inteligencia artificial, sostenibilidad, tendencias

Inteligencia artificial y logística se dan la mano para lograr un transporte sostenible

Foto de CHUTTERSNAP en Unsplash

El sector del transporte y la logística es un pilar fundamental de la economía mundial. Cada año, miles de millones de toneladas de mercancías recorren carreteras, atraviesan océanos y surcan los cielos para abastecer a industrias y consumidores. No obstante, esta actividad conlleva un impacto ambiental significativo, ya que se estima que el transporte en su conjunto genera entre el 16% y el 25% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), con el transporte de carga representando un 7-8% del total.

La presión regulatoria y las expectativas del mercado han llevado a las empresas del sector a explorar soluciones innovadoras para reducir su huella de carbono. Alternativas como la electrificación de flotas y el desarrollo de combustibles sostenibles ofrecen posibilidades prometedoras, pero requieren inversiones y plazos prolongados para su implementación a gran escala. 

En contraste, la digitalización y la inteligencia artificial (IA) han emergido como herramientas de aplicación inmediata para mejorar la eficiencia operativa y reducir emisiones.

La IA ya está demostrando su capacidad para optimizar rutas, mejorar la gestión de carga y facilitar el uso de modos de transporte más sostenibles. Según el informe Intelligent Transport, Greener Future: AI as a Catalyst to Decarbonize Global Logistics, publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con McKinsey & Company, estas tecnologías pueden lograr reducciones significativas en las emisiones sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura. 

Algunas estimaciones apuntan a que su aplicación a gran escala en la logística podría reducir entre un 10% y un 15% las emisiones totales del sector.

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rsc, sostenibilidad, tendencias

La implementación de los ODS en Europa: un proceso complejo y fragmentado

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Desde la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015, Europa ha sido un referente mundial en el desarrollo de estrategias para alcanzar estos compromisos. Sin embargo, con 2030 cada vez más cerca, los avances siguen sin ser homogéneos y aún persisten grandes desafíos. 

El Europe Sustainable Development Report 2025 pone en evidencia que Europa sigue ocupando las primeras posiciones en el ranking mundial de los ODS, con 19 de los 20 países mejor clasificados perteneciendo a la región. Según el informe, los tres países con mejor desempeño en el cumplimiento de los ODS son Finlandia, Dinamarca y Suecia, que destacan por sus avances en energías renovables, bienestar social y políticas climáticas ambiciosas. En el otro extremo del ranking, los tres países con peor desempeño son Turquía, Macedonia y Chipre.

Pero más allá de las cifras, el estudio alerta sobre un estancamiento en algunos objetivos clave para 2030, especialmente en lo referente a desigualdades económicas, impactos ambientales y transición energética. La pandemia, las tensiones geopolíticas y la inflación han hecho más difícil el cumplimiento de estos objetivos, afectando especialmente a los países con mayores dificultades económicas y sociales.

El compromiso de la Unión Europea sigue siendo firme en la implementación de los ODS. A lo largo de los últimos años, las políticas comunitarias han impulsado planes ambiciosos con la intención de reforzar el papel del continente como líder en sostenibilidad. Sin embargo, la realidad es que la implementación de estas políticas varía entre los diferentes estados miembros, lo que ha generado una brecha de resultados dentro del propio continente. 

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riesgos

El apagón como ensayo de un futuro evento Miyake

Foto de NASA en Unsplash

Los eventos Miyake reflejan episodios extremos de actividad solar que, según evidencias científicas, han impactado a la Tierra en el pasado. Su magnitud podría comprometer gravemente infraestructuras eléctricas, comunicaciones y sistemas críticos. Ante su posible repetición, la preparación se convierte en un factor estratégico esencial.

Este 28 de abril, España y Portugal han vivido uno de los mayores apagones eléctricos de su historia reciente. A partir de las 12:30 horas, una serie de fallos en la red dejó a millones de personas sin suministro eléctrico durante casi medio día. Aunque las autoridades han descartado, en principio, causas como ciberataques o sabotajes, el incidente aún está siendo investigado para determinar su origen exacto y establecer medidas correctoras que reduzcan la posibilidad de nuevos episodios.

