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Los bonos verdes como herramienta contra el cambio climático

Photo by Marjan Blan | @marjanblan on Unsplash

Aunque la escala de las futuras necesidades de adaptación dependerá del éxito de los actuales esfuerzos de mitigación, nos encontramos en la actualidad ante un enorme déficit de inversión para hacer frente a los impactos climáticos que ya se han producido, por lo que es necesaria la utilización de instrumentos que cambien esa situación.

Se estima que los costes anuales de adaptación para los países en desarrollo estarán en una horquilla que va entre los 140.000 y los 300.000 millones de dólares anuales de aquí a 2030, y entre los 280.000 y los 500.000 millones de dólares anuales para 2050, todo ello para adaptarse a un futuro con un aumento de 2 °C sobre niveles preindustriales. 

Sin embargo, estas estimaciones probablemente subestiman la necesidad real si se tienen en cuenta las necesidades de capital para realizar las inversiones en infraestructuras existentes y futuras que sean resilientes al cambio climático. 

A nivel mundial, se prevé que la necesidad de infraestructura alcance los 94 billones de dólares en 2040, y se necesitarán otros 3,5 billones de dólares para satisfacer las necesidades de la población para 2040. Suponiendo que estas inversiones en infraestructuras requerirán características de resiliencia, es probable que el déficit de financiación de la adaptación de financiación para la adaptación sea de billones en lugar de miles de millones.

Ante ese panorama, el Global Center on Adaptation (GCA) ha publicado su informe “Green bonds for climate resilience: state of play and roadmap to scale”, con el objetivo profundizar en el conocimiento actual de la situación de los bonos verdes que financian activos, proyectos y actividades relacionados con la resiliencia climática. 

Este documento contiene una visión general de la situación mundial de los bonos verdes que usan sus fondos para temas relacionados con la resiliencia climática. Además, también se ha desarrollado una herramienta analítica, el Marco de Evaluación de la Capacidad de Resiliencia Climática de los Bonos Verdes, para su utilización por parte de los emisores públicos y corporativos para evaluar cuál es su capacidad interna y cuáles sus facilitadores externos para emitir bonos verdes para la resiliencia climática. 

¿Qué es la resiliencia climática y sus bonos verdes?

La resiliencia climática en el contexto de la inversión se define tal y como establecen los Principios de Resiliencia Climática (PRC) de la Climate Bonds Initiative, organización sin ánimo de lucro centrada en los inversores que trabaja para movilizar los mercados de capital de deuda para las soluciones del cambio climático, con el fin de acelerar la transición mundial hacia una economía baja en carbono y resistente al clima.

Dentro de esa definición se considerarían las inversiones en resiliencia que mejoran la capacidad de los activos y sistemas para persistir, adaptarse y/o transformarse de forma oportuna, eficiente, de manera oportuna y que reduzca el riesgo, evite la mala adaptación, desbloquee el desarrollo y cree beneficios, incluso para el bien público, frente a la creciente prevalencia y severidad de las tensiones y alteraciones relacionadas con el clima.  

A su vez, los bonos para la resiliencia climática son bonos verdes en los que una parte (o la totalidad) de su recaudación se destina a inversiones que apoyan la adaptación al clima y aumentan la resiliencia a los riesgos climáticos físicos

Un bono verde de este tipo goza de los mismos beneficios que los bonos verdes convencionales (es decir, los que se centran en inversiones con bajas emisiones de carbono), entre los que se encuentran:

  • Proporcionar a los emisores acceso a capital de bajo coste para financiar sus proyectos de inversión.
  • Ampliar de la base de inversores, ya que la demanda de bonos verdes supera con creces la oferta.
  • Presentar una buena adaptación a proyectos a gran escala que requieren una inversión de capital previa a los ingresos.
  • Ayudar a desbloquear la financiación con descuento a través de fondos e instalaciones de financiación combinada.
  • Aportar visibilidad y reconocimiento a las características de resiliencia dentro de los bonos.
  • Mejoran la gestión del riesgo y refuerzan las relaciones internas y el compromiso con la sostenibilidad.

