
La puesta a disposición del público en general de diferentes herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) en el pasado año 2022 ha marcado un antes y un después en la aplicación de una tecnología que traerá consecuencias en muchísimos ámbitos.
El hecho de que apenas haya habido noticias relativas a este tema fuera de los círculos tecnológicos es algo bastante chocante si se tiene en cuenta el impacto que esa tecnología ya tiene y va a tener en campos como la educación, el diseño gráfico, la ilustración, o la edición de artículos, audio o vídeo, por citar sólo unos pocos ejemplos.
Bajo mi punto de vista, todos los telediarios deberían ir abriendo sus ediciones con noticias sobre los avances en IA y sus consecuencias, más aún cuando el tema del metaverso se ha quedado un poco en stand by debido a los tropiezos de Meta (ex Facebook) y a la espera de que Apple nos enseñe su particular visión sobre la realidad virtual o aumentada.
Aunque quizá no se ha hecho mucho eco de esta tecnología en los medios generalistas porque simplemente no se quiere alertar a la población de los cambios que están por venir, aunque de nada sirve mirar para otro lado.
Esta revolución que está al caer conllevará una transformación en cómo se llevan a cabo muchas tareas y, por supuesto, se llevará por delante el trabajo de muchos, hará que profesionales tengan que reciclarse para utilizar estas herramientas, y también que otras personas se dediquen a esos tipos de trabajos.
Además, como ya hemos visto en 2022, el uso de la IA traerá múltiples controversias relacionadas con la ética, la propiedad intelectual o los derechos de autor, entre otras.
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