El impacto social y económico ha sido inmediato y, por el momento, difícil de cuantificar en toda su magnitud. Durante horas, personas quedaron atrapadas en ascensores, trenes detenidos o sin acceso a servicios sanitarios básicos, mientras que gran parte de los sistemas de transporte público y de comunicación se vieron interrumpidos o gravemente limitados. 

La actividad comercial, administrativa e industrial también se resintió, en muchos casos de forma crítica, dejando patente la elevada exposición de las sociedades modernas a cualquier disrupción en el suministro eléctrico.

Más allá de la causa concreta de este apagón, el incidente pone de relieve la fragilidad de las infraestructuras críticas ante eventos imprevistos. En un mundo altamente interconectado y dependiente de la energía para sostener no solo la vida cotidiana, sino también la operativa empresarial, fenómenos de esta naturaleza pueden tener efectos multiplicadores que impacten en toda la estructura económica y social.

Esta situación plantea la necesidad de considerar escenarios aún más disruptivos, como los denominados eventos Miyake: fenómenos de origen solar extremo que podrían provocar daños de gran escala en redes eléctricas, satélites y sistemas de comunicación, afectando de manera profunda el funcionamiento de las economías y alterando la vida en el planeta durante años.

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cambio climático, sostenibilidad, tendencias

España refuerza su compromiso climático con un nuevo Real Decreto sobre huella de carbono

Foto de Francisco Orantes en Unsplash

El Consejo de Ministros ha aprobado recientemente, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), un Real Decreto que refuerza la política climática española. La nueva normativa establece la obligatoriedad, para determinadas organizaciones, de registrar su huella de carbono, consolidando así un enfoque más riguroso y sistemático en la medición, gestión y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

La regulación introduce un marco legal robusto que fomenta la rendición de cuentas y la transparencia, y responde al objetivo prioritario de avanzar hacia una economía baja en carbono. A partir de su entrada en vigor, numerosas empresas y entidades públicas estarán obligadas a calcular anualmente sus emisiones utilizando metodologías internacionalmente reconocidas, y a publicar de forma clara tanto los resultados obtenidos como los planes de reducción establecidos. 

Uno de los pilares centrales del decreto es la obligación de elaborar y comunicar planes específicos de reducción de emisiones, con metas concretas a corto y medio plazo. Esta exigencia impulsa una transformación estructural de los procesos productivos y organizativos, promoviendo modelos de gestión más eficientes, resilientes e innovadores. 

Las organizaciones que se adapten de forma proactiva podrán reducir sus costes operativos, anticiparse a posibles escenarios regulatorios más exigentes, acceder a financiación verde y mejorar su posicionamiento competitivo en un mercado cada vez más sensible a los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza). 

Asimismo, fortalecerán su legitimidad ante consumidores, inversores y otros grupos de interés, en un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en una expectativa social generalizada. 

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innovación, sostenibilidad, tendencias

El nuevo pacto industrial europeo: transformación y competitividad en la era limpia

Foto de Lenny Kuhne en Unsplash

Coincidiendo con la publicación del paquete Ómnibus el 26 de febrero, la Comisión Europea presentó el Clean Industrial Deal (CID), una iniciativa que busca reformar el modelo productivo de la UE bajo criterios de sostenibilidad y competitividad para garantizar que la industria europea mantenga su liderazgo global en innovación sin comprometer los límites ambientales del planeta.

Más que una estrategia climática aislada, el CID introduce un marco regulador que impulsa la producción sostenible, promueve inversiones en tecnologías limpias y refuerza la resiliencia económica frente a la crisis climática y la volatilidad de los mercados globales. 

La industria europea enfrenta retos sin precedentes en un contexto de transformación económica en el que no puede seguir dependiendo de combustibles fósiles y materias primas no renovables sin comprometer su viabilidad a largo plazo. Esto se debe no solo a razones ambientales, sino también económicas: el encarecimiento de la energía, la competencia con mercados menos regulados y la necesidad de asegurar el acceso a materias primas estratégicas han obligado a la UE a acelerar su transición industrial.

El CID se publicó dentro de los primeros 100 días del nuevo mandato de la Comisión Europea, un período estratégico que marca el inicio de una nueva agenda política y económica. La necesidad de implementar sus medidas con rapidez responde a un contexto de alta presión: Europa debe reducir su dependencia energética, fortalecer su autonomía industrial y consolidar un modelo productivo basado en la circularidad y la eficiencia. 

