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Los ODS, amenazados por el coronavirus, pero salvables con colaboración.

Photo by Perry Grone on Unsplash

Es probable que la crisis de COVID-19 tenga un efecto profundo y negativo en los esfuerzos de desarrollo sostenible. Una prolongada desaceleración económica mundial tendrá un efecto negativo en la aplicación del Programa de Desarrollo Sostenible de 2030 y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Pero una colaboración global y coordinada puede paliar sus daños.

Nos enfrentamos a una crisis sanitaria mundial como ninguna otra en los últimos tiempos que está matando a personas y propagando el sufrimiento humano, por lo que es mucho más que una crisis de salud. Es una crisis humana porque la enfermedad está atacando a las sociedades en su núcleo.

Así de contundente se muestra las ONU en su recién publicado informe “Shared responsibility, global solidarity: Responding to the socio-economics impacts of COVID-19”, que pretende ser una llamada a la acción para que se dé la necesaria e inmediata respuesta sanitaria para eliminar la transmisión del virus y poner fin a la pandemia, pero sobretodo para que se aborden las numerosas dimensiones sociales y económicas de esta crisis.

La ONU destaca la necesidad de centrarse en las personas y organizaciones cuya situación sea más delicada y que se vean más impactadas por la situación, como mujeres, jóvenes, trabajadores con salarios bajos, pequeñas y medianas empresas, el sector no estructurado y los grupos vulnerables que ya estaban en situación de riesgo con anterioridad.

El impacto en el medio ambiente, por otra parte, probablemente sea positivo a corto plazo, ya que la drástica reducción de la actividad económica provocada por la crisis ha reducido las emisiones de CO2 y la contaminación en muchas áreas. Pero estas mejoras serán de corta duración, a menos que los países cumplan con su compromiso con el desarrollo sostenible una vez que la crisis haya terminado y la economía mundial se reinicie.

 

El liderazgo es clave para hacer frente a los impactos.

Antes de dar recomendaciones sobre cómo enfrentar la situación de manera concreta, la ONU señala que esta crisis pide a gritos liderazgo, solidaridad, transparencia, confianza y cooperación. No es momento para el interés propio, la recriminación, la censura, la ofuscación o la politización.

Y que, si bien a corto plazo pueden justificarse cierres temporales de fronteras, prohibiciones de viaje o límites a la venta de suministros críticos, esas medidas a nivel nacional no deben impedir un acercamiento global y una solución global para todos.

Más allá de esas recomendaciones de acciones en las que enmarcar o desarrollar el resto, la ONU destaca en el documento la adopción de una serie de medidas globales para adaptarse a la magnitud de la crisis.

Entre ellas están el promover y apoyar la aplicación de un conjunto de medidas de estímulo centradas en el ser humano, innovadoras y coordinadas, que alcancen puntos porcentuales de dos dígitos del producto interno bruto mundial, resistiendo la tentación de recurrir a medidas proteccionistas.

También se deberán adoptar medidas explícitas para impulsar las economías de los países en desarrollo que, entre otras cosas, requerirán el alivio de la deuda de muchos de ellos y un pensamiento creativo sobre cómo movilizar grandes inyecciones de financiación en condiciones favorables.

La provisión de financiación pública internacional deberá ser fortalecida mediante la creación de un mecanismo de coordinación posterior a la crisis que proporcione a todos los países los recursos necesarios para disponer de un espacio fiscal adecuado.

En un momento de solidaridad, no de exclusión, como el que estamos viviendo, las sanciones impuestas a los países deberían ser eximidas para garantizar el acceso a los alimentos, los suministros esenciales y el acceso a las pruebas de COVID-19 y al apoyo médico.

 

De nuevo, es crucial no dejar nadie atrás.

La libre circulación de bienes y servicios dentro y a través de todas las regiones es esencial, y será necesaria la eliminación de los aranceles y las medidas no arancelarias que afectan a las importaciones de medicamentos esenciales, equipo médico e insumos conexos para facilitar la circulación transfronteriza de productos esenciales.

A su vez, sería útil la coordinación a nivel regional para colaborar con el sector financiero, incluidas las compañías de seguros, en la búsqueda de soluciones y en la ayuda a la recuperación mediante inversiones sostenibles.

Se necesitan estímulos fiscales en gran escala con medidas específicas destinadas a prestar asistencia a las personas más afectadas por la propagación del virus. Estas medidas pueden incluir una variedad de medios para preservar el acceso a la salud y a las condiciones de vida básicas.

La protección de los derechos humanos y los esfuerzos para asegurar la inclusión serán necesarios en todo el espectro de la preparación, la respuesta y la recuperación, y factores como la edad, el género y la condición migratoria deberán ser tenidos en cuenta, entre otros.

El apoyo a las pequeñas y medianas empresas en problemas, la promoción de la  formación a distancia en la se evite la profundización en las desigualdades en el acceso a la educación, también serán claves en estos momentos de crisis.

La preservación y el fomento de la cohesión social mediante el libre acceso a los recursos educativos y culturales pueden utilizarse para superar el aislamiento social, lo cual reviste especial importancia para los países que experimentan una fragilidad resultante de conflictos prolongados, desastres naturales recurrentes o desplazamientos forzados.

En la última parte del informe también se destaca la relevancia de las colaboraciones a distintos niveles (autoridades locales y nacionales, sociedad civil y organizaciones de base comunitaria, o las organizaciones y entidades de investigación e innovación a nivel mundial).

La idea que se extrae de la lectura del documento es que, con las acciones correctas, esta pandemia puede marcar el renacimiento de la sociedad tal como la conocemos hoy en día a una en la que protejamos a las generaciones presentes y futuras. Es una prueba que requiere que todos los actores actúen solidariamente de formas nuevas, creativas y deliberadas para el bien común y basadas en los valores fundamentales de las Naciones Unidas llevan años defendiendo para la humanidad.

 

Nota: Este artículo fue previamente publicado en Compromiso Empresarial.

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