) del desperdicio de alimentos es de unos 250 km3, lo que equivale a tres veces el volumen del lago de Ginebra. Por último, los alimentos producidos pero no consumidos ocuparían casi 1,4 millones de hectáreas de tierra, lo cual representa cerca del 30% de la superficie agrícola del mundo.

Como podemos observar, semejante desperdicio tiene un impacto tremendo en la sostenibilidad actual y futura del planeta, y en la supervivencia de millones de seres humanos.

 

El primer protocolo para el cálculo del despilfarro y la pérdida de alimentos.

Independientemente de los esfuerzos de los países para minimizar este despropósito, desde el World Resources Institute (WRI) se proponen ideas muy interesantes. El WRI es una entidad sin ánimo de lucro que se dedica a hacer investigación global en más de 50 países, con más de 450 expertos y personal que trabajan para convertir grandes ideas en acciones para preservar los recursos naturales y la sostenibilidad de las oportunidades económicas y el bienestar humano. Su trabajo se centra en seis temas críticos en la intersección de medio ambiente y desarrollo: el clima, la energía, los alimentos, los bosques, el agua y las ciudades y el transporte.

Desde el WRI se ha impulsado el “Protocolo de alimentos perdidos y desperdiciados” (Food Loss & Waste (FLW) Protocol). Este protocolo ha sido presentado en la cumbre del Global Green Growth Forum (3GF) a comienzos de este mes en Copenhague y representa el primer estándar global para medir la pérdida y desperdicio de alimentos.

El propósito de este estándar es “facilitar la cuantificación de los alimentos perdidos y desperdiciados (qué medir y cómo medirlo) y mejorar la coherencia y la transparencia de los datos notificados. La norma permite la cuantificación consistente de las bases de referencia y del seguimiento del progreso para la consecución del Objetivo 12.32 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas de desarrollo, así como otros objetivos”.

La versión 1.0 de este protocolo está dividido en tres partes. La parte I incluye una visión general de la finalidad y el destino del estándar FLW, una definición de términos y aplicaciones, los posibles objetivos de cuantificación, los pasos para orientar la preparación de un auditoría, un resumen de los requisitos de la norma y los principios subyacentes de contabilidad y presentación de informes. Las partes II y III proporcionan más detalles acerca de los requisitos de la norma y orientación sobre su implementación. Además, el documento de 153 páginas también tiene sus correspondientes apéndices, glosario de términos, etc.

Este estándar es voluntario y está diseñado para entidades de todo tipo y tamaño, en todos los sectores económicos, y en cualquier país. Presenta un enfoque modular que permite flexibilidad a las entidades que lo usen. Por ejemplo, una entidad puede elegir si cuantifica tanto la comida como las partes no comestibles asociadas y retiradas de la cadena de suministro de alimentos, si cuantifica sólo el alimento, o sólo las partes no comestibles asociadas.

En cuanto a la aplicación del estándar a los componentes de la cadena de suministro alimentaria, podemos ver en el cuadro siguiente que el protocolo contempla la comida y sus partes no comestibles asociadas y también las bebidas, dejando fuera los alimentos que se transfieren de una parte de la cadena de suministro de alimentos a otra aunque todavía se utilicen para el consumo humano, el packaging, y la comida perdida previamente a que sea cosechada (o sacrificada en su caso).

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Antes de desarrollar un inventario FLW en conformidad con este estándar, la entidad debe expresar claramente por qué quiere cuantificar la pérdida y desperdicio alimentario, ya que la razón u objetivo para la esa cuantificación influencia el alcance del inventario y el grado de precisión necesario. Como ejemplos de razones por las que una entidad puede querer aplicar el protocolo están la seguridad alimentaria, la reducción de pérdidas económicas y la sostenibilidad medioambiental.

El estándar está organizado de acuerdo a los pasos que debe seguir una entidad en el desarrollo y presentación de informes de un inventario de comida perdida y desperdiciada y que como se ve en la siguiente figura son: definir los objetivos, revisar los principios de reporte y contabilidad, establecer el alcance, decidir cómo cuantificar la pérdida y desperdicio de comida, recopilar y analizar los datos, calcular los resultados del inventario, evaluar la incertidumbre, realizar una revisión, realizar el informe de inventario, y finalmente establecer nuevos objetivos y controlar en el tiempo.

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Los principios que en los que se basa el estándar para la hacer la contabilidad y el reporte nos suenan ya a otros estándares, y son relevancia, exhaustividad, consistencia, transparencia y exactitud.

La definición del alcance del inventario es crucial porque ha de alinearse con el objetivo u objetivos que subyacen en la decisión de cuantificar que ha tomado la entidad. El alcance ha de contemplar el período de tiempo sobre el cual se reportan los resultados del inventario, los materiales que se incluyen en el inventario (alimentos sólo, sólo las partes no comestibles, o ambos), dónde va la comida cuando se retira de la cadena de suministro de alimentos, y el ámbito sobre el que se cuantifica (categoría de alimentos, etapa del ciclo de vida, geográfico, organización). Podemos ver ese desglose de alcances en el siguiente gráfico.

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Más allá de este punto, el estándar se adentra en los diferentes métodos para cuantificar la pérdida y desperdicio de comida, y en cómo recoger, calcular y analizar los datos, cómo identificar las causas de esas pérdidas y desperdicios, cómo efectuar la revisión y aseguramiento del inventario, cómo realizar el reporte del inventario, y finalmente cómo establecer los objetivos futuros y el seguimiento de los mismos.

Creo que sin duda nos encontramos ante una herramienta de mucho potencial y espero que con su desarrollo futuro (no olvidemos que se puede decir que acaba de dejar lo que en informática se llamaría “versión beta”) se convierta en un estándar reconocido y usado como los que por ejemplo se usan para medir la huella hídrica o de carbono.

El planeta y la humanidad no pueden permitirse el despilfarro de ninguno de sus recursos, usemos aquellas herramientas que tengamos a mano y desarrollemos todas las que sean necesarias para contribuir al uso sostenible esos recursos.

Estándar

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