
Ya no es cuestión de si va a llegar, sino de cuándo. Esa expresión, que últimamente se está utilizando para advertir de un posible apagón eléctrico a gran escala, es también aplicable a la llegada del llamado metaverso.
En los próximos años, se creará un universo en internet, accesible mediante realidad virtual, que cubrirá todas las áreas de la vida: entretenimiento, interacción social y vida laboral, y que traerá una serie de retos más allá de su propia complejidad técnica, que no son otros que los relacionados con las reglas que regulen su funcionamiento.
Se estima que para que sea posible una adopción masiva del metaverso por parte de sus, llamémosles, ciudadanos o usuarios, será necesario que exista solo un metaverso estandarizado y no diversos metaversos no conectados entre ellos o con funcionamientos diferentes.
Por esa razón, empresas como Facebook, Microsoft y otras de origen chino se han puesto en marcha para ganar la carrera por conseguir ser los primeros en crear algo con cara y ojos al que las demás deban adaptarse. Es decir, el primero que llegue a obtener el producto podría convertirse en el único propietario del mismo, con las consecuencias que una implementación de ese puede tener a nivel económico y de poder.
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