ética, confianza, gestión de crisis, reputación, riesgos, sostenibilidad

Cuando lo humanitario se convierte en perverso.

Photo by Hanna Morris on Unsplash

El acoso y los abusos sexuales de todo tipo a personas de cualquier edad se ha convertido en una repugnante lacra de la cual cada día tenemos nuevas y preocupantes noticias.

Basta con ver los informativos televisivos o leer cualquier periódico para darnos cuenta de que apenas no hay día en el que no se mencione el tema, ya sea en casos sucedidos en empresas como, en el colmo de lo abominable, dentro de familias y entidades deportivas, sociales, etc.

Unas entidades sociales que, justamente por su finalidad, deberían estar libres de cualquier mácula en el trato a las personas a las cuales deben ayudar.

El último caso relativo a la organización Oxfam ha sido un auténtico escándalo del que continúa saliendo nueva información a diario.

Malas prácticas en el tercer sector: mucho silenciamiento y explicaciones sólo a posteriori.

El pasado mes de marzo el diario The Timespublicó que algunos de los trabajadores de Oxfam en Haití habían contratado servicios de prostitutas (algo además ilegal en ese país) para realizar orgías en dependencias pagadas por dicha organización.

La entidad ha reconocido que hubo una investigación interna y que varias personas fueron despedidas por esos hechos. En un informe realizado en 2011 incluso no descartaban la existencia de menores entre las personas explotadas.

Al parecer, también cosas similares habían sucedido con anterioridad en actuaciones de la ONG en el Chad.

Más ejemplos relacionados con el tema son el de la filial española de Oxfam que ha reconocido también cuatro casos de acoso sexual en África y Latinoamérica desde 2012 y la filial de México con otros cuatro tan sólo en el pasado año.

Como es lógico, las consecuencias de todo esto no se han hecho esperar en forma de una grave crisis de reputación y bajas de socios. Sólo en la filial española se contaron 1.200 bajas en los tres primeros días del escándalo.

Sumado a lo anterior, diferentes embajadores de Oxfam a nivel mundial como por ejemplo Nelson Tutu, Minnie Driver o Miguel Bosé han abandonado sus colaboraciones con la entidad.

Probablemente si lo miramos desde una perspectiva general y global, alguien podría decir que lo acontecido ha sido perpetrado por un número importante de personas pero que, comparadas con el grueso total de trabajadores en el tercer sector mundial, representa un ínfimo porcentaje.

Lo anterior puede ser cierto, pero también es lógico y lícito pensar que qué clase de ayuda humanitaria puede prestar alguien que comete acoso y abusos sexuales. La simple mención de ayuda humanitaria y abusos sexuales en una misma frase nos debe parecer algo aberrante.

Lamentablemente, el caso de Oxfam no es el único ocurrido. Sólo teniendo en cuenta las organizaciones benéficas más importantes de Gran Bretaña, más de 120 trabajadores de fueron acusados de abuso sexual en 2017.

Nota: Artículo inicialmente publicado en Compromiso Empresarial. Para seguir leyendo clique aquí.

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