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Mitigar el impacto de la covid-19 en los trabajadores de las cadenas de suministro.

Photo by Reproductive Health Supplies Coalition on Unsplash

La pandemia de la Covid-19 provocó y sigue provocando todavía una importante interrupción de las cadenas de suministro en todo el mundo. Las cuarentenas y cierres nacionales, establecidos para proteger la salud humana, contribuyeron al colapso de la demanda de ciertos bienes de consumo, lo cual, a su vez, dio un golpe devastador a las cadenas de suministro.

Las implicaciones financieras, sanitarias y sociales de esos cierres de producción y las pérdidas de empleo que provocan sólo pueden entenderse plenamente si se escuchan directamente de los afectados, razón por la cual la consultora BSR entrevistó a más de 1.000 trabajadores, en fábricas de ropa y granjas de flores de Bangladesh, China, Egipto, India, Kenia y Vietnam, para evaluar el verdadero coste de la pandemia para ese colectivo. 

El resultado de dicha investigación se ha plasmado en el informe ““I can hardly sustain my family” Understanding the human cost of the COVID-19 pandemic for workers in the supply chain” publicado el pasado mes de diciembre.

Las mujeres han sido afectadas desproporcionadamente por las consecuencias económicas y sociales del coronavirus. A nivel mundial, han representado la mayoría de los trabajadores de la salud en primera línea de la pandemia, y han experimentado desafíos como el aumento de las tareas de cuidado en el hogar, un mayor riesgo de perder sus oportunidades de obtener ingresos en relación con los hombres y un aumento de la violencia de género.

Además, las mujeres juegan un papel fundamental en las cadenas de suministro de ropa, flores frescas y té, mientras que en la industria de la confección, aproximadamente el 75% de la fuerza de trabajo también son mujeres. 

El estudio de BSR presenta las conclusiones sobre el impacto de la pandemia para trabajadores de esos países en las áreas de finanzas, salud física y mental, y violencia de género, y ofrece recomendaciones para que las empresas y otras partes interesadas actúen para minimizar esta crisis.

Reducción de ingresos y aumento de los préstamos.

La disminución de ingresos ha llevado a los trabajadores a situaciones dramáticas. 

En Kenya, donde la situación era la más complicada, el 70% de las mujeres y el 78% de los hombres tuvieron que saltarse o reducir el tamaño de sus comidas. Debido a las presiones financieras sobre las fábricas, los trabajadores de ambos sexos están realizando menos horas de trabajo que antes. Esto significa que aunque los trabajadores pueden seguir trabajando, no ganan lo suficiente para comprar artículos esenciales como comida, o pagar su alquiler. Por esta razón, algunos trabajadores están optando por dejar sus empleos y buscar otro trabajo, como el trabajo agrícola en sus pueblos de origen, o asumir segundos empleos para cubrir los gastos básicos.

Otros trabajadores fueron despedidos o tuvieron un cónyuge que había perdido sus ingresos, y todos se vieron afectados por el aumento de los precios de los alimentos. 

Con ingresos reducidos o sin ellos, los trabajadores dependen de préstamos para llegar a fin de mes. En todos los países, los trabajadores informaron que usan préstamos para cubrir necesidades básicas como el pago del alquiler o la compra de alimentos. Kenia fue el país con el mayor aumento de los préstamos debido a la Covid-19, y en Bangladesh el número de mujeres que utilizaron préstamos para cubrir gastos básicos aumentó en un 15%, mientras que el porcentaje de hombres que se los solicitaron casi se duplicó.

En otros países, los trabajadores están pidiendo menos préstamos para cubrir gastos esenciales pero, en cambio, dependen de sus ahorros. En Egipto, más del 80% de los trabajadores encuestados informaron de que utilizaban sus ahorros para hacer frente a la pandemia. En la India, el 65% de los trabajadores informaron de que habían utilizado sus ahorros durante la crisis, en la mayoría de los casos para pagar los alimentos.

Contraer el virus es la principal preocupación en todos los países.

Las consecuencias para la salud de la Covid-19 es uno de los principales impactos y preocupaciones para trabajadores de ambos sexos. 