Si bien existen regulaciones previas en materia ambiental e industrial, el CID busca integrar estos esfuerzos en una estrategia unificada que permita a la industria europea adaptarse a las exigencias del mercado sin perder competitividad.

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isr, sostenibilidad, tendencias

El mercado de financiación sostenible se estabiliza en España

Foto de Christian Dubovan en Unsplash

La financiación sostenible se ha consolidado como una herramienta indispensable para afrontar los retos globales del cambio climático y acelerar la transición hacia una economía más respetuosa con el medio ambiente. Sin embargo, las cifras actuales muestran que los recursos movilizados todavía están lejos de ser suficientes para abordar el problema a escala global.

En España, el mercado de la financiación sostenible ha mostrado avances significativos en términos de volumen y diversificación de instrumentos. Aun así, el ritmo de crecimiento se enfrenta a limitaciones, como el aumento de los tipos de interés y una regulación más estricta que, aunque promueve la transparencia, puede ralentizar la adopción de nuevos mecanismos. 

A pesar de estos desafíos, el país tiene la oportunidad de consolidarse como un referente en Europa gracias a sus sectores estratégicos, como las energías renovables y la movilidad sostenible.

Además, la financiación sostenible no solo es un motor de cambio económico, sino también un catalizador social. En este sentido, fomenta la creación de empleos verdes y facilita la integración de pequeñas y medianas empresas, permitiéndoles participar activamente en la transición ecológica.

El recientemente publicado Informe Anual OFISO sobre la financiación sostenible en España revela las principales claves de cómo se ha desarrollado ese mercado en el pasado año 2023 y proporciona indicios sobre el futuro de este tipo de financiación.

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cambio climático, inteligencia artificial, riesgos, sostenibilidad, tendencias

Los servicios climáticos avanzados, esenciales para un futuro más seguro

Foto de Guy Bowden en Unsplash

A medida que las temperaturas globales alcanzan niveles récord y los fenómenos extremos afectan cada vez a más personas, los servicios climáticos se transforman en algo más que herramientas científicas para convertirse en pilares fundamentales para proteger vidas, fortalecer economías y construir un futuro resiliente.

El cambio climático amenaza a todos los aspectos de la sociedad, desde la seguridad alimentaria hasta la infraestructura crítica y la salud pública. Fenómenos como las recientes y trágicas inundaciones vividas en España, o las olas de calor y las sequías se han intensificado en frecuencia y gravedad, mientras que los impactos económicos y sociales de estos eventos continúan creciendo. 

Frente a esta situación, los servicios climáticos han surgido como una herramienta esencial para comprender, prever y mitigar estos riesgos. Estos servicios son sistemas integrales que recopilan, procesan y distribuyen datos climáticos e información basada en investigaciones científicas. Su objetivo principal es apoyar a los responsables de la toma de decisiones en sectores clave, como la agricultura, la energía, la salud, el transporte y la planificación urbana. 

Los servicios climáticos permiten prever fenómenos climáticos extremos y tendencias a largo plazo, facilitando la preparación y adaptación de las comunidades frente a los impactos climáticos. Por ejemplo, con información climática precisa, una región puede diseñar infraestructuras resilientes a fenómenos extremos y planificar mejor sus cultivos agrícolas o prepararse para inundaciones estacionales.

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TISFD: hacia una mayor transparencia social en el ámbito corporativo

Foto de Bud Helisson en Unsplash

El 10% más rico de la población global acumula más de la mitad de los ingresos mundiales y tres cuartas partes de la riqueza total. Mientras esa pequeña fracción dispone de la mayoría de los ingresos mundiales, millones de personas luchan por satisfacer sus necesidades básicas, una situación agravada por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. 

La desigualdad, si no se aborda adecuadamente, genera riesgos significativos tanto para la estabilidad económica como para el bienestar social. Los niveles extremos de desigualdad erosionan la cohesión social, inhiben la formación de capital humano y amenazan la estabilidad financiera. 

Estos problemas no solo afectan a las personas y comunidades, sino también a las empresas, que se ven afectadas por un entorno más inestable y complejo para operar. Estas tienen la responsabilidad de contribuir a una sociedad más justa y sostenible, abordando la desigualdad y fortaleciendo sus relaciones con las comunidades, fomentando la innovación y asegurando un futuro sostenible.

