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La pandemia del COVID-19 y los consiguientes cierres sociales y económicos necesarios para contenerla están suponiendo para las industrias del vestido, el calzado y el textil una serie de retos sin precedentes.
Esta crisis está produciendo una sacudida en la industria de la moda en general. Los negocios minoristas han estado cerrados temporalmente, las marcas se están ajustando a la disminución del gasto de los clientes y los trabajadores de países como la India, Bangladesh y China están en situación de baja laboral debido a la reducción o la cancelación de pedidos.
Por si fuera poco, se espera que la inminente crisis económica acabe con más del 30% del negocio de la industria de la moda sólo en 2020.
Las preocupaciones “responsables” que antes predominaban en la industria (desde el abastecimiento de materiales sostenibles hasta la reducción de su huella de carbono y los derechos de los trabajadores) han quedado en estos difíciles momentos relegadas a consideraciones secundarias mientras las empresas luchan por gestionar las dificultades económicas a corto plazo.