Por ejemplo, en Kenia, más del 90% de los trabajadores declararon estar preocupados por la posibilidad de contraer el virus, y el 100% de ellos declararon haber tomado las acciones necesarias para prevenirlo, independientemente del género.

Solo en Vietnam el miedo a infectarse fue superado por el miedo a perder el trabajo, hecho comprensible por que el país tiene uno de los números más bajos de casos y muertes por coronavirus en todo el mundo.

Los trabajadores también están preocupados por la salud de sus hijos y las consecuencias de las medidas de prevención adoptadas por los gobiernos, lo cual provoca un evidente coste extra para la salud mental de los trabajadores.

En todos los países las medidas adoptadas por los  gobiernos dieron lugar a la separación de las familias, y muchos trabajadores se vieron obligados a poner en cuarentena a sus hijos. Esto, sumado a la inseguridad económica e incluso al hambre, ha provocado un aumento de la ansiedad entre los trabajadores.

Otro dato preocupante es el aumento de los casos de enfermedad mental y un incremento del riesgo desuicidio. Expertos de todos los países estudiados creen que la pandemia provocará un aumento del estrés crónico, la ansiedad, la depresión, la dependencia del alcohol y las autolesiones.

La violencia de género también aumenta.

Los trabajadores informan que las tensiones económicas y emocionales causadas por la pandemia de COVID-19 han dado lugar a un aumento de las discusiones en el hogar y a un incremento de la violencia de género, con diferentes informes en los distintos países. 

Incluso si los trabajadores han mantenido sus empleos, sus cónyuges pueden haber perdido sus trabajos. El estrés causado por la incertidumbre de la situación y la restricción de los movimientos que hace que las familias pasen más tiempo juntas en pequeños alojamientos son factores que contribuyen a aumentar el riesgo de violencia. 

Se preguntó específicamente a los encuestados si habían notado un aumento de la violencia contra la mujer en sus comunidades. En la India el 17% de las mujeres encuestadas notaron un aumento de la violencia contra la mujer, en Vietnam, el 10% ,  en China el 8%, mientras que en Kenia el porcentaje subía enormemente hasta el 54%.

La violencia y el acoso en el lugar de trabajo no fue uno de los temas de las encuestas, pero también existe el riesgo de que aumente a medida que las fábricas y las explotaciones agrícolas atraviesan un período de gran incertidumbre y presión de la producción. 

Recomendaciones para que las empresas mitiguen los impactos.

Existen diversas formas en que las empresas pueden actuar para apoyar a sus trabajadores.

En primer lugar, es esencial escuchar directamente a los trabajadores sobre su situación y necesidades para entender el costo humano de la pandemia, así como considerar las necesidades únicas de las trabajadoras y cómo pueden verse afectadas de manera diferente a los hombres. 

También, las empresas deberían colaborar con otras partes interesadas para apoyar la resolución de los problemas urgentes a los que se enfrentan los trabajadores, como el hambre, la salud mental y la violencia de género. Hasta el momento, las organizaciones locales son las que están dirigiendo esta labor y necesitan recursos adicionales.

Las empresas deberían alentar y apoyar a los proveedores para que adopten medidas que tengan en cuenta las cuestiones de género, incluyendo la inversión en programas de empoderamiento de la mujer, y comprometerse a pagar puntualmente los próximos pedidos.

La colaboración con otras empresas, así como con las partes interesadas, como la Organización Internacional del Trabajo, los representantes de los trabajadores, las asociaciones industriales y otros, es necesaria para apoyar respuestas colectivas y coordinadas a los desafíos de los trabajadores, especialmente las mujeres, en la cadena de suministro. 

Por último, hace falta desarrollar una recuperación que mantenga o amplíe los compromisos públicos con la igualdad de género, evaluando los lugares de trabajo para aumentar la comprensión de las necesidades de la mujer y las posibles soluciones, e invirtiendo en la capacitación de las mujeres para que estén mejor preparadas para futuros empleos. 

Nota: Este artículo fue anteriormente publicado en Compromiso Empresarial el 13-1-21.

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