Con la idea de contribuir a esa responsabilidad corporativa nace la nueva iniciativa del Grupo de trabajo sobre desigualdad e información financiera de carácter social (Taskforce on Inequality and Social-related Financial Disclosures (TISFD)).

Este grupo de trabajo es una coalición formada por líderes de empresas globales, instituciones financieras, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, apoyada por el Foro Económico Mundial y otras entidades comprometidas con un sistema financiero más justo e inclusivo. 

La visión de TISFD no es solo cumplir con regulaciones, sino inspirar un cambio profundo en el papel de las empresas en la sociedad. Se trata de transformar la manera en que operan para que se conviertan en líderes en la lucha contra la desigualdad, no solo alineando sus estrategias con las expectativas de inversores y consumidores, sino también actuando como agentes de cambio positivo.

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ética, compras, derechos humanos, riesgos, rsc, sostenibilidad, tendencias

La UE prohíbe los productos hechos con trabajo forzoso

Foto de British Library en Unsplash

La Unión Europea ha reforzado su compromiso con los derechos humanos y laborales mediante la aprobación del Reglamento (UE) 2024/3015 recientemente publicado. Esta normativa establece un marco jurídico innovador que prohíbe la comercialización de productos fabricados, total o parcialmente, mediante trabajo forzoso en el mercado europeo. 

El propósito principal de esta regulación es alinear al mercado europeo con los principios éticos establecidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), particularmente la meta 8.7, que aboga por la eliminación del trabajo forzoso, la esclavitud moderna y la trata de personas

Teniendo en cuenta que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 27,6 millones de personas son víctimas de estas prácticas en el mundo, este reglamento marca un hito en los esfuerzos globales por erradicar el trabajo forzoso de las cadenas de suministro.

Aunque el reglamento entró en vigor el 13 de diciembre de 2024, su aplicación efectiva comenzará el 14 de diciembre de 2027, dando un período transitorio de tres años para que empresas y autoridades adapten sus procesos a las nuevas exigencias. Ese período de transición permitirá que las partes involucradas implementen procesos de diligencia debida y adopten herramientas tecnológicas que aseguren el cumplimiento normativo.

La prohibición explícita de productos asociados al trabajo forzoso es el núcleo de esta regulación. Abarca tanto bienes producidos dentro del territorio de la Unión Europea como aquellos importados de terceros países. Este enfoque universal no discrimina por origen y asegura que los estándares éticos europeos se apliquen a todos los productos presentes en el mercado, sin excepciones. 

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cambio climático, sostenibilidad, tendencias

Europa da un paso atrás y aplaza la ley contra la deforestación

Foto de roya ann miller en Unsplash

La Unión Europea ha dado un paso atrás justo antes de la fecha en las que las primeras empresas debían aplicar la nueva normativa sobre productos libres de deforestación. Un reglamento que no solo busca proteger los bosques, sino también asegurar que los consumidores europeos no contribuyan, de forma inadvertida, a la degradación de uno de los recursos más valiosos para la humanidad. 

La aplicación del Reglamento de la UE 2023/1115 sobre productos libres de deforestación acaba de ser aplazada un año, hasta finales de 2025, tras un acuerdo político provisional entre el Parlamento Europeo y el Consejo. Esta decisión, aprobada con amplia mayoría, responde a las preocupaciones planteadas por Estados miembros, países exportadores y operadores, que señalaron la necesidad de contar con más tiempo para cumplir adecuadamente con las obligaciones establecidas. 

El propósito principal de este reglamento es garantizar que los bienes comercializados en Europa no estén asociados con la destrucción de ecosistemas forestales, una de las principales causas de pérdida de biodiversidad y aumento de emisiones de carbono a nivel global.

La normativa define la deforestación como la conversión de bosques en tierras agrícolas, sin excluir cambios causados por desastres naturales si posteriormente se utiliza esa tierra para cultivo. Para determinar si un producto incumple esta regulación, se utiliza como referencia el estado de la tierra el 31 de diciembre de 2020. Si desde esa fecha se han producido cambios que llevaron a la eliminación de bosques, los productos de esas áreas no podrán ser comercializados en el mercado europeo.

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