ética, cambio climático, sostenibilidad, tendencias

Se buscan políticas económicas justas para un planeta desigual en riqueza, género e impacto ambiental

Photo by Jordan Opel on Unsplash

En la última década, la desigualdad ha ocupado parte del debate público y las presiones políticas y sociales resultantes han planteado nuevos y duros retos a los gobiernos y creado a la vez una demanda acuciante de datos fiables. 

El Laboratorio Mundial de la Desigualdad, con sede en la Paris School of Economics y la Universidad de California, Berkeley, ha respondido a este llamamiento coordinando la investigación de las últimas tendencias en la acumulación y distribución de la renta y la riqueza en todos los continentes. 

Su Informe sobre la desigualdad global 2022 está basado en el trabajo de más de 100 investigadores en los últimos cuatro años y presenta la síntesis más actualizada de los esfuerzos investigativos internacionales para rastrear las desigualdades globales, proporcionando nueva información crucial sobre la historia de la desigualdad, la desigualdad de género, las desigualdades medioambientales y las tendencias de la reforma fiscal y la redistribución a nivel internacional.

Toda esa información es clave, ya que, a pesar de que los gobiernos de todo el mundo publican las cifras sobre el crecimiento económico todos los años, la mayoría de los informes existentes no detallan cómo se distribuye el crecimiento entre la población, es decir, sobre quién gana y quién pierde con las políticas económicas.

Además de presentar datos empíricos, el objetivo de este informe es presionar a los gobiernos y a las organizaciones internacionales para que publiquen más datos brutos sobre la renta y la riqueza. Según los autores del mismo, la falta de transparencia sobre la desigualdad de ingresos y riqueza socava seriamente las posibilidades de un debate democrático pacífico en la economía globalizada actual. 

En particular, se subraya que es crucial que los gobiernos proporcionen acceso público a estadísticas fiscales fiables y detalladas, sin lo cual se considera que será muy difícil mantener un debate informado sobre la evolución de la desigualdad y lo que debería hacerse al respecto.

Las desigualdades en ingresos y riqueza van en aumento

El Laboratorio Mundial de la Desigualdad revela datos impactantes como que el 10% más rico de la población mundial recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8,5%. 

Se calcula que, en promedio, una persona del 10% superior de la distribución del ingreso mundial gana 87.200 € por año, mientras que una persona de la mitad más pobre de dicha distribución gana 2.800 € anuales.

En cuanto a las desigualdades de riqueza entre las regiones del mundo, parece que las disparidades entre las regiones ricas y pobres son aún mayores que las disparidades de ingresos anteriores. Las regiones pobres son relativamente más pobres en términos de riqueza: los africanos subsaharianos, los del sudeste asiático y los latinoamericanos sólo poseen entre el 30% y el 60% de la media mundial de riqueza.

Se debe señalar que, aunque a veces se argumenta que los países pobres son pobres porque utilizan sus recursos de capital de forma ineficiente, estos países sí son relativamente eficientes en su uso del capital pero tienen muy poco capital para empezar.

Estas desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980, tras una serie de programas de desregulación y liberalización que adoptaron diferentes formas en diferentes países. El aumento no ha sido uniforme: algunos países han experimentado incrementos espectaculares de la desigualdad (por ejemplo EE. UU., Rusia e India) mientras que otros (países europeos y China) han experimentado aumentos relativamente menores.

El estudio también revela la existencia de sistemas de propiedad privada extremadamente jerárquicos en todos los continentes, independientemente de las instituciones políticas por las que hayan optado las sociedades e independientemente de su nivel de desarrollo económico. Un ejemplo de ello es América del Norte, que es  la región más rica del mundo pero también la más desigual en cuanto a la propiedad de la riqueza.

El género como dimensión de desigualdad económica

Una de las principales dimensiones de la desigualdad socioeconómica es el género. Un concepto clave en esa desigualdad es la brecha salarial de género, medida por la diferencia media entre los salarios de hombres y mujeres, antes o después de controlar el tipo de trabajo, el nivel de cualificación u otros factores. 

En un país con una igualdad perfecta entre mujeres y hombres, la cuota de ingresos laborales de las mujeres sería igual al 50% pero, en la práctica, esa cuota es sistemáticamente inferior al 50%, con variaciones significativas entre los países, que van desde menos del 10% al 45%.