Una oportunidad para una recuperación resiliente

Desde que el Banco Europeo de Inversiones (EIB) etiquetó el primer bono verde en 2007, se han emitido en todo el mundo 1,5 billones de dólares en bonos verdes de una amplia gama de emisores, encabezados por las agencias supranacionales y seguidos por los soberanos, municipios, bancos nacionales de desarrollo, instituciones financieras y empresas. 

La demanda de bonos temáticos ha crecido como consecuencia de la pandemia. Desde el inicio de esta, el interés de los inversores por los bonos sociales, derivados del formato de «uso de los ingresos» de los bonos verdes, se ha disparado y los bonos COVID-19 y similares han surgido como una nueva forma de aprovechar los mercados de capitales para financiar las medidas de estímulo para la recuperación de la COVID-19 y, al mismo tiempo, ofrecer beneficios sociales

Muchos gobiernos han reconocido la necesidad de una recuperación sostenible y resiliente, pero la mayoría no ha utilizado adecuadamente estímulos económicos para invertir en el cambio climático o en la resiliencia a largo plazo. Sin embargo, existe una gran oportunidad para que la financiación de los estímulos para la recuperación de la COVID-19 actúe como catalizador para la integración de la adaptación y la resiliencia en toda la gama de instrumentos financieros.

Aunque existe un déficit de inversión en este ámbito, la resiliencia climática ya está siendo financiada. El 16,4% de las operaciones en el mercado global de bonos verdes etiquetados hasta septiembre de 2020 incluyeron actividades relacionadas con la adaptación y la resiliencia al cambio climático, sobre todo en los sectores del agua y relacionados con el agua. 

De ellas, el 79% de las emisiones de bonos han procedido de mercados desarrollados, el 15% de instituciones supranacionales, y sólo el 6% de los mercados emergentes. Con respecto al emisor, el 12% de los bonos verdes que incluían ese tipo de actividades fueron emitidos por soberanos y gobiernos locales, el 65% por entidades respaldadas por el gobierno, el 16% por bancos de desarrollo, el 4% por corporaciones financieras y el 3% por organizaciones corporativas no financieras. 

El primer bono verde dedicado íntegramente a apoyar infraestructuras, empresas, y agricultura y sistemas ecológicos resilientes al clima, fue emitido por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) en enero de 2020.

¿Cómo  ampliar la oferta de bonos verdes para la resiliencia climática?

Tal y como indica el informe del GCA, para aprovechar la oportunidad de hacer crecer el mercado de los bonos verdes para la resiliencia climática, la prioridad inmediata es crear un impulso.

El compromiso y el apoyo a los bonos soberanos y subsoberanos , tanto ya existentes como potenciales, dispuestos a abastecer el mercado de bonos para la resistencia climática, es un primer paso.

En segundo lugar, se subraya la necesidad de proteger la integridad del mercado, que debe ser salvaguardada y mejorada mediante la ampliación y perfeccionamiento de las normas, al tiempo que se supervisa que las inversiones contribuyen de forma creíble a los objetivos de resiliencia establecidos. 

En tercer lugar, los gobiernos deben crear los marcos políticos y normativos que permitan alcanzar la escalabilidad y la sostenibilidad, armonizando sus directrices nacionales con las taxonomías y normas mundiales.

La hoja de ruta presentada en el informe destaca acciones clave en esas tres áreas prioritarias y que son aplicables a responsables políticos, instituciones gubernamentales, organismos de normalización, instituciones financieras, instituciones financieras de desarrollo, bancos multilaterales, sociedad civil, ONGs, emisores de bonos, e inversores.

Nota: este artículo fue inicialmente publicado en Revista Haz el 2-2-22.

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