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Otro año más ha llegado el día del Black Friday, una de las jornadas que generan un mayor perjuicio al medio ambiente debido a los impactos del consumismo desmedido de millones de personas en todo el mundo.
Es este, junto a otras jornadas como el Single Day o el Cyber Monday, un fenómeno planetario que se ha ido expandiendo de manera rápida en los últimos años en muchísimos países que nada tenían que ver con esas, llamémoslas, tradiciones.
¿Por qué somos tan dados a admitir dentro de nuestra cultura fiestas como por ejemplo Halloween o días de compras con descuentos como los mencionados?
¿Por qué en lugar de esas fechas de compras como si no hubiera un mañana no adoptamos con mucho más convencimiento y fuerza jornadas dedicadas a causas relacionadas con la sostenibilidad o el medio ambiente?
Pues, probablemente, porque estamos mucho más interesados en saciar nuestra ansia consumista y nuestro ego de tener más y más que en procurar que el planeta dure más y en mejores condiciones para nosotros y para los que queden cuando nosotros ya no estemos.
No genera la misma cantidad de dopamina y endorfina el realizar una compra que va a dar una satisfacción inmediata que hacer algo por el planeta, algo que a escala personal no es medible y a escala mundial tampoco se podría comprobar a corto plazo.
Y eso suponiendo que a todo el mundo le interesa y le preocupa el planeta, lo cual no vamos a descubrir ahora que es totalmente falso, tanto si es por simple desinterés como si es porque se tienen otras cosas del día a día en qué pensar como por ejemplo mantenerse vivo, o por otras razones que pueda tener cada uno.
Lamentablemente no solo la sostenibilidad del planeta es la que se resiente por estos días de compras sin freno, sino también la de pequeños comercios que no pueden competir de tú a tú con las empresas gigantes de la distribución online y las grandes cadenas, y que se enfrentan a un futuro quizá cada vez más incierto.
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