En el antiguo bloque de los países del Este de Europa es donde los porcentajes de ingresos laborales de las mujeres son más elevados, con una media cercana al 41%, con valores que suelen oscilar entre el 38 y el 43%. Europa occidental presenta una elevada proporción de ingresos laborales en comparación con otras partes del mundo y la proporción media de mujeres se estima en torno al 39% y la variabilidad entre países parece ser relativamente baja.

Los países latinoamericanos parecen ser relativamente homogéneos con una media del 35%, mientras que Estados Unidos y Canadá presentan porcentajes similares pero ligeramente inferiores a los de Europa en torno al 38-39%.

Por último, los países asiáticos presentan una media del 27%, superando los bajos niveles bajos de participación de la mujer en los ingresos laborales de Oriente Medio y África del Norte que presentan una media del 15%.

En cuanto al efecto denominado como techo de cristal, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en la parte superior de las distribuciones salariales nacionales, aunque en diferentes grados. Ese efecto parece especialmente pronunciado en Estados Unidos y Francia, mientras que España, Brasil y Costa Rica tienen una representación femenina relativamente alta en la parte superior de sus distribuciones salariales.

La desigualdad en las emisiones de carbono entre regiones son grandes y persistentes

Otra dimensión de la desigualdad global es la desigualdad ecológica, que adopta muchas formas, como la desigualdad de acceso a los recursos naturales, la desigualdad de exposición a la contaminación y a las catástrofes inducidas por el uso insostenible de estos recursos, y la desigualdad de contribución a la degradación medioambiental.

El informe se centró únicamente en la desigualdad en las emisiones de carbono, destacando el hecho de que una décima parte de la población es responsable de cerca de la mitad de las emisiones globales y que las emisiones per cápita han aumentado considerablemente entre el 1% más rico del mundo desde 1990, mientras que han disminuido para los grupos más pobres de los países ricos.

En ese último aspecto, las emisiones per cápita en África subsahariana (1,6 toneladas por persona al año) representan sólo una cuarta parte de las de la media mundial de emisiones per cápita, mientras que en el otro extremo del espectro, las emisiones per cápita en América del Norte son de 21 toneladas (tres veces la media mundial). Entre estos dos extremos se encuentran Asia meridional y sudoriental, con 2,6 toneladas per cápita (40% de la media mundial actual) y América Latina con 4,8 toneladas (70% de la media mundial), seguido de Oriente Medio y Oriente Medio y África del Norte, Asia Oriental, Europa y Rusia y Asia Central, cuyos promedios se sitúan en el rango de 7,5-10 toneladas (entre una y 1,5 veces la media mundial).

En cuanto a emisiones históricas, el informe señala que aunque las desigualdades de carbono entre regiones han disminuido recientemente, siguen persistiendo y son aún más llamativas cuando se comparan con la cuota de población de cada región.

¿Son los impuestos a la riqueza la solución para erradicar la desigualdad?

El informe revisa varias opciones de políticas para redistribuir la riqueza e invertir en el futuro a fin de enfrentar los desafíos del siglo XXI. 

El surgimiento de los estados de bienestar modernos en el siglo XX, que estuvo asociado con un tremendo progreso en salud, y en educación y oportunidades para todos, también estuvo vinculado a un progresivo y pronunciado aumento de las tasas impositivas. Esa asociación jugó un papel fundamental para garantizar la aceptabilidad social y política de un aumento de los impuestos y la socialización de la riqueza, por lo que el informe señala que sería necesaria una evolución similar para abordar los desafíos del siglo XXI.

La evolución reciente de la fiscalidad internacional muestra que es posible avanzar hacia políticas económicas más justas tanto a nivel mundial como dentro de los países. Dentro del informe se discuten varias opciones para abordar la desigualdad, tomando ejemplos de todo el mundo y a lo largo de la historia moderna, y poniéndose de relieve que la desigualdad es siempre una opción política y que aprender de las políticas implementadas en otros países o en otros momentos es fundamental para diseñar vías de desarrollo más justas.

Como ejemplo de esa tasación se desarrolla en el documento un modesto impuesto progresivo sobre el patrimonio de los multimillonarios globales que podría generar ingresos importantes para los gobiernos a reinvertir en educación, salud y transición ecológica.

Nota: este artículo fue previamente publicado en Revista Haz el 21-12-21.

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